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Matar al superhéroe del cómic

La Feria del Libro de Guadalajara estrena por primera vez el salón del cómic y la novela gráfica dispuesto a romper los estereotipos en torno al género

Un hombre junto a un muro ilustrado en la FIL
Un hombre junto a un muro ilustrado en la FIL

María Luque sólo había leído dos novelas gráficas antes de escribir la suya. No eran de aventuras, ni las protagonizaba un hombre con poderes sobrehumanos. Se trataba de la vida ilustrada de mujeres corrientes. Y no tenía ni idea de que eso fuera posible. Ella únicamente dibujaba "cosas pequeñitas". Unos años más tarde, el segundo libro que ha publicado en su carrera —Casa Transparente (Sexto Piso, 2017)—se ha ganado un premio internacional de cómic y lo ha recogido esta semana en uno de los eventos editoriales más importantes del mundo. Porque la Feria del Libro de Guadalajara viene dispuesta a matar al superhéroe.

La cita del libro en español más grande se ha propuesto un reto: incluir por primera vez en su amplia oferta de actividades un invitado hasta ahora camuflado entre cientos de expositores. Y romper los estereotipos para llegar a más gente. El cómic y la novela gráfica tendrán a partir de este jueves un espacio propio dentro del gigantesco recinto tapatío. Y esto ha sido recibido por los autores como un fenómeno sin precedentes en la historia del género.

"Queremos que la gente sepa que el cómic no trata sólo de superhéroes. Esto es lo que nos va a diferenciar de otras exposiciones de este género. No es que tengamos nada en contra de ellos, pero al final alcanzan un target muy específico y nosotros lo que queremos es que se amplíe a todos los públicos, incluso a los que nunca habían leído novela gráfica", cuenta el coordinador de expositores de la FIL y responsable del espacio, Armando Montes. 

A mi generación y a la que sigue, nos ha tocado legitimar la historieta en México. Y nuestro logro histórico ha sido llevarla de los quioscos a las librerías

El autor Bernardo Fernández, Bef

El foro pretende ser uno de los espacios más interactivos con los lectores. "La idea es que en los años próximos podamos organizar más actividades con profesionales y que dure toda la feria", precisa montes. Cuatro días en 300 metros cuadrados. Habrá un área de exhibición con 27 estand con la presencia de México, Colombia, Ecuador, Argentina y Estados Unidos, además de unas repisas para numerosas editoriales independientes del género en Latinoamérica. También habrá una zona dedicada a las charlas con autores —jóvenes y consolidados— y presentaciones de libros. Dos talleres, uno de ilustración y otro de guion. Y unas mesas de trabajo, donde unos 66 artistas se sentarán para regalar su arte o firmar sus obras. 

La carátula del libro del escritor mexicano Bef.
La carátula del libro del escritor mexicano Bef. Cohete Cómics

El editor colombiano de Cohete Cómics, Pablo Guerra, que estará presente en algunas de las conferencias del salón, apunta que "ya hacía falta" que se creara un espacio como este. El también escritor y crítico hablará del potencial del género dentro de la industria: "Hay un aumento diferencial en la producción en varios países latinoamericanos que nace de manera independiente, asociada a blogs y a la autopublicación, y ahora por fin retoma desde espacios formales". Y, aunque reconoce que vivir del oficio en América Latina es todavía difícil, cree que lo importante es que se comience por "entenderlo como un lenguaje único, no como un subproducto de la palabra escrita". Guerra añade que los pioneros en la región son los argentinos y los chilenos, pero advierte un tímido boom en Colombia, México y Ecuador.

"La historieta tiene una presencia importantísima en Latinoamérica y en México en particular, pero con la triste característica de que siempre ha sido considerada como una artesanía menor, algo que la gente leía en el transporte publico, y era desechable", explica el autor mexicano Bernardo Fernández, más conocido como Bef. "A mi generación y a la que sigue, nos ha tocado legitimar la historieta en México. Y nuestro logro histórico ha sido este: llevarla de los quioscos a las librerías", explica el novelista, máximo exponente del género en su país.

Un extracto de 'Casa transparente' de María Luque.
Un extracto de 'Casa transparente' de María Luque. Sexto Piso

Otro historietista, que creció leyendo Astérix, Mortadelo y Filemón y Tintín, autor de Arrugas (Astiberri, 2008), el español Paco Roca, añade que el público ha cambiado y ha percibido un aumento del interés femenino por el género. "Estos nuevos lectores ya no le dan tanta importancia al grafismo y buscan identificarse con las historias. Las editoriales generalistas apuestan por aquellos que no son los habituales del cómic, pero que pueden ir picoteando lo que les interese". Roca, que ha intervenido en la FIL durante el Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas otorgado a María Luque, ha comparado satisfecho la instalación del nuevo salón con un festival de cine: "Es como si se juntara en un mismo festival el porno, el de terror, la comedia...".

"Como editor independiente de novela gráfica, llegarle al mismo público que lleva 50 años leyendo manga me parece un error. Me gusta pensar en que alguno de nuestros libros puede ser la primera novela gráfica para un lector. Tratar de no responderle a lo que cree que ya sabe, desubicarlo un poco", apunta Guerra.

Persépolis, de la iraní Marjane Satrapi, fue la primera de María Luque. Y a partir de ahí se convenció de que algún día podría hacer lo mismo. En unas páginas que nunca hubiera imaginado que podrían publicarse y mucho menos venderse, aparece la misma chica que habla a este diario, con unos lentes rojos de ojo de gato y una sonrisa emocionada. "Queremos ser un semillero para que aquí se desarrollen los nuevos talentos de Latinoamérica", confiesa Montes.

"Cuando pensamos en el cómic convencional siempre nos remitimos a los superhéroes, que son personajes corporativos. Y me encantan. Pero el cómic autoral, que expresa los sentimientos y preocupaciones de un autor, es el menos conocido. Eso no lo puede hacer el hombre araña", concluye Bef sobre lo que se mostrará en el nuevo espacio de la FIL. Y remata: "Es como elegir entre ir al McDonalds o comer un menú en un restaurante donde el plato lo ha cocinado una persona real".

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