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“En Perú se cree que los buenos escritores triunfan en España”

Rodrigo Murillo traza en su primera novela un retrato terrorífico y complejo de un país asolado por la guerra contra Sendero Luminoso

Rodrigo Murillo esta semana en Madrid.
Rodrigo Murillo esta semana en Madrid.

Los venenos de la historia y la literatura pujan, conviven y se expanden por la sangre, la mente y las manos de Rodrigo Murillo (Arequipa, 1986). Por eso quizás ve algo de inevitable en su periplo desde Perú a Madrid, vía Londres, para hacerse escritor y abrirse camino con Los héroes sentimentales, su primera novela, con la que ha ganado el premio José Ángel Mañas de la editorial Nuevos Talentos. “Allá en el Perú existe esta suerte de mito de que los buenos escritores triunfan en España. Vargas Llosa, Roncagliolo.. No hay país más romántico para hacerse escritor que este” cuenta a EL PAÍS en un café del centro de Madrid, no lejos de donde vive.

Estoy seguro de que el libro va a desatar mucha polémica en todos aquellos países en los que el autoritarismo ha florecido

Los héroes sentimentales es un ambicioso relato del Perú del fujimorismo, un Estado fallido machacado por la violencia de Sendero Luminoso y la corrupción y la represión estatal, una historia que combina voces y espacios para crear un fresco terrorífico de una época de pesadilla. “Había riesgos, pero con esta estructura quería que, en un mundo con competencias como Netflix, el lector desde la primera página entrara al final del libro”, explica.

Marcado por la premisa de que antes de criticar hay que comprender y con la brújula de la historia en la mano, Murillo construye una novela llena de grises, ajena al maniqueísmo, en la que el lector puede sentirse incómodo al identificarse con las motivaciones de unos y otros. “Estoy seguro de que el libro va a desatar mucha polémica. No solo en el Perú sino en todos aquellos países en los que el autoritarismo ha florecido, pero yo estaba interesado en que inclusive los más villanos fueran entendidos como humanos”, detalla Murillo con maneras del profesor universitario que fue.

Quería expresar la dificultad que tenían los campesinos para contar el sufrimiento y lo que vivieron en un idioma que no era el suyo

Durante los ochenta y principios de los noventa Perú fue un país tomado por militares y una organización terrorista maoísta dirigida por Abimael Guzmán, un profesor iluminado tras un viaje a China en 1965 y que llevó el infierno de la Revolución Cultural a la sierra peruana primero, y a Lima después, con un resultado atroz: miles torturados y cerca de 70.000 muertos y desaparecidos . Con el miedo como motor de la historia y el silencio y el olvido como amenazas constantes, Murillo ha tratado de contar esto con verosimilitud y sin historicismos, para mantener el ritmo de lo que gusta en llamar thriller político inspirado en hechos reales. “Desde el principio asumí la necesidad de sumergirme en este episodio terrible sin resguardo de pisar alguna línea roja. Hice todo lo posible para que se entendiera el miedo que tuvo la gente que vivió aquel momento histórico”, aclara.

Al compartir la perspectiva del protagonista de cada uno de los capítulos, Murillo da voz a los militares, tanto a aquellos que buscaron soluciones como a los ejecutores de la represión más salvaje. “Es una situación en la que nadie querría estar. Llegas a entender a los militares: muchos de ellos no habían salido de Lima, tenían más contacto con el extranjero que con los Andes y les mandan a la sierra a luchar contra un enemigo que no conocen, a 4.000 metros. Fue como invadir otro país. Ni siquiera conocían ese idioma”, cuenta para poner en juego otro elemento esencial.

El 75% de las víctimas hablaban lenguas indígenas en un país donde únicamente el 16% lo hace y el 80% vivían en zonas rurales. Cuando la novela pasa de la tercera a la primera persona para dar voz a una campesina víctima de unos y otros, el lector se sumerge en un español distinto, melodioso, lleno de diminutivos y con otra estructura. Aquí hay más que un ejercicio de estilo: “Soñé hacerlo en quechua pero no fue posible. Quería expresar la dificultad que tenían para contar el sufrimiento y lo que vivieron en un idioma que no era el suyo, porque la autoridad no habla más que castellano”, cuenta con pasión quien estudió quechua para entender la forma de vida de los campesinos.

De vuelta a la historia, repetida a veces como broma pesada, Murillo avisa: “Siento que como en España, en el Perú hay muchas ganas de olvidar. Los protagonistas de esta novela están vivos y muchos nunca fueron capturados. Se puede seguir adelante y no hacer memoria, pero corremos el riesgo de que vuelva a suceder”.

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Autor: Rodrigo Murillo

Editorial: Nuevos Talentos (2018).

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