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Serrat alerta del “limbo de la tierra prometida” del independentismo

El cantante pide el relevo de los presidentes español y catalán para buscar soluciones al conflicto secesionista antes de recibir la Alta Distinción de la Generalitat valenciana

Acto de entrega de la medalla de las Altas Distinciones de la Generalitat Valenciana a Joan Manuel Serrat por el president Ximo Puig. MONICA TORRE

“Siempre me he sentido muy a gusto aquí. Por razones culturales, lingüísticas y maneras de entender la vida” declaró Joan Manuel Serrat a su entrada al Palau de la Generalitat para recibir de manos del presidente valenciano, Ximo Puig, la Alta Distinción, reconocimiento también otorgado a la catedrática de Ética Adela Cortina y a la filántropa Hortensia Herrero, dentro de los actos del 9 de octubre, festividad valenciana.

Aterrizado directamente de Argentina, donde le ha llevado la gira de los 20 años de El gusto es nuestro, Serrat, de 73 años, volvía a encontrarse en el centro de todas las miradas con la cuestión catalana de fondo, frente y perfil. “Creo que todavía queda un espacio grande de negociación” al mismo tiempo que deseaba que haya un “mínimo de sensatez y madurez política”. “Uno no se acuesta español y se levanta catalán, cien por cien, sino que todo esto será resultado de un proceso muy largo en el que intervienen factores que quizás no han sido suficientemente aclarados”. Y añadía. “Yo confío en que alguien habrá que si los que hoy en día no saben hacerlo, organice para que vengan otros que tengan mayor capacidad, disponibilidad y voluntad para poder hacerlo”.

Contra el vicio de intentar partirlo todo

Las valencianas Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política, y Hortensia Herrero, vicepresidenta de Mercadona y mecenas, recibieron ayer también las Altas Distinciones de la Generalitat, junto con Joan Manuel Serrat. Cortina intervino en el acto en representación de los tres y sostuvo que en la sociedad “nadie sobra” porque “todos somos imprescindibles, no para hacer murallas y levantar barreras sino para lo contrario, para derribar muros y buscar lo que nos une y no lo que nos separa”. La filósofa y colaboradora de EL PAÍS afirmó que no se debe “caer en el vicio de intentar partirlo todo” e instó a trabajar juntos para atender “problemas urgentes” del siglo XXI, como la necesidad de “erradicar la pobreza y el hambre”.

Hortensia Herrero destacó el “honor” de recibir el reconocimiento de la Generalitat. “Ya soy Hija Predilecta [del Ayuntamiento de Valencia] y ahora, con la Alta Distinción, el pueblo ya no me puede dar más”, señaló. La esposa de Juan Roig insistió en que la labor de rehabilitación del patrimonio cultural que desarrolla es “una manera de contribuir a la sociedad y poner la cultura de Valencia en el mundo”.

La distinción de la Generalitat Valenciana se une al reciente honoris causa concedido por la Universidad Nacional de Rosario, la ciudad argentina donde el cantante en su discurso de agradecimiento volvió a reclamar diálogo entre los dos gobiernos mientras echaba mano del escritor y ensayista Joan Fuster para señalar que “un fracaso nunca se improvisa, se construye”. Un Serrat que exigía al Gobierno español que “por una vez tomara la iniciativa y en lugar de mandar contra la ciudadanía las fuerzas de seguridad muestre voluntad de conversar con las fuerzas políticas catalanas”; y al Gobierno catalán que, “antes de enviarnos a todos los catalanes al limbo de la tierra prometida de la independencia, nos podía hablar de los costos que nos va a representar ir al cielo o bien eche una mano para solucionar esta situación de crispación que no nos merecemos vivir”.

