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Siete buenas razones para no perder la fe en el FIB

El Festival de Benicàssim celebra su 24ª edición a la que conviene prestar atención, quizá más por su clase media que por sus nombres de relumbrón

Primeros asistentes al Festival Internacional de Benicàssim (FIB) / En vídeo, arranca el FIB 2018 (ATLAS)

El Festival de Benicàssim celebra desde mañana una vigesimocuarta edición a la que conviene prestar atención, quizá más por su clase media que por sus nombres de relumbrón. Desde aquí trazamos siete excusas que bien valen una visita a la cita decana de entre las que pueblan nuestro verano.

Pet Shop Boys entre otros señuelos

Con la única excepción del emergente rapero estadounidense Travis Scott, lo cierto es que los cabezas de cartel de este año (y casi es más ley de vida y de industria que demérito del festival) brindan más reclamos para celebrar su pasado que para ilusionarse ante su presente. Los Pet Shop Boys no son una excepción, pero cuentan con dos bazas que no pueden lucir ni The Killers ni Liam Gallagher: en primer lugar, ese proverbial e imaginativo sentido del espectáculo —que se ha nutrido del cabaret, del music hall y de cualquier afluente de la cultura pop— que nunca deja un cabo sin atar y rara vez repite los mismos trucos. Cada gira suya es distinta, y el Super summer tour solo hace dos paradas por aquí: la de anoche en Marbella y la del sábado en el FIB. Y en segundo lugar, lo más importante: el nivel de un repertorio del que nadie más puede presumir a lo largo de estos cuatro días: se espera que el sábado no falten Opportunities (Let's Make Lots Of Money), In The Night, The Pop Kids, West End Girls, It's a Sin, Left To My Own Devices...

El 'post punk' en sus múltiples formas

Desmintiendo que los ecos del post punk tengan que ser acotados a una época concreta, resulta aún sorprendente el vivificante jugo que muchas bandas logran extraer a unas enseñanzas que parecían no dar para más. Ese será el caso de los neoyorquinos Parquet Courts, Wolf Alice o los emergentes británicos Shame (los tres el domingo) o el de Anna Calvi (viernes) e incluso The Horrors (el sábado). Todos presentando trabajos que marcan la máxima cota de su expresividad. Rabia, ira, tinieblas, arrebato e incluso éxtasis se pueden dar cita en sus conciertos.

Ritmos y rimas para dar y tomar

El hip hop, al igual que otros géneros urbanos como el r'n'b o el omnipresente trap, lleva años ganando terreno en Benicèssim. La presencia de Travis Scott (este en lo alto de su line up) y Princess Nokia, así como de los británicos J Hus o Giggs, del estonio Tommy Cash (atentos porque puede ser una de las revelaciones) o del madrileño C. Tangana así lo acreditan este año, demostrando que el FIB puede albergar varios festivales en uno solo. Tal es su diversidad. Y que nadie pierda de vista, por cierto, a la forma en la que la argentina Nathy Peluso combina rap con salsa o jazz. O a la manera en que los norteamericanos Odiseee & Good Company ensamblan hip hop con soul y jazz.

Valores seguros y veteranos de guerra

Sin tener que delegar más de la cuenta en hypes de temporada, Benicàssim es terreno abonado para bandas británicas que son un valor seguro, por muchos años que pasen. Algunos son veteranos incombustibles, referentes en sus respectivos estilos, como es el caso de Madness (reyes del ska pop), The Charlatans (la evolución más consistente de lo que fue el sonido Madchester) y Belle & Sebastian (maestros en ese indie pop delicado que defienden como nadie). Otros no lucen tantos galones, pero también son referentes indiscutibles en sus negociados: el punk de vertedero de Sleaford Mods, la elegancia synth pop de Metronomy, la artillería new wave de The Vaccines, el euforizante dance pop de Two Door Cinema Club o el art pop de la (norteamericana, eso sí) Merrill Garbus al frente de sus Tune-Yards.

El diverso producto estatal

Confirmando la apertura del festival a esos otros públicos que desde hace años optan por un modelo de festival de bajo coste (en todos los sentidos) y presencia acaparadora de bandas españolas de eso que ahora llaman indie (y poco tiene que ver con lo que en un principio fue), el FIB recluta este año a Dorian e Izal. Encarnarán la cuota más visible de una nómina de lo más heterogénea, a la que conviene echar el ojo pese a que algunos de sus conciertos se celebren cuando el calor más aprieta: Perro, Carolina Durante, Polock, Joana Serrat, La Plata, Rural Zombies, Júlia, Tulsa, Junior McKenzie, Holy Bouncer, Papaya, Rusos Blancos, The Parrots o Los Nastys, entre otros, conforman una amplia panorámica de lo que se cuece en la independencia estatal. De ellos, al menos media docena proceden de la Comunidad Valenciana. Buen argumento ante quienes reclaman más presencia local.

Fenómenos más británicos que el 'fish and chips'

Con frecuencia nos topamos en Benicàssim con músicos que son celebridades en Reino Unido pero más bien ignotos por aquí. Lógico, teniendo en cuenta que el británico sigue siendo el público mayoritario, siempre algo por encima —como mínimo— del 55 o 60 %. Este año serán Jessie Ware, Eric Prydz, Catfish and the Bottlemen, los habituales The Kooks, Chase & Status y Rag'n'Bone Man (del perfil de Kaleo, presente el año pasado) quienes conciten la atención (cabezas de cartel al margen) de gran parte de ese público que está acostumbrado a un mercado muy distinto al nuestro.

Sorpresas te da la vida

No son pocos los músicos que aterrizan desde hoy en el FIB por primera vez. Pero nos atrevemos asituar a la neoyorquina Caroline Rose en la pole position de las posibles revelaciones del fin de semana. Su segundo álbyum, Loner (2018), es una maravilla que ha hecho que los nombres de Beastie Boys o The B-52s afloren en su literatura promocional. Pero su personalidad es tan arrolladora —en sus letras, en su forma de cantar, en los giros que dan sus canciones— que los paralelismos se antojan algo estériles. Valdrá la pena madrugar para verla esta misma tarde de jueves.