La cultura negra importa en España

Una generación de actores, escritores, fotógrafos y cineastas afrodescendientes lucha, con asociaciones como The Black View, contra el racismo y por normalizar su presencia en el mundo artístico

El actor Boré Buika, el viernes en una calle de Madrid.
El actor Boré Buika, el viernes en una calle de Madrid.INMA FLORES

En Señor, dame paciencia (2017) era un gay vasco negro. En la recién estrenada La lista de los deseos es un profesor de surf que sale con Eva (María León). “Se lo agradezco al director y guionista de ambas, Álvaro Díaz Lorenzo, porque esta vez mi personaje ya no es solo negro. Es otras cosas, y de paso, negro”, explica Boré Buika (Palma de Mallorca, 39 años). Buika es hermano de la cantante Concha Buika y del también actor Armando Buika, fundador de la asociación The Black View, que lucha contra la discriminación a los negros en el mundo artístico español, donde faltan referentes y la normalización está aún muy lejos. Una labor que estos días de enfrentamientos raciales en Estados Unidos (con movimientos como Black Lives Matter y ecos en ciudades de todo el mundo) recibe mayor atención.

Buika, que ha actuado en series como El secreto de Puente Viejo, Anclados o Mar de plástico, o películas como Los Japón, Palmeras en la nieve o Villaviciosa de al lado, reflexiona: “De niño no tenía espejos en los que mirarme. Cuando empecé Interpretación solo estaba Emilio Buale. Te lanzas a un vacío... y poco a poco las cosas cambian, y crecen términos como afroespañol. Soy de Palma, y algunos me decían que no era de allí; viajo a Guinea Ecuatorial, país de origen de mi familia, y parece que tampoco pertenezco allá”.

La pregunta. Pilar Pardo, representante artística y otra de las impulsoras de The Black View, tiene una definición para ese interrogante. La llama “la pregunta al cubo”. “Porque te preguntan una vez y te repreguntan otras dos. ‘¿De dónde eres?’. ‘Pues de Zaragoza’. ‘Ya, sí, claro, pero, ¿de dónde eres?’. ‘Pues de Zaragoza’. ‘Ya, ya, pero de verdad, ¿de dónde es tu familia?’. Y solo se callan cuando digo que mi padre es de Huesca y mi madre, cirujana estadounidense. Esa pregunta al cubo la soporta cualquier negro español”.

También Rubén H. Bermúdez (Madrid, de 39 años), que en 2014 comenzó con otro interrogante en la cabeza: ¿Y tú por qué eres negro?, un proyecto fotográfico que ha acabado tomando la forma de un exitoso fotolibro. Editado en 2017, se puede leer como una exploración sobre qué quiere decir ser negro y qué construcción social se hace de ellos. “En mi generación es muy común que contemos que éramos los únicos de la clase”, explica Bermúdez, impulsor, junto a otros, del festival Afroconciencia. “Pues bien, en los espacios culturales se repite está dinámica, ¡en 2020! Las personas negras solemos ser casos aislados. La calle, la sociedad, hace mucho que es diversa”.

Y eso que referentes ha habido desde hace siglos, como advierte Santiago A. Zannou, el único negro español que ha ganado el Goya (en su caso, dirección novel por El truco del manco): “La gente olvida a Juan de Pareja, el ayudante de Velázquez, o a tantos y tantos otros que a lo largo de los siglos han creado arte español y a los que la historia ha borrado”.

Boré Buika pertenece a un grupo de profesionales, del que forman parte otros intérpretes, como Will Shephard, Jimmy Roca, Claudia Coelho, Malcolm Treviño-Sitté, Montse Pla, Astrid Jones, Anahí Beholi, Jimmy Castro o Berta Vázquez, que intentan romper un techo de los personajes estereotipados. “Cuesta”, dice Buika, “porque en el audiovisual parecería que las minorías no existen”. Pardo confirma que en The Black View hay apuntados casi un centenar de artistas “porque en los últimos tiempos ha habido un montón que se ha planteado ‘¿Por qué yo no?”. En ese empujón han colaborado compañías de teatro como la catalana No somos Whoopi Goldberg (fundada por Silvia Albert, Kelly Lua y Maisa Sally-Anna Perk) o asociaciones como Afroféminas.

