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“Mucho más importante que el veto parental es que los niños lean y tengan espíritu crítico”

“No me gustó el traslado de la Supercopa a Arabia Saudí” , dice Rodríguez Uribes en su primera entrevista tras acceder al cargo

En vídeo, la entrevista al ministro de Cultura y Deportes.

Los ministros de Cultura se han dividido tradicionalmente en dos: los creadores metidos en política y los gestores puros. El recién nombrado José Manuel Rodríguez Uribes (Valencia, 51 años) no entra en ninguna de esas dos categorías. Profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III y discípulo de Gregorio Peces-Barba, ha sido director general de Apoyo a Víctimas del Terrorismo, delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid y forma parte de la comisión ejecutiva federal del PSOE, donde se encarga del área de laicidad, tema sobre el que versa su último ensayo.

Su nombramiento sorprendió a un sector acostumbrado al desfile de ministros de su área de influencia. Además, José Guirao, su antecesor, había cosechado en su año y medio en el cargo un insólito consenso. Rodríguez Uribes ha optado por mantener en sus puestos a gran parte del equipo anterior. También por aprovechar los desarrollos legislativos emprendidos: el Estatuto del Artista y las leyes de mecenazgo, del deporte y del cine. Todas esas normas, afirma, están a punto, pero no tanto como para aventurarse a dar fechas o bajar al detalle. Apenas llevaba 10 días en el cargo cuando se celebró esta entrevista en su nuevo despacho, la primera que concede como titular de Cultura. Una de sus primeras decisiones será aprobar, en las próximas semanas, los incentivos fiscales para apoyar los rodajes extranjeros en España. Y durante los próximos días saldrá la convocatoria de las ayudas al cine, que, asegura, serán muy ágiles y menos burocráticas.

Pregunta: Cuando Jorge Semprún estrenó su cartera en 1988 dijo que llegaba para hacer política, no solo gestión cultural. ¿Usted a qué ha venido?

Respuesta: A las dos cosas. La gestión es importante, pero hay que hacer política. Y muchos de los valores que necesitamos recuperar tienen que ver con la cultura y el deporte, como el fair play. Vivimos tiempos de juego sucio, en los que el adversario político es un enemigo que destruir. Algo está fallando, estamos perdiendo consensos básicos. Debemos recuperar valores cívicos que acaben con esta dialéctica. En la parte de la gestión, he tenido la suerte de recoger el legado de Guirao, que lo deja todo muy armado, con unos directores y directoras generales muy profesionales.

P. Cuando lo nombraron, mucha gente del mundo de la cultura se sorprendió, no le conocían.

R. Estos días he acudido a los premios Feroz, Gaudí, Goya, Alfaguara y Odeón, y creo que he sido bien recibido. Intentaremos estar en los sitios, porque es lo primero que se debe hacer, además de trabajar en el despacho. Y luego, a hacer política, como decía Semprún.

P. Y a usted, ¿le sorprendió su nombramiento?

A la titular de Hacienda le dije que hay que financiar bien la cultura

R. A cualquier persona sensata le sorprendería que le ofrecieran ser ministro. Para mí es un regalo. Soy profesor de Filosofía del Derecho, y la universidad también es cultura. Pero es verdad que no vengo del sector. Por eso quiero aprender mucho, escuchar y observar.

P. ¿Qué diagnóstico hace de la cultura española?

R. Hay un primer problema general que tiene que ver con los valores que conforman la cultura democrática, donde se debe hacer mucha pedagogía. Por otro lado, hay que insistir en la financiación. A mi colega y amiga, la ministra de Hacienda [María Jesús Montero], que vino a mi toma de posesión, le dije que hay que financiarla bien, que es tan valiosa para la sociedad como la educación o la sanidad. Hay que avanzar con la ley de mecenazgo, el estatuto del artista, la ley del deporte… Algunas cosas las ha trabajado el ministro Guirao y están bien maduradas, pero tengo aún que estudiarlas con detalle. Sobre el cine, hay que favorecer que productoras extranjeras rueden en España, y eso es algo que queremos hacer lo antes posible.

Aprobaremos incentivos para atraer rodajes a extranjeros España

P. Conviene esa sintonía. Sus predecesores se encontraron, sobre todo con la ley de mecenazgo, con el muro de Hacienda. Todos prometieron sacarla adelante, y todos lo hicieron en falso. Hacienda nunca está por la labor. ¿Esta vez será diferente?

R. Espero que sí. Ella tiene que cumplir con su deber, como es lógico, que tiene que ver también con las reglas europeas de los techos y límites. Pero creo que va a hacer todo el esfuerzo.

P. ¿Cómo favorecerá que vengan rodajes extranjeros?

R. Con incentivos fiscales. Es cuestión de semanas, o de algunos meses. Hay que hacerlo rápido.

P. ¿Podría concretar porcentajes?

R. Lo tenemos que ver con Hacienda. No me puedo anticipar, pero es evidente que lo tenemos que hacer. Lo han hecho ya países como Portugal y Francia, y España tiene que hacerlo para conseguir ser un lugar atractivo y competir con mucha fuerza. Aprovechando el Brexit, y que el Reino Unido ya no compite en este ámbito. Tenemos paisajes fantásticos, escenarios maravillosos, mucha luz y una gastronomía excelente.

