El hombre que fue jueves | Marcos OrdoñezColumna
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Pirandello y familia

‘L’home de la flor als llavis i…', un estupendo trenzado de historias hermosas y conmovedoras de y sobre Pirandello, ha sido, en gran medida, escrita y representada por el grupo teatral de Mario Gas, Àlex Casanovas, Montse Guallar y Xavier Ripoll, entre otros

El director Mario Gas, en una imagen de 2018.
El director Mario Gas, en una imagen de 2018.ANDREA COMAS

En 1984, Vittorio Gassman desbordó el Grec barcelonés con Non essere, un espectáculo sensacional donde muchos descubrieron el teatro a través del maridaje entre el gran “mattatore” y las historias (entre humorísticas y melancólicas) del maestro Pirandello. Mario Gas recordó la pieza breve, no más de veinte minutos, que se alzaba en el centro del Grec (L’uomo dal fiore in bocca): estrenada en 1923, además de la versión de Gassman en 1984, volvió en 2008, protagonizada por Lluís Soler en La Perla 29.

El espectáculo de Gas ha surgido de varios recuerdos: entre ellos, el diálogo pirandelliano, y la figura de Mastroianni vestido de camarero en la popa del barco de Ojos negros de Nikita Mikhalkov. Pero lo más singular es que L’home de la flor als llavis i…, un estupendo trenzado de historias hermosas y conmovedoras de y sobre Pirandello, ha sido, en gran medida, escrita y representada por el propio grupo. La compañía, que permanecerá hasta el 10 de enero en el Teatre Akadèmia, está formada por un elenco que hace tiempo no trabajaba en equipo: firman textos y dramaturgia Mario Gas, Àlex Casanovas, Montse Guallar y Xavier Ripoll. La traducción es de Pau Vidal.

Àlex Casanovas encarna a un posible personaje de ficción llamado Ruggero Servi. Nos cuenta su vida en el teatro y sus amores de sala en sala desde que debutó en el Teatro d’Arte en la compañía de Pirandello, y sus trabajos como actor, camarero y acomodador. Al principio conocemos a Servi en solitario. Luego llega una dama a la que lleva bastantes años sin ver: Marta Abba, actriz consagrada. Abba y Servi hicieron mucho teatro juntos y siguen unidos, cómplices, casi hermanos. Se cuentan y recuentan sus vidas desde que se conocieron en la escena. Ella pasó también veinte años en Estados Unidos, donde se casó y se divorció. El episodio es una pequeña joya, aunque es todavía mejor la relación entre Marta Abba… y el propio Luigi Pirandello, al que encarna Xavier Ripoll. Esa segunda pareja sigue unida, y su historia avanza a través de su correspondencia: el dramaturgo enfermo, nostálgico, en Berlín; ella en Milán, pero recorriendo toda Italia.

Marta le cuenta sus intentos de remontar Come tu me vuoi; él le narra la obra de un solo acto que está comenzando, aunque apenas puede ya escribir. Los personajes de El hombre de la flor en la boca (Casanovas, Ripoll) son dos desconocidos que han perdido el tren y comienzan a hablar en una estación nocturna y desierta. El más maduro relata su condición terminal con una palabra (“epitelioma”) que le parece hermosa pese a lo que representa: una peligrosa mancha en el paladar. Le pide a su compañero de estación que, a la mañana siguiente, cuente las briznas de hierba del camino: “Cada brizna que cuente será un día más para mí. Pero busque un matojo bien grande ¿eh?”. La última escena muestra a Pirandello narrando su infancia, todavía fascinado por la sirvienta Maria Stella, “una fabuladora excelente que me enseñó a contar”. La función es un caleidoscopio de relatos y un canto de amor al teatro.

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