Por Miguel Hernández

Acompañado de su mujer Candela Tiffon, el cantautor saludaba a amigos como la cantante Soledad Giménez o el también cantautor y productor Lluís Miquel, viejos camaradas y cómplices de los tiempos de Els Setze Jutges y la Nova Cançó. Las canciones de Serrat se colaban mientras tanto en las palabras de presentación de la vicepresidenta del Consell, Mónica Oltra, y hasta en el discurso institucional de Puig, al recordar la gran manifestación que hace 40 años reclamaba por las calles de Valencia, “Llibertat, Amnistía y Estatut d’Autonomia” parafraseando la letra de su canción Fa vint anys que tinc vint anys y reivindicando la fuerza que declaraba aquel primer Serrat, el músico juvenil que alzaba su voz para cantar “a los hombres que han nacido de pie, que viven de pie y que de pie mueren”.

En el 75 aniversario de la muerte del poeta Miguel Hernández, la Generalitat ha querido distinguir al que ha sido su máximo difusor popular. “Si he cantado los versos de Miguel Hernández o de Machado lo hice porque sonaban a canciones. Canciones bellas e inteligentes que a mí me hubiese gustado escribir”.

Después de la ajetreada mañana institucional, y más relajado, el cantante compartió con un reducido grupo de amigos una paella en un conocido restaurante del barrio del Ensanche, uno de los sitios preferidos del cantautor en su mapa gastronómico valenciano. La sobrecarga de emociones de estas últimas semanas dejaba paso a las anécdotas, las bromas y las confidencias.

Como regalo inesperado recibió el último disco de Chico Buarque, Caravanas. “La primera vez que nos vimos fue en Lisboa en una cena irrepetible junto con Amália Rodrigues y Vinícius de Moraes, luego volvimos a coincidir en el Midem, el festival de música, en el que los dos actuábamos”. “Su obra, como me ocurre con la de otros cantantes, como Jacques Brel, Georges Brassens o Atahualpa Yupanqui, es una de mis referencias musicales”, explicó el cantante catalán. Los nombres de Serrat y Chico Buarque, junto con otros artistas, han vuelto a aparecer de manera conjunta en estos últimos tiempos para reclamar la dimisión del ministro de Cultura de Buenos Aires, Darío Lopérfido, por sus declaraciones negando la cifra de desaparecidos durante la dictadura argentina.

El ‘xiquet’ del Poble Sec

Ferran Bono

En estos días se comenta por Valencia, no sin amarga retranca, que la terreta vuelve a contar con un sistema financiero gracias a la deriva soberanista de los catalanes, con los que la relación ha sido y es de amor y odio, según el lenguaje polarizado al uso que desprecia la realidad poliédrica. Quién lo iba a decir. La Comunidad Valenciana ha pasado de lamerse las heridas por la pérdida de Bancaja, la CAM o el Banco de Valencia, que se dejaron sangrar por pasados delirios políticos en forma de proyectos mediáticos, a acoger la sede social de CaixaBank (Valencia) y del Banco de Sabadell (Alicante). Y ayer la Generalitat (la valenciana, y no la catalana) concedió su máxima distinción a un cantante catalán muy popular en Latinoamérica y España, además de un icono de Barcelona, Joan Manuel Serrat. No en vano, ‘el noi del Poble Sec’, que alude a su barrio natal, es uno de sus sobrenombres característicos. El otro es ‘el nano’ y lo vincula directamente con Valencia, donde es muy difícil no escuchar en la calle el vocativo “nano” (pronunciando la o, y no la u del barceloní) para llamar a alguien coloquialmente.

Serrat incidió en que se siente “muy ligado” a la Comunidad Valenciana “por razones culturales, lingüísticas y por las maneras de entender la vida” y no evitó ninguna pregunta sobre la realidad política catalana, a pesar de los insultos que ha recibido por criticar abiertamente el referéndum del 1 de octubre por falta de transparencia y por no reunir los requisitos. Ayer todo fueron aplausos. La Generalitat desvinculó el premio del conflicto y se preguntó si alguien puede dudar de que la obra, la trayectoria y la ética del ahora valencianizado cantante, del xiquet del Poble Sec, merecen la más alta distinción.

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