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Carmena en la capital de los libros

Madrid estos días se constituye simbólicamente en la principal de las ciudades epicentro de la escritura latinoamericana

Guadalajara (México)
Trabajadores ultimando detalles, ayer por la tarde, en la Feria Internacional del Libro (FIL), en Guadalajara (México).
Trabajadores ultimando detalles, ayer por la tarde, en la Feria Internacional del Libro (FIL), en Guadalajara (México). Efe

El mundo de los libros hispanoamericanos tiene tres capitales. Una es la que fundó Carmen Balcells en Barcelona, donde se consolidó el boom a partir de los lazos que irradió desde allí la superagente de los escritores que le dieron sentido al boom. Guadalajara, donde sucedió el milagro de la FIL, ha prolongado con contundencia la idea literaria, pero también política, de que el español que nos une es también una impresionante plataforma de desarrollo. Y Madrid, que es estos días se constituye simbólicamente en la principal de esas capitales, gracias a la perspicacia con la que Manuela Carmena, la alcaldesa, acogió la idea que le llevaron al Ayuntamiento de la capital de España Raúl Padilla, presidente de esta feria increíble, y Marisol Shultz, la directora del evento.

Que Madrid sea la ciudad invitada (y no han sido muchas las que han tenido ese privilegio en los más de treinta años de FIL) se debe a esa conjunción Padilla-Carmena; a Padilla Madrid siempre le latió como el lugar del que debían partir iniciativas centrales de este lugar de los libros hispanoamericanos en que se ha convertido Guadalajara. A lo largo de los años decenas de escritores de Madrid han venido con su imaginación o sus ideas a la Feria. Y ahora viene Madrid como entidad creadora, de la mano de Manuela Carmena y de un equipo que ha combinado juventud y veteranía, riesgo y aventura, clasicismo y vanguardia, cuya metáfora es el pabellón creado por el arquitecto Alberto Campo Baeza.

Como le dijo Mario Benedetti a Daniel Viglietti cuando ambos juntaron verso y música, había que hacer algo con esta casualidad: que Madrid fuera propiamente el lugar homenajeado es la consecuencia de años en que la ciudad cuyos destinos dirige ahora Manuela Carmena ha mantenido una de las grandes ferias del libro de nuestro idioma, el sitio en el que más actos culturales relacionados con escritores se celebran en Europa y, además, Madrid es, como Barcelona, la ciudad que acogió a los escritores hispanoamericanos más importantes del siglo XX, desde Alfonso Reyes y Octavio Paz a Mario Vargas Llosa y Rubén Darío.

Y que sea Carmena el gozne natural de esta iniciativa es, también, una consecuencia generacional: tras la Transición, de la que ella ha sido una de las protagonistas decisivas, desde su dedicación a la abogacía y a la judicatura, Madrid se ha convertido en una capital de acogida de aquellos hispanoamericanos que han buscado refugio político, trabajo o el cumplimiento de sus vocaciones intelectuales o literarios. Ella misma es una gran lectora, una activista social, y una de las divisas de su ayuntamiento es el de abrazar América Latina como destino y también como origen de lo que es hoy la realidad múltiple de la ciudad de Madrid: una ciudad en la confluye América Latina en todas sus dimensiones, las felices y también aquellas que convierten ese territorio en un continente en movimiento difícil y continuo.

Guadalajara es desde hace décadas la capital mundial del Libro en nuestra lengua. Este sábado la alcaldesa sumó su ciudad a esa capitalidad, unió Madrid, los escritores de Madrid, los símbolos de Madrid, al itinerario de la mejor feria del español del mundo. Esta unión Madrid-América forma parte de la biografía del alma y de la piel de España y tiene su capital en Guadalajara, la ciudad de los libros en los que el Ayuntamiento de Madrid y Manuela Carmena son estos días, acompañados de cientos de creadores, los auténticos reyes del baile.