El lenguaje inclusivo es importante, pero sin llevarlo al extremo

P. Es la primera vez en seis años que el cine español no alcanza los 100 millones de euros, pese a que la recaudación general ha subido. ¿Qué se debe hacer?

R. Un esfuerzo en todos los ámbitos (el ministerio, las televisiones, los medios...) por fomentar y poner en valor nuestro cine. ¿Cómo? Ya lo veremos, pero trabajaremos para que los ciudadanos lo valoren.

P. ¿Y qué pasa con las atascadas ayudas al cine?

R. Van a salir en los próximos días. Queremos que, además, sean muy ágiles. Soy jurista y sé que siempre las garantías son importantes, pero a veces hay un exceso de burocracia, de lentitud. Nuestra obligación aquí es tratar de ser rápidos.

P. ¿Serán las nuevas ayudas más sensibles a esas películas en los márgenes de las que habló elogiosamente Pedro Almodóvar en la gala de los Goya? Tradicionalmente las subvenciones privilegian un cine que funciona en taquilla.

R. Tenemos que estudiarlo, ver cuál es la fórmula más adecuada y más justa.

P. ¿Qué planes tiene para la Dirección General del Libro, resucitada por Guirao y descabezada desde la dimisión en octubre de Olvido García Valdés?

R. La nueva directora general [María José Gálvez] lleva nombrada 24 horas y no hemos podido reunirnos con tiempo suficiente. Tiene dos objetivos: el fomento de la lectura y la coordinación de bibliotecas. Seguramente, el desafío más grande es con las librerías. Se han visto muy afectadas por la crisis, mucho más que otros ámbitos. Tenemos que ver cómo lograr que recuperen vigor.

P. No lo tendrá fácil… Los datos de Eurostat dicen que España es uno de los países que menos consume libros y periódicos.

R. Habrá que hacer una reflexión serena y profunda. Hay una parte que tiene que ver con esta vida rápida, casi líquida. Se leen cosas lo más breves posibles. Es la lógica del tuit. Hay que intentar cultivar la inquietud por leer serenamente, que es la única forma de hacerlo. En la escuela hay que hacer una gran tarea. Mucho más importante que el veto parental es lograr que los niños lean. Solo así tendrán inquietud y espíritu crítico.

P. Algunos de los grandes enemigos o, dicho a favor, de las grandes alternativas a la lectura también son de su competencia, como los videojuegos. ¿Son cultura?

R. Tienen una parte de cultura y una parte de industria. Aquí en España se hacen buenos videojuegos. Estoy dispuesto a escuchar y a ayudar al sector.

P. ¿Cómo se vieron los premios Odeón de la música desde el patio de butacas? RTVE pidió explicaciones a la organización de la gala...

R. Estuvo bien hacer coincidir estilos musicales diferentes sin que eso chirriara, y se hicieron mezclas interesantes. Hubo fallos técnicos, es verdad. Pero la idea de unos primeros premios de la música en España, que se recuperan después de muchos años, debe tener continuidad.

P. Ofrecieron una visión parcial, la de las multinacionales. No estaba representada la música independiente.

R. Lo he leído después. Pero en ese momento no lo sabía. Esta primera edición debe servir como experiencia para corregir esas cosas y que la segunda sea mucho más integradora.

P. ¿Cuándo estará el Estatuto del Artista?

R. No me ha dado tiempo aún. Es una de las cosas que está más madura. Hay que ver también cuándo es el momento de plantearlo al Consejo de Ministros. Tanto el Estatuto del Artista, como la ley de mecenazgo y la del deporte son asuntos avanzados y quiero ponerme cuanto antes a pensarlos y a darles impulso.

P. Donde se agota el tiempo es en la SGAE; la semana que viene se celebra una asamblea en la que deberían aprobarse los estatutos. ¿Culminará la tan anticipada intervención de la entidad?

R. Todo va a depender de lo que pase en la asamblea, de si hay un compromiso de aprobar esos estatutos y de corregir esas inercias y esos errores del pasado. Si las cosas no se hacen bien, aplicaremos la ley y acudiremos a los tribunales.

P. ¿En qué punto están las negociaciones para evitar la salida de España de la Colección Carmen Thyssen?

R. Otro tema pendiente. La semana que viene voy a ver a los presidentes de los patronatos y a los directores de los museos.

P. ¿Resucitará el proyecto de atraer el teatro de la Zarzuela al Real? Fue lo primero que liquidó Guirao…

R. Es una decisión que tomó él y voy a mantenerla porque está justificada. Aunque escucharé las razones de todos.

P. Hablemos del informe del lenguaje de la Constitución solicitado a la RAE. ¿Qué debería primar: el lenguaje inclusivo o la economía del lenguaje?

