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Margot Robbie se transforma en la obsesiva patinadora Tonya Harding

La actriz estrena este viernes 'Yo, Tonya', película por la que ha sido nominada al Oscar a Mejor actriz

Margot Robbie durante la gala de los Premios Bafta 2018.
Margot Robbie durante la gala de los Premios Bafta 2018.HANNAH MCKAY (REUTERS)

Hay que tener una cierta edad para recordar a Tonya Harding, la estrella americana del patinaje sobre hielo que protagonizó un mayúsculo escándalo deportivo en los Juegos Olímpicos de 1994 al ser implicada en una trama para lesionar a su rival Nancy Kerrigan. La actriz australiana Margot Robbie, de 27 años, no había oído hablar nunca de aquel episodio hasta que cayó en sus manos el guion de Yo, Tonya, una biografía poco convencional del personaje y con formato de comedia muy negra que le ha procurado su primera nominación al Oscar en calidad de protagonista, y que este viernes se estrena en España.

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“Al principio pensé que se trataba de una historia de ficción pero, cuando empecé a indagar en los hechos reales, lo que más me impresionó fue la bola de nieve en que acabó convertido el escándalo y cómo las mujeres son retratas en los medios y se les suele imponer fácilmente una etiqueta”, explica Robbie durante una entrevista en Londres, ciudad de la que fue residente antes de mudarse a Los Ángeles y a la que regresó el pasado fin de semana como candidata a los premios británicos del cine (Bafta). Aunque no ganó, su doble nominación a ambos lados del Atlántico ha apuntalado la proyección de la intérprete gracias a su retrato, con múltiples matices, de una mujer que apenas llegó a acariciar el sueño americano antes de erigirse en la villana de la función.

El “incidente” –según lo define la propia actriz- fue portada en la prensa mundial hace casi dos décadas y media. Tonya Harding era acusada de conspirar para que un individuo bateara la rodilla de Nancy Kerrigan, miembro de su mismo equipo nacional de patinaje en los JJ OO de invierno de Lillehammer (Noruega). La federación acabó vetando de por vida el regreso de Tonya a las pistas de hielo, después de que su exmarido, Jeff Gillooly, se confesara como artífice de la trama. La competidora agredida logró subir al podio con una medalla de plata olímpica.

El personaje de Kerrigan, entonces apodada “el ángel” en contraposición a la “malvada” Harding, apenas aparece durante las dos horas de metraje del filme. Una decisión que Robbie justifica, en su también condición de productora de la cinta: “Nunca quise dar esa visión de dos mujeres enfrentadas que tanto gusta en los medios y entre los guionistas". “La historia no trata de la relación de Tonya con Nancy, que además no era próxima, sino con aquellos que como su madre y su marido afectaron más en su vida”, subraya la actriz sobre los otros dos protagonistas de la película, encarnados por Allison Janney y Sebastian Stan.

Janney, receptora del Bafta en el apartado de actriz de reparto y firme candidata a repetir en los Oscar, borda el rol de una madre de la clase obrera de Portland (Oregón) que presiona a su pequeña hasta lo indecible para convertirla en una campeona. Yo, Tonya nos muestra la evolución de esa niña que a los 4 años ya ganaba trofeos de patinaje en una adolescente “libre, motivada y fuerte sobre el hielo”, en palabras de Robbie, pero vulnerable y objeto de los abusos de su progenitora y de su novio fuera de las pistas. La actriz australiana ha asumido un difícil reto interpretando a Tonya desde los 15 años y a lo largo de las siguientes tres décadas, en un relato que pretende “humanizarla” con sus luces y sombras.

La estructura narrativa del filme, con continuos saltos en el tiempo, se apoya en sendas y contradictorias versiones del “incidente” que el guionista Steven Rogers extrajo de sus entrevistas con Tonya y su exmarido. Esos testimonios engarzan una historia tan desgarradora como a tiempos divertida, que refleja con un humor rayano en el absurdo la fealdad y la violencia en la vida privada de una patinadora que saltó a la fama al ser la primera de su país en ejecutar el salto triple axel en un campeonato internacional. Robbie entrenó durante varios meses para emular las coreografías de Tonya (aunque las ejecuciones más difíciles corren a cargo de dobles). Pero sobre todo estudió obsesivamente los muchos vídeos de la deportista disponibles en las redes para calcar su carácter físico.

La recompensa le ha llegado de la mano de la nominación al Oscar -cuyo fallo se conocerá el 4 de marzo- que define como “un momento de viraje en mi carrera”. Todavía recordada en Australia por su estreno en el culebrón televisivo Neighbours, y con la pica puesta en Hollywood desde su participación en la cinta El Lobo de Wall Street, a las órdenes de Scorsese, Margot Robbie apunta alto a base de labrarse sus propios proyectos. La productora que ha creado, y que está detrás de Yo, Tonya, busca promover “personajes femeninos fuertes", que para ella no significa "la mujer perfecta, sino interesante en su fortaleza y debilidades". Como lo es esa heroína imposible llamada Tonya Hardin.

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