Además de Emilio Buale (excepcional intérprete que ha lucido más su talento en teatro que en cine, y a pesar de ello es el único actor negro que ha sido candidato al Goya con Bwana, su primera película, en 1996), hubo otros (pocos) precedentes como Lia Chapman, Kimbo, Judith Diakhate, Vicenta N’Dongo o Samuel Claxton, que encarnaba a Ngé Ndomo, el hijo de la señora Álvarez, en Amanece, que no es poco (1988), de José Luis Cuerda. “En España tenemos muy interiorizado el machismo y el racismo. Poco a poco vamos acabando con ambos males”, apunta Pardo. “Ahora debemos encarar la visibilidad de los referentes y la huida de los estereotipos. No es una ola de adolescentes rabiosos, sino una reivindicación madura. Y no podemos olvidar que hay una sociedad afroespañola de la que tanto sus integrantes como el resto de los españoles deberíamos sentirnos orgullosos”. “Yo soy un mallorquín de ascendientes guineanos”, dice Buika, “y no creo que haya que renunciar a una parte para disfrutar de la otra”.

La música, especialmente la cultura hip-hop fue, desde principios de los noventa, una vía de visibilización de esa identidad desdoblada. Domingo Antonio Edjang Moreno, más conocido como El Chojin, pertenece a esa primera generación que importó el sonido de los barrios de Nueva York a los de ciudades como Madrid, Barcelona o Zaragoza. Otro nombre emblemático es el de Frank T. Nacido en Zaire aunque criado en España, es un referente, también radiofónico, desde que fundó El Club de los Poetas Violentos, una de las grandes semillas del género, surgida en la periferia de Madrid, lugar capital para la eclosión del rap español.

El Chojin, natural de Torrejón de Ardoz (donde la base estadounidense ayudó a la entrada de los nuevos sonidos), recuerda: “La primera comunidad del rap en España no era nada racista. Había primeros espadas que eran afrodescendientes y el público los aceptaba y admiraba. Actualmente, ha dejado de ser así y el rap se ha convertido en algo de masas. Ahora formamos parte de un problema sistémico en el que las preferencias de las masas son distintas y ve con otros ojos a los afrodescendientes”, explica. “Ya en el colegio me llamaban conguito, negro de mierda o negro del cola cao, así que no me sorprendió la discriminación en la música”.

Más allá del rap, otros españoles afrodescendientes destacan en estilos como el soul o el funk. Es el caso de Mayka Edjole, cantante del grupo The Sweet Vandals, o Koko-Jean Davis, excantante en The Excitements. Aunque el caso más mediático ha sido recientemente el del joven sevillano Famous Oberogo, concursante del programa televisivo Operación Triunfo y que en redes sociales ya fue caldo de cultivo de mensajes de odio.

En el campo de las letras hay también un grupo de escritores que, como Lucía Mbomio (Madrid, de 39 años), están empeñados que “las historias de afrodescendientes pasen, además de en Nueva York, en Móstoles”. Como eje literario, Mbomio, columnista de EL PAÍS, prefiere huir del racismo. “Hablar de racismo, al final, es poner en el centro lo que te hacen otros”, apunta. “Sin embargo, el conflicto identitario, aunque deriva del racismo, es algo de lo que sí te puedes apropiar”. En ese conflicto se enmarca su última novela, Hija del camino. Porque Mbomio cree que el hecho de sentirse entre dos mundos define a los afrodescendientes españoles. “En Estados Unidos, la comunidad negra tiene problemas con el Estado, pero es parte de él. Aquí sufrimos una extranjerización constante”.

Además de escribir, Mbomio, una de las voces más influyentes de su generación, tiene obsesión por documentar la cultura afrodescendiente en España porque, si no, “parece que siempre partimos de cero”. Para ella, en España existen varias ramas literarias afrodescendientes: la poesía (con referentes como Yeison F. García con Voces del impulso o César Brandon con Las almas de Brandon), la integración LGTBI (Chris Ada, Juntos Antes que Anochezca; Danielle Mboume, La única esperanza), los problemas de la ruta migratoria (Mahmud Traoré, Partir para contar; Mamadou Dia, 3.052), gente que lleva en España muchas décadas y se enfrentan a problemáticas distintas a las raciales (Edmundo Sepa Bonaba con Convergente, conveniente o intruso) y luego una incipiente y prolífica literatura infantil —”esta literatura infantil hubiera sido mi tabla de salvación”, confiesa—: (Alejandra S. Tutumu, El viaje de Ilombe; Fumilayo Johnson Sopale, Los cuentos de la abuela Chioma).

En el terreno de las editoriales volcadas con la cultura negra, destaca la barcelonesa Ediciones Wanafrica, que publica en español y catalán desde cómics hasta ensayos. Y en librerías, un enclave imprescindible de la cultura afro es la valenciana United Minds. Por último, un lugar ineludible es RadioAfrica Magazine.

Y dentro de las artes plásticas se han abierto paso ilustradores como Lydia Mba o Ayleen Mayte y pintoras como Marian Davies o Bianca Ngema.

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