El consejo de Manu Leguineche: “Contrastad, confirmad, dudad”

El periodista Víctor López publica la primera biografía del reportero, ‘El jefe de la Tribu’

Manu Leguineche, en su casa de Brihuega en 2007.
Manu Leguineche, en su casa de Brihuega en 2007.Luis Magán

Manu Leguineche (Arrazua, 1941-Madrid, 2014) recorrió muchas veces el mundo, pero a veces lo hizo sin salir de su barrio madrileño de Vallehermoso. Autor de más 40 libros, fundador de varias agencias de comunicación, inagotable reportero, Leguineche fue uno de los periodistas españoles más influyentes de la segunda mitad del siglo XX y una leyenda entre los enviados especiales. Pero también se mantuvo como un hombre secreto: pese a tener muchísimos amigos, siempre supo ocultarse. Hasta ahora, porque Víctor López, veterano periodista televisivo, acaba de publicar la primera biografía del reportero vasco, después de bucear en sus archivos personales y en los testimonios de numerosos amigos. Con prólogo de Javier Reverte, Manu Leguineche. El jefe de la Tribu (Ediciones del Viento) retrata a un personaje lleno de contradicciones: aventurero y hogareño, siempre pegado a la tierra; periodista rabiosamente individualista y a la vez director de medios y maestro de varias generaciones; abierto y a la vez oculto.

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“Seguramente Manu no hubiese querido que alguien hiciese su biografía”, explica por teléfono Víctor López, que también está preparando un documental sobre el periodista, para contar la primera dificultad a la que se enfrentó a la hora de ponerse a escribir. La segunda es que el propio Leguineche desveló detalles personales en sus 43 libros: casi todos tienen un componente autobiográfico. “En su obra dejó muchas pistas, de sus reportajes, pero también de sus vivencias. Por eso quise hacer algo distinto, hablando con su familia y con sus amigos. Mi objetivo era encontrar al Manu menos conocido. En total, realicé más de setenta entrevistas”, señala López (A Coruña, 40 años). El autor también navegó por el inmenso archivo personal del periodista, que cualquiera puede consultar en el Archivo Histórico de Euskadi, en Bilbao.

El jefe de la Tribu es una biografía autorizada, ya que López habló primero con los hermanos de Manu, Benigno y Rosa, y con algunos amigos que formaban parte de la familia elegida del reportero. El libro relata muchos detalles poco conocidos de su vida: su infancia y juventud (pertenecía a una familia pudiente, aunque siempre quiso buscarse la vida y no depender del patrimonio familiar), pero también reconstruye su faceta como fundador de agencias. Pese a que fue siempre ferozmente independiente y un lobo solitario, tuvo una enorme capacidad para formar equipos en las agencias Colpisa, Lid y Fax Press.

Leguineche, con sus padres Rosita y Manuel, el día de su primera comunión en el caserío de Belendiz (Vizcaya).
Leguineche, con sus padres Rosita y Manuel, el día de su primera comunión en el caserío de Belendiz (Vizcaya).

Muchos nombres importantes del periodismo español —Mariano Guindal, Pilar Cernuda, Pedro Erquicia, Amalia Sánchez Sampedro, Jesús Picatoste, Charo Nogueira, Juan González Yuste y tantos otros— trabajaron con él y algunos aprendieron el oficio en una época de máquinas de escribir, nubes de humo y mucho whisky en las redacciones. López relata que les decía: “Contrastad, confirmad, dudad, no seáis cínicos y sed medidos”. “La gente recuerda mucho al Manu escritor y reportero, pero mucho menos al fundador y director de medios. Y en muchos sentidos fue un precursor”, explica López.

Durante toda su carrera compaginó esas dos facetas: director de medios que trataban de ofrecer una visión completa de la sociedad, con mucha importancia de la información nacional que llenaba los diarios durante la transición, y, a la vez, una mirada internacional. Nunca dejó de escaparse siempre que podía en busca de otros horizontes. “Se consolidó como referente de la información internacional en un momento en el que en España no interesaba tanto, porque todas las miradas estaban puestas en lo que pasaba dentro del país”, asegura su biógrafo.

El libro también traza un retrato más íntimo del periodista, del tipo que se perdía por los bares de la zona de Vallehermoso, que desaparecía en interminables partidas de mus, y también el hombre de campo, el cazador, que acabo refugiado en La Alcarria, en su casa de Brihuega. Y daba igual dónde estuviese, porque una parte de él siempre permanecía cerca de la tierra. El jefe de la Tribu cuenta que Leguineche estaba cubriendo la guerra de Yugoslavia, en 1999, cuando se enteró de que una perra de su pueblo había parido. Había ganado al mus uno de los cachorros de aquella camada y llamó corriendo al amigo con el que había jugado la partida para que fuese a buscar a los perros. ¿Cómo se enteró bajo las bombas de la OTAN en Belgrado de ese pequeño detalle de la vida rural? Uno de los muchos misterios de Leguineche. “El verdadero Manu fue ese aldeano de Beléndiz que nunca dejó de ser: estaba a gusto con la gente sencilla, siempre cerca de lo que es en realidad la vida. Cuando volvía de sus viajes, era feliz yéndose a contárselo a sus amigos de Vallehermoso o de la Alcarría”.

Sobre la firma

Guillermo Altares

Es redactor jefe de Cultura en EL PAÍS. Ha pasado por las secciones de Internacional, Reportajes e Ideas, viajado como enviado especial a numerosos países –entre ellos Afganistán, Irak y Líbano– y formado parte del equipo de editorialistas. Es autor de ‘Una lección olvidada’, que recibió el premio al mejor ensayo de las librerías de Madrid.

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