Museo de Bellas Artes de Bilbao

Norman Foster en el Museo de Bilbao: un debate en construcción

Un informe de la Academia de Bellas Artes asegura que la ampliación del centro quebranta la Ley de Patrimonio Cultural Vasco. Otro dictamen, por el contrario, de una intervención “mínima”

Foster, durante la presentación de su proyecto en Bilbao, en 2019, ante varias imágenes de su propuesta.
Foster, durante la presentación de su proyecto en Bilbao, en 2019, ante varias imágenes de su propuesta.FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

A la Comisión de Monumentos de la Academia de Bellas Artes de San Fernando (Rabasf) le parece que el proyecto del arquitecto Norman Foster para la ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao “no respeta la armonía del conjunto, como establece la ley”. “Resulta muy difícil sostener que se trata de una intervención mínima indispensable, cuando el plan Agravitas fagocita por entero los edificios del museo”, escriben los académicos de la comisión. Su director es Pedro Navascués y explica que no entran a opinar sobre las bondades o maldades estéticas de lo que algunos han llamado la “txapela” del museo. “Analizamos en qué medida el proyecto conculca la ley vasca de patrimonio y un conjunto declarado Monumento histórico-artístico en 1962. Se rebasan varios límites legales y alertamos sobre las actuaciones que pueden dañar el patrimonio protegido”, indica. Frente a esta postura, existe otro informe, el que en septiembre de 2020 redactaron el arqueólogo Agustín Azkarate, el historiador Arturo Azpeitia y el arquitecto Leandro Cámara, de la Cátedra Unesco de la Universidad del País Vaco. En él concluyen que la intervención de Foster “es mínima” y que “la congelación de edificios, ciudades y paisajes es una condena a mirar siempre al pasado”. Ese estudio se presentó en el Ayuntamiento unos días antes de la votación del Plan Especial en el pleno, que se aprobó con los votos del PNV y PSOE, con la abstención del PP. Solo Bildu votó en contra.

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La propuesta de Foster es una estructura que se eleva sobre las construcciones de 1945, 1970 y 2001. Según la Rabasf, el proyecto quebranta varios puntos del artículo 34 de la Ley de Patrimonio Cultural Vasco, que decreta cómo intervenir en un bien protegido sin perjudicarlo. La actuación debe ser la “mínima indispensable” y respetar “la armonía del conjunto”. El informe señala la lesión del artículo 49, sobre el entorno de los bienes, y del 50, sobre la prohibición de elementos que “originen contaminación visual o acústica”. La Comisión explica que sería más apropiado hablar de “cacofonía”, que de “armonía”.

El análisis —que ha recibido el Ayuntamiento de Bilbao, la Consejería de Cultura, el Ministerio de Cultura e Icomos— indica que ninguno de estos principios básicos se tienen en cuenta en la obra, que pretende triplicar la altura, con 15 metros añadidos, que sobrevuelen el edificio histórico, de 11 metros, e invaden el parque. Además, los académicos lamentan que el Ayuntamiento no haya exigido al proyecto ganador del concurso cumplir con la normativa del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). “En lugar de ajustarse el edificio a la ciudad, es la ciudad consolidada la que se acopla al edificio. Inédito principio urbanístico”, señalan.

Fernando Urrutia Usaola (1912,1960) fue el autor del edificio original y su sobrino nieto Fernando Pérez se ha convertido en una de las voces más críticas con el proyecto en Bilbao. Aclara que “esto no es una boina, es una vergüenza. Es un proyecto anacrónico, el aterrizaje de un Ovni”.

Miguel Zugaza, director del Museo Bellas Artes de Bilbao, no ha recibido el informe de la Academia y prefiere remitirse al estudio que ha servido de base al Ayuntamiento. “Es muy claro en sus consideraciones”, apunta. “El nuevo edificio proyectado respeta escrupulosamente la arquitectura existente. Y, además, con la ampliación se refuerza el fin por el cual se protegió el edificio de 1945, que no es otro que contener y exponer una colección de arte que a lo largo de los años ha crecido extraordinariamente. Nunca existió una protección específica de ese edificio, ni de las ampliaciones sucesivas realizadas en 1970, 1983 y 2001″, añade Zugaza. El museo como colección fue declarado monumento en 1962. El edificio también, pero solo en la medida en la que contenga la citada colección. La historia y las vicisitudes del conjunto están recogidas en la publicación Las arquitecturas del Museo Bellas Artes de Bilbao, de la experta de la Universidad de Salamanca Maite Paliza Monduate, recientemente editada por la institución.

Aunque los tres autores del informe presentado en el Ayuntamiento señalan que Agravitas “podría mejorarse en algunos detalles de su solución formal”, aseguran que la ampliación es una respuesta a las “nuevas intenciones y deseos de sus habitantes” y una “renovación” que respeta todas las ampliaciones históricas. Reconocen que la ampliación es una “radical diferenciación”, a pesar de la “mínima intervención”. Sobre la falta de armonía resuelven de la siguiente manera: como los edificios anteriores carecen de “homogeneidad visual”, “no parece posible exigir que el aspecto de nueva obra se deba remitir a lo anteriormente existente”. Por esta razón, y a pesar de lo que indica la ley, dicen que Foster “queda libre de compromisos visuales”.

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