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‘Los tiburones’, sangre caliente, el mar y la irremediable busca de la empatía

La ópera prima de la uruguaya Lucía Garibaldi prolonga su recorrido por festivales internacionales

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Un pequeño balneario se alborota con el rumor de que han llegado tiburones por primera vez a sus costas. Rosina parece ser la única despreocupada y hasta demuestra empatía por los supuestos errantes. Cuando conoce a Joselo, un pescador un poco mayor que ella, empieza a experimentar algo nuevo: el deseo de acortar la distancia entre su cuerpo y el de él. Aprovecha el momento para moverse silenciosa y hacer todo lo que quiere, pero no debería, como inspirada por un instinto animal. Los tiburones habla sobre sentirse solo mientras se está rodeado de muchos, sobre lo que se esconde debajo de la superficie, sobre la sangre caliente, el mar y la irremediable búsqueda de la empatía.

La ópera prima de la directora uruguaya Lucía Garibaldi pasó por el Festival de Sundance, donde ganó el premio a mejor dirección en la sección internacional de la categoría drama, y el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, en el que recibió tres galardones –mejor actriz debutante, mejor guion y el premio especial del jurado–. La película ya había ganado el premio Cine en Construcción en la pasada edición del Festival de San Sebastián a fines del año pasado, que la ayudó a finalizar su postproducción. Ahora, prolonga su recorrido en la competencia de filmes extranjeros en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine (Bafici).

La concepción de la película nació hace siete años, cuando la directora terminó la carrera en la Escuela de Cine del Uruguay. Cuenta que había hecho un par de cortometrajes con los que nunca estuvo muy conforme. Dice que el tema de contar algo en corto tiempo no le salía, “no era para mí”, explica. Quería una película, larga, de ficción. “Empecé con la idea de inventar a una protagonista jovencita que pueda ser leída como un personaje que rompe, un personaje lleno de contradicciones, un personaje al que le atrae hacer lo menos correcto, un personaje un poco malo y tierno a la vez”, comenta Garibaldi a EL PAÍS en una entrevista realizada por correo electrónico.

Explica que empezó desde el detalle, “desde la construcción de una forma de ser”, la trama apareció después. Una de las tareas más difíciles y desafiantes para ella durante ese proceso fue “sostener el interés por tanto tiempo”. “Reescribía para que esa película estuviese en diálogo conmigo permanentemente. Yo fui cambiando y la película también”, afirma la directora.

Para Garibaldi la película funciona también como una metáfora de la alteración de la cotidianeidad, por un suceso como la supuesta aparición de unos tiburones, pero también como una alegoría de esa alteración inesperada del paso de la niñez al mundo adulto, como una película del género coming of age. “La película se va reinterpretando con cada devolución que alguien del público me da. Yo siempre pensé que Rosina era como un tiburón. Un animal errante. Creo que Rosina es una mujercita que hace lo que quiere. Que se anima a hacer cosas que muchos pensamos pero por lógica de convivencia básica no las hacemos. Ella está un poquito del otro lado de esa lógica. Con respecto a la sexualidad, creo que ella está investigando lo que es. No entiende nada. Se está moviendo, está tanteando, y el terreno es complicado”, precisa la realizadora.

Romina Bentancur, la actriz que se mete en la piel de Rosina, recibió con sorpresa su reconocimiento en Guadalajara. No se lo esperaba, dice. El trabajo con Garibaldi para la creación de su personaje inició dos años antes del rodaje (2018). Se fue generando una gran confianza entre las dos, y con varios ensayos de por medio, logró entender el personaje y la película. “Creo que lo más difícil fue entender al personaje para representarlo lo mejor posible. Había muchas veces que odiaba a Rosina, y otras en las que empatizaba profundamente. Es un personaje que no siempre hace lo uno espera que haga, y para mostrar eso tuve que entrar un poco en su cabeza y amigarme con sus decisiones”, afirma la intérprete a EL PAÍS en una entrevista realizada por correo electrónico.

En otra entrevista, la directora afirmó que Los tiburones es una película que conecta mejor con las mujeres que lo varones. Sin embargo, aclara esas declaraciones y dice que su filme tiene muchas lecturas, más allá del género del espectador. Cree que las obras no tienen que emparentarse con un género, decir si una película es femenina o masculina: “No le quiero pedir eso a una obra. No podría decir que hay falta de apertura, o empatía en ciertas miradas, simplemente te atraviesa una película o no”.

“Supongo que el lazo que uno crea con esta película tiene que ver con el tipo de experiencias por las que pasó, por el universo donde uno se movió, por cómo fuimos cuando teníamos esa edad. Con los tiburones pasa que las mujeres son las que más conectan, sí. Pero es mi percepción, una “estadística mental” digámosle. Sé que también hay varones que se ven reflejados en esa protagonista, hay señores que también ven algo cercano ahí. Hay de todo, pero son siempre más las mujeres”, finaliza la realizadora.

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