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La gran (y tormentosa) fiesta del cine español

A pesar del temporal que azota Málaga unas 400 personas se acercan a disfrutar del paseíllo de los invitados a la gala de los Goya

Público alrededor de la alfombra roja en el acceso al Martín Carpena de Málaga.
Público alrededor de la alfombra roja en el acceso al Martín Carpena de Málaga.

El mar estaba revuelto este sábado y de un extraño color marrón. El cielo, oscuro, hacía buena la alerta naranja ante el riesgo de inundaciones. Pero en medio del temporal que azotaba la Costa del Sol, la alfombra roja resistió. Aunque la gran noche de los premios Goya quedó deslucida puertas afuera: nadie quería mojarse ante los intermitentes chaparrones. Los paraguas tomaron protagonismo y muchos de los invitados, especialmente las actrices, realizaron el paseíllo ante la afición cinéfila a toda velocidad para no mojarse. Más allá de focos y cámaras, el ambiente estaba algo desangelado. Las recientes tormentas y los avisos meteorológicos invitaban a ser cautos. Y Málaga lo fue. Unas 400 personas se acercaron hasta el Palacio de los Deportes José María Martín Carpena a disfrutar de la fiesta del cine. Quienes juegan en él, los jugadores del Unicaja Baloncesto, reúnen a más de 7.000 en cada partido.

“Fue una gran sorpresa que los Goya vinieran a Málaga y no podíamos faltar”, decían Rocío y Miguel Robles, hermanos de 15 y 18 años, que buscaban hueco en primera fila de alfombra roja junto a su amigo Mario Vergara. “Queremos ver a Antonio Banderas, Pablo Alborán y Penélope Cruz”, aseguraban. A su lado, la malagueña Rocío Arteaga también buscaba un buen sitio junto a su hija Elena, de 11 años, “para intentar ver a algún famoso”. Entre los grupos de adolescentes y el mar de teléfonos móviles, destacaban la madre, hermana y tíos de Jiajie Xu Yan, barcelonés y director del corto Xiao Xian. “La lluvia es una pena, pero esta es una gran fiesta”, decía su hermana, Jiani Yu Yan. La familia había llegado al Martín Carpena minutos antes de las seis de la tarde. A esa hora, varios operarios aún se afanaban en secar la alfombra roja con aspiradoras bajo la atenta e inquieta mirada de Juan Antonio Vigar, director del Festival de Málaga.

En el interior del recinto deportivo los nervios eran evidentes. La gente iba y venía, los técnicos probaban luces en el escenario, nadie encontraba nada en el laberinto de pasillos. Mientras, por allí pasaban los presentadores, Sílvia Abril y Andreu Buenafuente. Ella saludando a todo el mundo. Él, silbando. Ambos, con una tranquilidad pasmosa entre el ajetreo. Llegaron el viernes a Málaga, como buena parte de los nominados y quienes se encargan de entregar los premios para participar en los ensayos. Algunos, como Paz Vega, aprovecharon para acercarse a ver el musical de Antonio Banderas, A Chorus Line. En el Teatro del Soho también estaban Asier Etxeandía y Pepón Nieto. Ambos quedaron para comer: el malagueño hizo de anfitrión de una “comida maravillosa”, según decía el actor de Dolor y gloria en sus redes sociales. Greta Fernández y Marta Nieto aprovechaban para irse de cañas al centro de la ciudad.

Su caso fue excepción. Pocos se atrevieron ayer a salir. Las nubes no invitaban a ello y el Sol se echaba de menos, aunque María Casado y Lucía Jiménez se dejaron ver por las calles de Málaga. Otros prefirieron lanzarse por el tobogán interno del hotel Barceló para matar el tiempo y los nervios. La sexta planta del establecimiento está copada por los nominados, que entre chaparrones recibían al grueso de invitados que llegaban a Málaga. Apenas un puñado de personas se acercó a recibirles, paraguas mediante. Solo pudieron ver algunas caras conocidas como las de Antonio Resines o Antonio de la Torre. Penélope Cruz y Pedro Almodóvar que llegaron a la capital malagueña a media tarde. Se hicieron esperar para brillar, más tarde, entre los paraguas que escoltaban una alfombra roja inolvidable con sabor a Málaga

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