Muere Elena Aub, la hija de Max Aub que dedicó su vida a recuperar la memoria del exilio y la obra de su padre

Fallece a los 89 años la primera presidenta de la fundación dedicada al autor de ‘La gallina ciega’

Max Aub con su hija Elena, a quien dedicó el poema que permanecía inédito hasta ahora, en La Habana en 1968.
Max Aub con su hija Elena, a quien dedicó el poema que permanecía inédito hasta ahora, en La Habana en 1968.

En 1997, el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, presidió la constitución de la Fundación Max Aub en la población castellonense de Segorbe, que había comprado el legado del escritor 10 años antes. El PP se apropió del acto, forzando el protocolo con numerosa presencia de políticos del partido en primera línea. Aznar reivindicó la figura del intelectual exiliado desde la “pluralidad” y afirmó que “el sectarismo en cultura es una necedad”. La que fuera presidenta de la Fundación, Elena Aub, una de las tres hijas del escritor nacido en París en 1903, radicado en Valencia y fallecido en México en 1972, se mostró emocionada y agradeció el apoyo, pero también quiso dejar las cosas bien claras ante el auditorio: “Mi padre era inequívocamente rojo”.

No en vano, Elena, que ha fallecido este viernes a la edad de 89 años, pasó toda su vida reivindicando la memoria del exilio español, de la izquierda olvidada que tuvo que marcharse de su país, y la figura y la obra de su padre, el socialista que encargó el Guernica a Picasso y escribió libros como La gallina ciega, un judío al que durante muchos años se le negó el reconocimiento que merecía. Por eso, cumplidos muchos de sus objetivos relativos a su padre a lo largo del tiempo, Elena se mostró tan perpleja cuando hace tres años los responsables de Matadero, nombrados por el Ayuntamiento de Madrid, gobernado por la izquierda de Ahora Madrid, ordenaron retirar los nombres de Max Aub y Fernando Arrabal de sendas salas de teatro del complejo cultural. La alcaldesa, Manuela Carmena, corrigió la decisión en lo que fue una de las últimas apariciones públicas de Elena Aub, que cedió en 2012 la presidencia de la Fundación a su hija Teresa. Las otras dos hijas de Max Aub, Carmen y Mimí, fallecieron años atrás.

Teresa (izquierda) y Elena, nieta e hija de Max Aub.
Teresa (izquierda) y Elena, nieta e hija de Max Aub.Kike Para

Nacida en Valencia en 1931, Elena Aub vivió la mayor parte de su vida en México, país de acogida de su padre, antes de instalarse en Madrid. En México se casó con otro hijo de exiliados españoles, el escritor y ensayista Federico Álvarez Arregui, que fue director de la editorial Fondo de Cultura Económica. Allí, realizó trabajos también relacionados con el exilio español e incluso, heredera de la belleza de su madre, Peua Barjau, fue modelo del cartel diseñado por Josep Renau y fallera mayor de unas fiestas celebradas en el exilio mexicano.

Lo recordaba esta tarde el secretario ejecutivo del Consell Valencià de Cultura, órgano asesor en materia cultural de la Generalitat, Jesús Huguet, amigo de Elena Aub. “Era una mujer encantadora, muy agradable y siempre dispuesta a dar a conocer la obra de su padre. Hablé con ella unos días antes de la pandemia. Me envió una nueva edición de Campo de almendros de su padre y estaba muy contenta”, explicaba Huguet. Fue este escritor el que intermedió ante el expresidente socialista de la Generalitat, Joan Lerma, para que se le restituyera en 2008 el carnet del PSOE a Max Aub a través de su hija, cerrando así simbólicamente el enfrentamiento interno en las filas socialistas entre los prietistas (seguidores de Indalecio Prieto) y los negristas (de Juan Negrín). Al acabar la Guerra Civil, los prietistas expulsaron del partido a los negristas por comunistas o aliados de los comunistas.

Una de las últimas entrevistas que concedió Elena Aub, en compañía de su hija Teresa Álvarez, fue al periodista de EL PAÍS Juan Cruz hace tres años con motivo de la polémica del Matadero: “Cuando me enteré me fui de espía a Matadero. Al llegar vi el soplete de los obreros destruyendo las letras, A-U-B, Arrabal, Max Aub por los suelos. ¡No pensé ‘pobre Max’, sino: ‘¡Otra vez, Max, cómo es posible que te lo vuelvan a hacer!’. ¡Qué necesidad había! Un hombre que defendió las vanguardias, ¿por qué han de hacerle esa guarrada gratuita? Me quise llevar los rótulos a casa”.

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Sobre la firma

Ferran Bono

Redactor de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Con anterioridad, ha ejercido como jefe de sección de Cultura. Licenciado en Lengua Española y Filología Catalana por la Universitat de València y máster UAM-EL PAÍS, ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria periodística en el campo de la cultura.

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