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“¿José ‘Franquistán’? Me importa un carajo. Pero esperaba que la izquierda estuviera en otros niveles”

Durante esta semana, la opinión del veterano actor sobre la situación en Cataluña ha arrasado por Twitter y otras redes sociales. Él se ríe: "Yo ni tengo móvil"

José Sacristán, en el teatro Bellas Artes el pasado viernes.
José Sacristán, en el teatro Bellas Artes el pasado viernes.

“No tengo ni móvil. Así que me tiene sin cuidado lo que se cuente en las redes sociales. Yo de lo que me hago responsable es de mis declaraciones. Del resto...”. José Sacristán (Chinchón, 1937) responde chispeante. La situación le hace gracia. Lleva décadas verbalizando su pensamiento político. Otra cosa es la repercusión de sus palabras. Durante esta semana, la opinión del actor sobre la situación en Cataluña ha arrasado por Twitter y otras redes sociales. Declaraciones que han surgido a cuenta de la promoción del retorno a Madrid de la obra de teatro de David Mamet Muñeca de porcelana, en la que Sacristán encarna a un millonario corrupto, que suelta frases como “La política es nadar entre la mierda mientras buscas el dinero de otros”. El madrileño se carcajea: “Lo dice el personaje, yo no. Ahora, los periodistas me preguntáis, yo contesto...”. ¿Y qué siente cuando alguien le llama José Franquistán? “Qué vas a hacer. Me importa un carajo, sé quién soy y pienso en mi tío Tomás, que decía: ‘Lo primero es antes’. A partir de una edad, tienes un orden de prioridades. Yo estoy ahí, lo que no sé es qué es ahí. Porque no es ni el desengaño, ni el cabreo... Miro a mi alrededor y lo que está pasando muy divertido no es, aunque ha habido ocasiones en que era infinitamente peor lo que ocurría. Pero yo pensaba que con el paso del tiempo algunas cosas se habrían superado. Lo digo como hombre de izquierdas. Esperaba que la izquierda estuviera en otros niveles”.

Sacristán explica que se refiere no solo a España, “sino a Trump, Hungría, Italia o Rusia”. Y lleva la conversación a su terreno: “Mamet dice aquí que el mundo está lleno de gilipollas y muchos de ellos con derecho a voto. Por edad, que la tengo, no dejo de preguntarme quién maneja el cotarro, quién los ha puesto ahí. Estoy convencido de que muchos de los viejos que han salido a la calle a protestar por las pensiones volverán a votar al PP. Así que, como sociedad, ¿cómo podemos parar todos estos atropellos? Fíjate en las declaraciones de Cifuentes echando la culpa a la Universidad”. El actor incide en lo que para él diferencia primariamente a un votante de izquierdas de uno de derechas: “El sentido crítico. La corriente de la historia siempre fluye a favor de la derecha, porque más que votantes tienen feligreses. Los logros desde la izquierda se han obtenido tras mucha lucha y honradez, y si el depósito de honradez se vacía la ruina es estrepitosa. Hoy, Pablo Iglesias sigue demasiado pendiente del auditorio, de reafirmar su mesianismo. Y Pedro Sánchez... no sabemos a qué está”.

Teaser de 'Muñeca de plomo'.

El actor insiste en mirar más allá: “Me gusta la mala leche de Mamet, su punto de provocador que solivianta a los biempensantes. Porque la mayor parte de la culpa de lo que ocurre en esta España la tenemos nosotros, la sociedad”. De paso, enseña la esclava que le envió Mamet para felicitarle por su trabajo, más cercano al personaje que quería el dramaturgo que al encarnado por Al Pacino en su estreno en Broadway. “Yo me fío del público, y le gusta. Lo vivo como un éxito. En este mismo teatro Bellas Artes trabajé en un papelito en 1963 en el Calígula de José María Rodero. Y hacíamos 14 funciones a la semana. Lo viví como un infierno”. Y recuerda, rememorando obra tras obra, cómo hasta mitad de los ochenta ese era el ritmo habitual de los actores. “El cine nos salvó, hizo que nos trataran mejor”.

“Si dos millones de catalanes piden la independencia, habrá que escuchar. Ahora, cuando insultan a Marsé, a Mendoza y a Serrat, me pregunto: ¿qué república es esa?”

Él mismo retorna a la situación actual. “Digo lo que me parece. Y lo que me parece es que si dos millones de catalanes piden la independencia, habrá que escucharles. Pero, ¿quiénes les lideran? Ah, un poco raro. Y cuando empiezan a insultar a Marsé, a Serrat y a Mendoza, me pregunto: ¿qué república es esa? Un respeto además a la palabra república: llamadla chapuza. ¿Qué hace la izquierda ahí? No estoy con Colau porque no se puede ser equidistante. Claro, que en contrapartida ves a tres ministros cantando Soy el novio de la muerte... ¿Adónde vamos?”. Y el final de frase viene acompañado de un puñetazo en la mesa. Aumenta el tono: “La izquierda tiene que hacerse responsable de eso. ¿Qué pasa con el resto de catalanes? ¡Joder, no!”.

Sacristán no para. En ocho días viaja al festival de Málaga a presentar su nuevo filme, el estupendo Formentera Lady, en el que encarna a un hippy anclado en el pasado “aunque se narra sin ternurismos”, y participará en el homenaje a Un hombre llamado Flor de Otoño, película que protagonizó hace cuarenta años. Y volverá a la serie Velvet ¡como fantasma! “Me conservo bien, solo con algunas goteras. Fíjate, me he vuelto a poner una chaqueta de pana que conservo de El diputado [1978]. Y ya estoy preparando otra serie y otra obra de teatro. Salgo aquí al escenario todos los días, y este personaje me recarga las pilas”.