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De Kennedy a Macron, el arte del documental político

La película para Netflix sobre las elecciones catalanas sigue una larga tradición de la crónica electoral

Imagen del documental 'Barack Obama. Camino hacia el cambio' (2009), de Amy Rice y Alicia Sams, adquirido por HBO.
Imagen del documental 'Barack Obama. Camino hacia el cambio' (2009), de Amy Rice y Alicia Sams, adquirido por HBO.

Si nadie lo cuenta, es como si no hubiera ocurrido. Y no sirve el relato frenético, minuto a minuto, tuit a tuit, en las redes sociales. La información diaria, redactada sobre la marcha y en la ignorancia del desenlance, raramente capta la épica que para los protagonistas exige la ocasión. Todo líder, como los monarcas medievales, quiere su crónica y su cronista. La documentales de campaña, como el que preparan los directores Gerardo Olivares y Álvaro Longoria para la plataforma Netflix sobre las elecciones catalanas, se ha convertido en un formato privilegiado para cantar la épica, y a veces la lírica, de la batalla política en su momento más intenso y teatral.

"Sientes que estás ahí", escribe el crítico Louis Menand en un texto que acompaña la publicación en DVD del documental The War Room (La habitación de la guerra) (1993). "Lo que atrae, en el fondo, es la sensación de estar en un lugar en el que no deberíamos estar, la sensación de estar viendo y escuchando cosas que no deberían ser vistas y escuchadas".

The War Room no es el primer documental de campaña —hay precedentes destacados, como Primary, de 1960, sobre las primarias de Wisconsin entre John F. Kennedy y Hubert Humphrey— pero sí el que quizá haya definido desde entonces la manera de contarla. La cámara cerca de la acción, el ritmo endiablado, la ausencia de un narrador en off: casi todos estos elementos se encontraban en el documental de Chris Hegedus y D. A. Pennebaker sobre la campaña victoriosa de Bill Clinton en 1992.

Un género también literario

El presidente Nicolas Sarkozy tuvo hace una década en la escritora Yasmina Reza a su cronista de campaña con el libro El alba la tarde o la noche. Desde la exigencia literaria, la autora de Arte ayudó a modelar la imagen del futuro presidente. Literatura y cine, documental y crónica: la relación siempre ha sido íntima. En 1960 Robert Drew rodó Primary sobre la campaña de Kennedy; un año después, Theodore White publicó The Making of the President (Cómo se fabrica el presidente), el modelo de todas las crónicas electorales. En 1969 Joe McGinniss replicó con The Selling of the President (Cómo se vende el presidente) sobre las estrategia de comunicación para vender a Nixon en la campaña de 1968. Y en los setenta Timothy Crouse relataría en The Boys on the Bus (Los muchachos de autobús) la campaña desde la óptica del grupo de reporteros que seguían a los candidato. De Norman Mailer a Hunter S. Thompson, de Joan Didion a David Foster Wallace, los clásicos de las letras de EE UU se atrevieron con el género de campaña. ¿Quién le escribirá a Donald Trump? En Francia, es en el formato del documental televisivo donde Emmanuel Macron —pese a ser un letraherido: lector sofisticado y novelista frustrado— ha encontrado quien retrate de forma más afinada —y también más cómoda para él— su ascenso al poder.

Hay diferencias entre The War Room y Macron: el camino a la victoria, distribuida este año por Netflix. Hegedus y Pennebaker no lograron pleno acceso al protagonista de la campaña, Clinton, y convirtieron en protagonistas a sus asesores James Carville y George Stephanopoulos, y el resultado fue óptimo: un dúo que ya es un clásico del género.

El documentalista Yann L’Hénoret, en cambio, pudo acompañar de muy cerca de Emmanuel Macron para rodar Macron: el camino a la victoria. No solo no hay voz narradora en su documental, emitido en la cadena TF1 el 8 de mayo de 2017, un día después de la elección. El autor nunca pregunta, ni interviene, al contrario que en Journeys with George (Viajes con George), de 2002, en la que la documentalista Alexandra Pelosi explicaba la victoria de George W. Bush desde el punto de vista de los periodistas que cubrieron la campaña.

L'Hénoret, que se considera realizador y no periodista, se limita a observar. Es la técnica del show, don't tell —muestra, no expliques— llevada al extremo. Pero explica, y mucho. La admiración y la amabilidad con el candidato son inocultables, otro rasgo común en estos documentales. Cuando Netflix se estrenó Mitt en 2014, sobre fallida campaña del republicano Mitt Romney, el comentario habitual era: si los estadounidenses lo hubiesen visto en privado, habría logrado más votos y quizá habría ganado.

L'Hénoret capta escenas en las que aflora la personalidad de Macron: la mezcla de actitud adulta, casi de anciano de la política, con rasgos casi infantiles, o su conexión romántica, tan especial, con su esposa, Brigitte. Y otras que arrojan luz sobre la soledad del poder: "Nunca estaré seguro, porque el país es así hoy", les dice a sus colaboradores, que le desaconsejan ir a debatir con unos huelguistas en una fábrica. "Si escucháis a los tíos de seguridad, acabaréis como [el entonces presidente François] Hollande, muertos".

Otro momento clave: la llamada por teléfono con Barack Obama. Parece que se cierre un círculo. No es sólo un expresidente hablando con un futuro presidente sino un personaje de un documental (Barack Obama. Camino hacia el cambio, de Amy Rice y Alicia Sams, estrenada en 2009 por la cadena HBO) hablando con el personaje de otro documental. Porque este es un rasgo común entre todos los protagonistas: Carville y Stephanopoulos, Obama y Macron son todos actores brillantes. El público tiene la impresión de que nunca, mientras la cámara siga rodando, dejarán de actuar.