Alfredo Sanzol

Una ronda de segundas oportunidades

Alfredo Sanzol se estrena como director del CDN con una obra inspirada en una historia oculta de su padre cura

En primer término Francesco Carril. Detrás, Albert Ribalta y Elena González. Al fondo, a la derecha, Camila Viyuela en un momento de 'El bar que se tragó a todos los españoles'.
En primer término Francesco Carril. Detrás, Albert Ribalta y Elena González. Al fondo, a la derecha, Camila Viyuela en un momento de 'El bar que se tragó a todos los españoles'.Luz Soria

El gran cuento de la infancia de Alfredo Sanzol giraba en torno a una historia de rancheros en Texas. Era una historia mítica familiar que le contaba su padre por las noches. Nunca se preguntó el porqué. Solo cuando tuvo 12 años entendió aquel cuento. Gracias a una foto que alguien sacó de no se sabe dónde, supo del pasado de su padre, que había ingresado en un seminario con 12 años, que había sido ordenado sacerdote y que, en 1963, tras una crisis personal, viajó por Estados Unidos y pidió la dispensa papal para abandonar el sacerdocio. El dramaturgo nunca habló de ello con su padre, que falleció en 2013 —”era un tema tabú, había un enorme silencio en torno a ello”—. Ahora, Sanzol ha decidido, en su primera creación como director del Centro Dramático Nacional, arrancar del silencio la historia de su padre cura y la de tantos otros con la obra El bar que se tragó a todos los españoles. Es una manera de dar luz y devolver la dignidad a todos aquellos hombres y mujeres que no reconocen su vida pasada como propia y quieren reconstruir una vida nueva, y que se arriesgan a hacerlo.

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La función es todo un alarde dramatúrgico, con nueve actores que dan vida a 50 personajes (solo Francesco Carril y Natalia Huarte interpretan un único papel), que se mueven en el universo de un bar que cambia y se transforma para realizar un viaje épico por el tiempo y por el mundo, con curas, monjas, policías americanos, exiliados españoles, mujeres solitarias, propietarios de bares, rancheros tejanos y hasta el propio Martin Luther King Jr. Elena González, David Lorente, Nuria Mencía, Jesús Noguero, Albert Ribalta, Jimmy Roca y Camila Viyuela completan el reparto de este espectáculo que se estrena este viernes en el Teatro Valle Inclán, de Madrid, hasta el próximo 4 de abril. “Es una especie de odisea, del viaje de ese héroe que cruza Estados Unidos, desde Texas a San Francisco, que vuelve a España y que pasa por Dinamarca e Italia, siempre con el objetivo de volver a casa. Tiene mucho de Ulises”, asegura su autor y director.

El bar como metáfora del mundo. Desde hace muchos años, Sanzol (Madrid, 48 años) tenía en mente escribir una historia en torno a un bar, por esa fuerza tan grande en la sociedad española donde todo se desarrolla dentro de él. “Negocios, historias de amor, celebraciones, cualquier asunto social tiene lugar en un bar”, explica el dramaturgo tras un ensayo en el Valle Inclán. Y es en torno a bares esparcidos por el mundo donde se va mostrando el viaje vital de Jorge Arizmendi, un cura navarro de 33 años decidido a abandonar el sacerdocio. “Mi sorpresa ha sido que a través de este personaje ha surgido la radiografía de la sociedad española de los años setenta del siglo pasado, en el que la transformación fue brutal”, explica el director, que ha realizado una mezcla de realidad, ficción y recuerdos. No todo lo que se cuenta es verdad. “La realidad está en los impulsos vitales, en las preguntas sobre el sentido de la vida, sobre los conflictos sociales, la posibilidad de tener dos vidas en una. La ficción surge de transformar historias que me han contado y que he escuchado y que yo les he dado forma de aventura, porque una manera de entender la realidad es a través de la ficción”, añade Sanzol, Premio Nacional de Literatura Dramática en 2017 por La respiración, que nació de un duelo personal sentimental.

Dispensas papales, las corruptelas en el seno de la Iglesia, o los obstáculos con los que se topaban estos curas durante la dictadura franquista se sucedían en un contexto en la que se mezclaban los temas políticos con los sociales y religiosos y no era fácil tomar la decisión. Todo va surgiendo a lo largo de las tres horas de función. “Todavía son un misterio para mí los secretos de mi padre. Creo que fue un intento de protegernos de cara a la sociedad, para que no nos sintiéramos mal por ser hijos de un cura. Con esta obra quiero dar respuestas a todo aquello que no me contó. Es una manera de viajar con él en la construcción de su nueva vida. A mis 48 años, siento una enorme empatía con la grandeza, la dificultad y la valentía de todos aquellos que quieren construir una nueva vida”. También sabe Sanzol ahora que aquellos rancheros del cuento fueron reales.

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