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Las claves de ‘La venda’, la charanga que nos representará en Eurovisión

La canción ganadora es un artefacto espídico, optimista y colorido que recuerda mucho a las verbenas de pueblo

En vídeo, declaraciones del cantante Miki sobre 'La venda', la canción que representará a España en Eurovisión 2019.

Antes de que La venda y Miki Núñez fueran elegidos representantes de España en Eurovisión 2019, había una intrahistoria. La combinación televisiva de Operación Triunfo con Eurovisión nos ha dejado entre los diez primeros puestos del festival, brindándonos además momentos de ilusión casi deportiva (Europe’s Living A Celebration, séptimo puesto en 2002), de creer firmemente en la victoria (Dime, octavo puesto en 2003), o de sorpresa inesperada (Para llenarme de ti, décimo puesto en 2004). Pero también nos trajo la mayor decepción: ese arrepentimiento que perseguirá eternamente a todo eurofan por haber elegido para representarnos en Lisboa la dulcísima Tu canción frente al que terminó siendo gran hit musical de 2018, Lo malo.

Y anoche, otro giro. Miki superó los pronósticos que daban como favorita a María Villar y su Muérdeme a ritmo de reguetón y, de paso, nos volvió a alejar de una música urbana que a estas alturas ya es una tendencia de éxito mundial.

Jugaba a favor de La venda algo de lo que carecía Muérdeme: personalidad. Adrià Salas, cantante de la divertidísima banda española La Pegatina, creó para Miki un artefacto espídico, optimista y colorido que recuerda mucho a esas verbenas de pueblo y a esas noches de verano de la adolescencia. La canción es además el remate definitivo al dulce fenómeno que ha supuesto para la música española la irrupción de la banda de Salas, que tras cuatro discos entrelazando rumba y ska, ahora abarrota conciertos y festivales en España, resto de Europa y Latinoamérica.

La de anoche fue la gran noche de Miki, un concursante con una trayectoria de lo más irregular dentro de Operación Triunfo y sexto finalista del concurso. Ayudó mucho que La venda fuese una canción bastante apropiada para su estilo, ya que el de Terrassa también tocaba esos palos cercanos a la charanga con la banda que encabezaba antes de entrar a la academia, Dalton Bang.

La favorita parecía Muérdeme. ¿Qué ha ocurrido?

El gran pecado de Muérdeme ha sido no ser Lo malo. A la canción, compuesta por cinco artistas -entre ellos dos de El Sueño de Morfeo-, le faltaba mucho de ese ímpetu y gancho que la canción compuesta por Brisa Fenoy e interpretada por Ana Guerra y Aitana Ocaña había ganado a lo largo de los meses. La prueba: a día de hoy acumula más de 170 millones de reproducciones entre YouTube y Spotify.

A pesar de sus fallos, Muérdeme es una canción muy en la línea de mujeres independientes como Becky G, Karol G, la brasileña Anita o Natti Natasha, que a día de hoy defienden la música urbana con bastante éxito en todo el mundo; pero además será el primer éxito de la madrileña, reclamo oficial en terrazas y chiringuitos dentro de unos meses, y guilty pleasure de cabecera para 2019. Probablemente, tal y como le ocurrió a Lo malo, lo mejor que le ha ocurrido a la canción (y a su intérprete) ha sido no resultar seleccionada.

¿Y qué pasa con las otras propuestas de OT?

Famous, ganador de Operación Triunfo 2018 y eterno entusiasta eurovisivo, se quedó con las ganas de viajar a Israel, y ni siquiera se acercó a los puestos más destacados de la votación. Porque es fácil colocarse a la cabeza de OT cantando Uptown Funk, pero es bastante más complicado ser candidato eurovisivo interpretando No puedo más, otra vuelta más a ese R&B que tanto sorprende en los talent shows, pero que a nivel comercial jamás funciona en España (si no me creen, busquen en sus recuerdos más profundos a Sergio Rivero o a Tony Santos).

El resto de propuestas por la noche pasaron por más de lo mismo: El sentimentalismo épico (y un poquito altoparlante) de Noelia con Hoy vuelvo a reír otra vez, el calentito -que diría Rosario- de Julia con ¿Qué quieres que haga?, el buenismo de Sabela en Hoy soñaré, el atrevimiento risueño de Marilia con Todo bien, el latineo impostado de Carlos Right en Se te nota, canción menos votada de la noche; y una Natalia que volvió a ser tan solvente como fría en La clave y en Nadie se salva, ese dúo en el que se merendó al ganador de la noche, y con el que quedó como tercera finalista.

¿Qué pinta tiene La venda en el contexto eurovisivo?

En el año de mayor proyección internacional para artistas españoles como Rosalía, C. Tangana o el productor Alizzz, está claro que España tiene mucho que decir en plena ola mundial de la música urbana. Pero la estrategia seguida por TVE para Eurovisión (y van...) nos dejó a cambio una apuesta -Muérdeme- que nos hacía parecer los primos feos de aquella Chipre espectacular del Fuego de Eleni Foureira.

En Eurovisión importa mucho el riesgo y la iniciativa. Es importante presentar una propuesta con identidad propia, que rompa con lo esperado. Ese fue el gran fallo de Tu canción, que llegaba cuando aún teníamos reciente a Salvador Sobral emocionándonos con Amar Pelo Dois. Finalmente los dos primeros puestos del año pasado fueron para canciones en un extremo rítmico absoluto y con motivaciones muy distintas a las del portugués.

Tras años tocando palos muy distintos, y prácticamente a la desesperada, España debe viajar a Israel para sorprender y contagiar desde un lugar nada común con I’m Not Your Toy y Fuego y, de lo que teníamos, la mejor opción para hacerlo era La venda. Ahora toca reemprender un camino en el que la canción debe mejorar su estructura, su producción y sobre todo su puesta en escena, tres claves necesarias para -al menos- sentirnos dignos y representados en un evento cada vez más visual y espectacular en el que la música es más importante de lo que parece.

Arturo Paniagua es periodista musical. Presenta cada semana Sesiones Movistar+, programa de entrevistas musicales y conciertos en Movistar+

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