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El pecado de la delación

Película oscura como su protagonista, pedagógica en su rigor y en sus explicaciones, durísima en el drama seco de sus personas reales asesinadas, e incluso divertida

Imagen de 'El traidor'. En vídeo, el tráiler de la película.

El día del funeral por Calogero Vizzini, Don Calò, una esquela en la puerta de la iglesia rezaba así: “Sabio, dinámico, incansable, fue benefactor de los trabajadores de la tierra […]. Siempre hizo el bien, por lo que se ganó la reputación en Italia y el extranjero. Grande ante la persecución, aún más grande ante la adversidad […], fue un caballero”. Corría el año 1954 y al entierro acudieron miles de campesinos.

EL TRAIDOR

Dirección: Marco Bellocchio.

Intérpretes: Pierfrancesco Favino, Maria Fernanda Cândido, Luigi Lo Cascio, Nicola Calì.

Género: thriller. Italia, 2019.

Duración: 145 minutos.

En una secuencia de El traidor, excelente película de Marco Bellocchio sobre la mafia siciliana, el juez Giovanni Falcone, posteriormente asesinado, habla con el pentito (informante arrepentido) Tommaso Buscetta, protagonista del relato. Directo y vehemente, pero siempre tranquilo, el histórico magistrado se harta de las insinuaciones sociales y morales de su interlocutor, que habla de la tradicional nobleza de la Cosa Nostra, estropeada por los nuevos tiempos, década de los ochenta, que habían acabado con su antigua honorabilidad. Y es en esa interesantísima dicotomía, la de los viejos y los nuevos tiempos, la falsa sensación de función social del crimen y el acoso, la muerte y el miedo, donde el fabuloso octogenario Bellocchio se mueve en la película, que abarca las décadas de los ochenta y noventa, y que establece otra fascinante dualidad: la del criminal juerguista, el propio Buscetta, frente al ermitaño, representado por Totò Riina.

La segunda esencia de la historia de Bellocchio es el interior de un hombre que ha decidido hablar; un complejísimo ser humano atado a una perversa sociedad y ante el que, pese a su labor en pos de la justicia, nunca cabe una sensación venerable respecto de su comportamiento: un acto heroico no define a un héroe. El traidor es una película oscura como su protagonista, pedagógica en su rigor y en sus explicaciones, durísima en el drama seco y austero de sus personas reales asesinadas, e incluso divertida en las paradójicamente ridículas situaciones creadas alrededor del macrojuicio contra la Cosa Nostra, con Riina y Pippo Calò entre los acusados. Un proceso provocado por las delaciones de Buscetta, al que interpreta con brío y variedad de registros el magnífico Pierfrancesco Favino.

El director de películas fundamentales del cine italiano y sobre la historia del país, de Buenos días, noche, sobre las Brigadas Rojas y Aldo Moro, de Vincere, sobre Mussolini, de tantas otras en 55 años de carrera, ha compuesto una obra monumental en su ambición, a la que solo le perjudica la fea textura que a veces otorga el rodaje en digital, sobre todo en las secuencias nocturnas de interior. Porque, en su narrativa, el guion y los diálogos se despliegan a la perfección por los numerosos tentáculos del crimen y el poder, la Iglesia y el gobierno, hasta llegar a Giulio Andreotti. Y es allí, en las relaciones entre delación y pecado, más el de la infamità, mafiosa que el puramente católico, donde El traidor encuentra la entidad de lo trascendente y lo ambiguo. La de un hombre lejos de la honorabilidad y tan cerca como a distancia del heroísmo.

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