Franquismo

Los últimos 54 días en los que Asturias resistió contra el franquismo

‘Vaca mugiendo entre ruinas’, de Ramón Lluís Bande, recupera los dos meses de existencia del Consejo Soberano en 1937

Foto: Miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas en Gijón, en marzo de 1937. Foto de Constantino Suárez que aparece en 'Vaca mugiendo entre ruinas''.

El 24 de agosto de 1937, el Consejo Interprovincial de Asturias y León, que gobernaba en esa zona de la España republicana, se constituyó en Consejo Soberano de Asturias y León: todo el territorio, y por tanto sus organismos civiles y militares, quedaron bajo su mando. Durante dos meses, hasta el 20 de octubre, fue independiente, luchó contra los golpistas y se convirtió en la resistencia del Frente Norte, hasta su inevitable caída. De aquella experiencia casi no quedó rastro. Casi. Porque el cineasta Ramón Lluís Bande (Gijón, 48 años), que está realizando un homérico esfuerzo levantando testimonio de la España norteña del siglo XX en sus trabajos fílmicos, ha rebuscado en archivos históricos y periodísticos para crear Vaca mugiendo entre ruinas, que la semana pasada ha participado en el festival de Gijón y durante esta se puede ver en el certamen Márgenes. “Creo que hay una gran historia sin contar o narrada a trozos”, cuenta Bande. “Llevo ya años intentando rellenar esas lagunas a través del cine”.

Vaca mugiendo entre ruinas descubre una Asturias desconocida para casi todos los espectadores, y sirve para provocar un paralelismo con la actualidad en el patio de butacas. Las dos principales fuentes audiovisuales son, en el lado de las imágenes, las fotografías periodísticas de Constantino Suárez, y por el sonido, a través de la lectura de la música Nacho Vegas, de las actas del Consejo que presidió el sindicalista y político socialista Belarmino Tomás. “Fue el primer órgano de gobierno compuesto por trabajadores, sindicalistas... Había sí, abogados, pero los más eran metalúrgicos, mineros, ferroviarios, panaderos, profesores, clase obrera”, subraya el director, que recomienda hacer un doble programa con este ensayo fílmico y su trabajo precedente, Cantares de una revolución (2018), también realizado con la colaboración de Vegas. “En Vaca mugiendo entre ruinas he luchado por superar un reto artístico, construir un relato con todo ese material, que la película tuviera la estética de un archivo en construcción. Si había que resucitar una historia que había sido ocultado, qué mejor que usar materiales de la época, y no añadir nada, salvo el lenguaje en que lo ordenas”.

Bande defiende la fiereza documental de ese material de época: “Cuando tienes una foto, sabes que el hecho retratado ocurrió en algún momento en un sitio, y esas evidencias son imbatibles”. Una buena muestra es la lectura de los nombres de los componentes del Consejo, que son ilustrados cada uno con un retrato de gente que se ha perdido en los meandros de la Historia. “Claro, porque yo quería recuperar sus rostros, sus nombres, sus palabras y sus motivaciones. Así lanzo una pregunta al presente: siendo ellos los últimos representantes legítimos de un Gobierno en Asturias antes de la llegada de la dictadura, ¿por qué ahora no los conoce nadie? Es un trabajo que quedaba por hacer”. Son caras marcadas por el sufrimiento de la época. “Que reflejan que era un gobierno de obreros, y puede que su olvido venga también de cierto clasismo de la izquierda actual”. Y puede que quieran olvidar un Consejo que se creó tras la caída de Bilbao y Santander, con el Gobierno de la República evacuado a Valencia y más enfocado en la defensa de Madrid. Los asturianos se sintieron solos, y no todo mundo en el bando republicano les entendió. “Y además, lo presidía Belarmino Tomás, para mí el político más importante en Asturias del siglo XX”, resalta Bande. Tomás no era un desconocido ni un recién llegado a aquella por algunos llamada República de Asturias: líder de la primera mina socializada en la región, fue uno de los líderes de la Revolución de Asturias, y tras ser sofocada la revuelta se le condenó a muerte, aunque posteriormente la pena conmutada. Moriría en México en 1950. “Sobre él cayó un olvido injusto y malicioso, que olvidó que él organizó la defensa contra la agresión fascista cuando Asturias fue abandonada”.

Fracasaron, obviamente, porque no tenían ni material ni capacidad para enfrentarse a la maquinaria franquista. “La película tiene un mensaje”, intercede Bande. “Y es que la lucha es la identidad de la clase obrera. Es necesaria, obligatoria, y la victoria es una contingencia. Los miembros del Consejo lo tenían claro. Había que seguir luchando, porque en esa batalla estaba su ser, su sino. Eso se ha perdido en el presente, porque parece que la gente se ha cansado de ella”. Hoy puede que sea más importante luchar por un puesto en la cola de la compra del nuevo iPhone. “Es que se ha hecho un gran trabajo en borrar las fidelidades de clase y los sentimientos de pertenencia”, se lamenta el cineasta. “Para ello, una de las herramientas ha sido el borrado de historias como esta. Cortaron el hilo rojo, y como dejas sin anticuerpos a las clases populares, permites el nuevo triunfo del fascismo”.

Si queda testimonio gráfico de todo aquello es gracias a los 9.000 contactos -están archivados en el Museo del Pueblo de Asturias- de Constantino Suárez, el actor secundario de Vaca mugiendo entre ruinas. “Forma parte del puzzle con el que he estado sumergido durante años. Hay hasta documentos de la familia de Belarmino Tomás. De las fotografías de Suárez solo se puede decir que hizo un trabajo periodístico fabuloso. Eran encargos, jamás pensó en documentar el momento, y sin embargo devino en fotoperiodista pionero. Si no hubiera existido su huella gráfica, ¿cómo habríamos levantado testimonio de este recorrido democrático vivido en Asturias?”.

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