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Arctic Monkeys no se lo creen como antes

La banda británica, que tira de sus clásicos en detrimento de su nuevo cancionero, ofrece un concierto destemplado en el Primavera Sound

Alex Turner, durante la presentación en el Primavera Sound.
Alex Turner, durante la presentación en el Primavera Sound.

Existen pocos guiones, por no decir ninguno, más perfectos en la historia del rock del siglo XXI que el que protagonizan Arctic Monkeys. Sinónimo de mega éxito y rutilante atracción estética, la banda británica es una historia de película, un taquillazo que además se forra a premios. Anoche, en la jornada grande del Primavera Sound, su regreso, tras cinco años de silencio discográfico, fue todo un acto para la galería. Su galería de relumbrón y glamour rock, la misma que lució Alex Turner al salir a escena y la misma que el grupo se ha ganado y a la que no piensa renunciar.

El problema es que esa galería simplemente puede quedarse en eso. En una galería, a la que le falta más espíritu, ese algo intangible que mueve este negociado del pop y del rock. Sucedió al menos en la primera parte del concierto. Puede que todo se resuma en una falta de rodaje, tras tanto tiempo sin volverse a poner estos monos del Ártico en la carretera. Pero también puede que sea algo más alarmante: la falta de ambición. Por momentos, olía más a lo segundo. Cualquiera que sea la razón, el grupo pecó de frío durante casi todo el concierto desde que arrancaron con Four Out of Five. Estaban como encorsetados, como figuras implantadas en el inmenso escenario por decreto más que por impulso personal, ese trepidante valor que les definió en su primera época y les puso en la órbita más alta del indie mundial.

Se notó también con Brianstorm, I Bet You Look Good on the Dancefloor, Cornstone e incluso Why'd You Only Call Me When You're High? Y eso fue más preocupante al no formar parte del nuevo cancionero, con el que el público no conecta igual. Las nuevas composiciones, como One Point Perspective o Tranquility Base Hotel + Casino con las que Turner se puso al órgano, dejan indiferente a su oyente más fiel. Ahí puede que haya un problema porque Turner, un tipo que ha demostrado tener una más que interesante inquietud artística sin atender a planteamientos determinados, seguirá seguramente esa línea de exploración. Casi todo indica que no continuará fiando el futuro a otra cosa que no sea el riff certero, marca de la casa Monkeys.

Los Arctic Monkeys han creado una marca tan global y potente que ahora es como si no tuviese el mismo destacado agarre a la identidad original. Allí donde antes todo fluía solo era anoche como por contrato. Tienen canciones y tienen el favor incontestable de un público que ha crecido con ellos -aunque haya que explicarles a la mayoría quiénes eran The Jam, o The Clash, o los Kinks, todos ellos referentes británicos a los que los Arctic Monkeys, aún con todo su demoledor éxito, no alcanzan-, pero no tienen el mismo empuje de antaño. Su marcado estilo británico, entre la urgencia del beatsesentero y un soberano espíritu pop actualizado, se atiene a rigores estéticos y una visión más simplista, blanqueando demasiado el misterio del rock.

Todo mejoró con Pretty Visitors, despojado Turner de su chaqueta clara aunque sin quitarse sus gafas de sol en plena noche barcelonesa. Fue un chute de energía necesario, a lo que ayudaron después las interpretaciones de Crying Lightning y Do I Wanna Know? Los bises quedaron también destemplados con Batphone, The View From the Afternoon y R U Mine? Es como si Alex Turner no se creyese a los Monkeys como antes. O los Monkeys a Turner, líder indiscutible del grupo y que ha hecho del esperado álbum de regreso un proyecto personal, donde el resto de la formación brilla por su falta de influencia. Turner, todo un frontman, se le vio más suelto y arrebatador en su última visita a este festival con The Last Shadow Puppets, donde la diversión estaba por encima del nombre. Arctic Monkeys han regresado y eso es ya todo un valor en alza. Ahora sólo falta que el grupo británico más grande del planeta en la actualidad siga haciendo de su película una atractiva historia que no sea solo un remake.

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