Crítica | La aparición
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

La piedad contemporánea

La película puede ser vista por los creyentes como una obra puramente religiosa, y por los escépticos como atractiva reflexión de carácter social

Vincent Lindon, en un fotograma de 'La aparición'.
Vincent Lindon, en un fotograma de 'La aparición'.

Reducir las apariciones marianas al terreno de la fe siempre es un error. Y eso lo sabe hasta la Iglesia.

LA APARICIÓN

Dirección: Xavier Giannoli.

Intérpretes: Vincent Lindon, Galatéa Bellugi, Patrick D'Assumçao, Anatole Taubman.

Género: drama. Francia, 2018.

Duración: 140 minutos.

Cada una de las (supuestas) manifestaciones de la Virgen trasciende el hecho religioso, el de la fe, la misericordia y la esperanza, para acabar filtrándose en su contexto histórico y, aún más importante, contaminándose de circunstancias políticas, sociales, económicas y hasta psicológicas. Y la clave de todo ello siempre recae en la reputación. En este caso, la de la propia institución católica, a la que no parece convenir que, en la época contemporánea, la del método científico que todo lo demuestra, en particular el fraude, se ande por ahí diciendo que sus fieles andan peregrinando a tal o cual lugar del mundo para adorar, y demandar una curación física y/o espiritual, a una singular patraña en forma de niña con las facultades mentales desviadas o de corrupto compló para hacerse millonarios con la venta de agua bendita.

Y es justo en esos pantanosos terrenos en los que se adentra la muy interesante película francesa La aparición, que puede ser vista por los creyentes como una obra puramente religiosa, y por los escépticos como atractiva reflexión de carácter social. De hecho, el personaje protagonista, el elegido por el Vaticano para dirigir la investigación de la verdad o el embuste de la última revelación en un pequeño pueblo francés, no es un sacerdote ni un teólogo ni un exorcista, sino un veterano periodista de investigación, al que pone rostro el siempre formidable Vincent Lindon, con el cansancio en la mirada y esa gran capacidad para mostrar el interior con un gesto de sobriedad apenas perceptible.

En las antípodas de los thrillers comerciales de investigación católica, con El código Da Vinci como paradigma, la película de Xavier Giannoli, guionista y director, se sirve de los modos formales del cine social europeo (en la puesta en escena, la fotografía, el sonido, e incluso la utilización de la música de Arvo Pärt), aunque manteniendo casi en todo momento una narrativa de intriga de investigación. Unos métodos que terminan confluyendo, siempre con los pies en la tierra y no en las nubes, en la parcela de lo moral, con un final relativamente abierto en el que Giannoli, director de la también notable, y muy distinta, Madame Marguerite (2015), parece tomar partido. Porque lo esencial para su autor no es tanto el misterio en sí como un aspecto sencillamente ético: ¿dónde reside hoy la verdadera piedad y quiénes son los mártires de nuestros días?

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Sobre la firma

Javier Ocaña

Crítico de cine de EL PAÍS desde 2003. Profesor de cine para la Junta de Colegios Mayores de Madrid. Colaborador de 'Hoy por hoy', en la SER y de 'Historia de nuestro cine', en La2 de TVE. Autor de 'De Blancanieves a Kurosawa: La aventura de ver cine con los hijos'. Una vida disfrutando de las películas; media vida intentando desentrañar su arte.

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