Esperanza en la incertidumbre

Conformar un relato como el de esta comedia en los tiempos de zozobra que vivimos, con los corazones en un puño, es harto complicado

En foto, Victoria Abril y Silvia Alonso, en 'La lista de los deseos'. En vídeo, tráiler oficial de 'La lista de los deseos'. FOTO Y VÍDEO: A CONTRACORRIENTE FILMS

Una comedia sobre el cáncer de mama. La apuesta de Álvaro Díaz Lorenzo en La lista de los deseos es monumental, por mucho que sea una comedia dramática y no negra, con la risa y el llanto circulando por vías separadas, en distintas secuencias, sin fusionarse ni en la amargura ni en una cierta crueldad, y a pesar de que las intenciones sean siempre las de los buenos sentimientos, el gozo y la esperanza. Conformar un relato así en los tiempos de zozobra que vivimos, con los corazones en un puño, con casos terribles siempre a nuestro alrededor, es harto complicado.

Sin embargo, Díaz Lorenzo, también guionista en solitario, sale relativamente bien parado con un espíritu popular muy en la línea de otra comedia dramática sobre el cáncer: Planta 4ª. Lo logra con gags de comedia un tanto desiguales, donde surge a veces una escatología mal acoplada y quizá innecesaria, pero con una tolerante historia en forma road movie en la que acaban mandando el optimismo, las ansias de superación y la personalidad de sus bonitos personajes femeninos, y en la que únicamente se cuelan un par de momentos que provocan rubor.

Con buena fluidez narrativa a partir del tono que ofrece la banda sonora de Julio de la Rosa, girando del feliz punteo cómico a la mesura del drama, con apuntes flamencos y árabes nada obvios según se van sucediendo las preciosas localizaciones, La lista de los deseos parece el resultado de mezclar en una coctelera el drama de ilusiones postreras que era Mi vida sin mí con una road movie femenina de sucesivos encuentros con hombres de distinto pelaje como Thelma & Louise. A veces brota un ternurismo demasiado superficial, como en el encuentro con la familia marroquí, pero, en general, Díaz Lorenzo ha dado un firme paso hacia delante desde la deficiente Los Japón, su último trabajo. Y además posee un conjunto de actuaciones veraces y sensibles comandado por María León, con excelentes secundarios como Salva Reina y Paco Tous, y con el volcán interpretativo que siempre fue Victoria Abril, que parece haber vuelto con ganas: su monólogo sobre la vida con su marido, corto y fino, es espectacular.

La lista de los deseos opta por la visibilidad y la confianza, pero sin evitar la gran frase que pulula alrededor de esta desgarradora incertidumbre: “No me quiero morir”. ¿Estará el público dispuesto a pasar por los cines para comprobarlo? Planta 4ª fue un exitazo con más de un millón de espectadores.