R. El lenguaje inclusivo es importante, siempre que no llevemos cosas a los extremos. Cuando se fuerzan mucho, producimos el efecto contrario y damos munición a Vox y a otros. Yo soy partidario del lenguaje inclusivo. El idioma, igual que la cultura, no solo lo hacen los académicos, sino también la sociedad. Conviene usarlo para incluir a personas, grupos, colectivos y sectores vulnerables. Insisto, sin llevarlo a la paranoia, al extremo...

P. Al todes

R. Respeto que se diga todes, pero no lo digo. Algunos de mis compañeros dijeron “Consejo de Ministros y de Ministras”. Es una manera de subrayar que hay mujeres y que es un consejo paritario. Yo dije “Consejo de Ministros”, porque ni lo pensé. Me parece también bien que se diga “Consejo de Ministras”. No pasa nada. Sobre la Constitución, en algún momento habrá que actualizarla. Y también su lenguaje. No digo que se reforme solo por esta cuestión, pero es importante .

P. En los últimos años ha habido condenas a raperos, se han retirado obras de ferias y exposiciones, el Código Penal se ha reformado para endurecer aspectos relacionados con la libertad de expresión. ¿Dónde poner el límite al arte?

R. Es verdad que se ha producido un cierto retroceso social y político, algunas canciones de los ochenta hoy estarían prohibidas. Pero no podemos llevar a los tribunales todo lo que nos ofende. El límite son los derechos humanos. Esa sería una buena síntesis.

P. ¿Considera las corridas de toros cultura?

R. Yo no soy aficionado a los toros, no lo he sido nunca, pero creo que merecen respeto, y, por tanto, cualquier decisión que se tome siempre tendrá que ser con un consenso muy amplio. La legalidad vigente reconoce a las corridas de toros en el ámbito del patrimonio cultural. Pero también hay que hacer una reflexión de civilización en relación con los derechos de los animales.

P. Hablando de consensos, ¿por qué la historia de España cada vez genera menos consenso? Antes no nos poníamos de acuerdo sobre la Guerra Civil, pero ahora tampoco sobre la leyenda negra.

R. Ahí Vox, por ejemplo, está haciendo una tarea revisionista que es preocupante. Es verdad que la historia admite distintas interpretaciones y miradas, pero esa revisión es poco limpia. Lo que significó, quizá lo más importante de 1978, fue que los españoles, tras dos siglos de enfrentamientos llegamos a un acuerdo de fraternidad y de concordia. Ese abrazo del 78 no lo podemos perder.

P. ¿Qué le pareció que la Supercopa se jugara en Arabia Saudí? ¿No fue un blanqueamiento de la limitación de los derechos humanos en el país?

R. En ese momento yo no era ministro, pero a mí no me gustó, aunque es una decisión que se produce en otro ámbito. Tenemos que hacer un esfuerzo por no normalizar situaciones que tienen que ver con vulneraciones de derechos humanos. Nos lo podemos permitir, somos un país que puede competir y puede hacerlo en otros lugares. Hay que hacer un esfuerzo desde las instituciones por situar en primer lugar lo más importante, que no es el dinero, si no nuestros valores, nuestros principios, nuestros derechos, lo que ha costado tanto conquistar. Hay que ser un poco más firme.

P. Otro asunto pendiente es la profesionalización del deporte femenino.

R. Hay que apoyarlo. Se ha visto que cuando empieza a estar en las televisiones despierta interés. Ese viejo argumento de que no lo quería la gente, no es real. Tiene éxito.

P. ¿Cómo piensa terciar entre la Liga y la Federación Española?

R. No tengo un plan. Si lo tuviera... Espero que se lleven bien. Voy a hacer todo lo posible por templar gaitas. La paz y el diálogo, los acuerdos y el consenso siempre son mejores que el enfrentamiento y la rivalidad sin límites. Mi obligación como ministro es favorecer que los distintos ámbitos se entiendan. Trataré de hacer de hombre bueno para favorecer eso.

P. El otro día hizo un tuit sobre el veto parental calificándolo de “prejuicio, intolerancia y miedo”.

R. Es una invasión de la ética privada en la ética pública, cuando lo que significa la modernidad precisamente es la separación entre ambas. Los políticos no les podemos decir a los ciudadanos si pueden creer o no en Dios. Pero los padres tampoco pueden condicionar las enseñanzas básicas que tienen que ver con la Constitución: la igualdad entre hombres y mujeres, la no discriminación por orientación sexual... la ética pública. Por eso no es un pin, es un veto.

P. ¿Qué opina de la irrupción de Vox en las instituciones, que ha vivido desde dentro en la Asamblea de Madrid? ¿Hay que normalizar las relaciones institucionales con la ultraderecha?

R. Hay que normalizar la relación con las personas. Pero lo que no merece respeto, a veces, son algunas ideas y hay que combatirlas con argumentos. Es lo que traté de hacer en la Asamblea de Madrid. Vox representa algo que no es nuevo en España, el pensamiento reaccionario. Primero fue frente a la Revolución francesa, luego frente a la Constitución de Cádiz, luego frente a la República... Y lo volvemos a tener. Vox tiene mucho de eso, de discutir consensos, por ejemplo, en relación con la violencia de género y otros temas. Pero a mí me preocupa más el PP, que se está dejando arrastrar por todo eso.

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