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Un arbitraje internacional frena la ‘rueda’ de la SGAE

El laudo de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual impone a la entidad que los ingresos por la música nocturna no superen el 20% del total

Escaleras interiores del Palacio de Longoria, sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), en la calle Fernando VI de Madrid, obra del arquitecto José Grases Riera.
Escaleras interiores del Palacio de Longoria, sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), en la calle Fernando VI de Madrid, obra del arquitecto José Grases Riera.

La SGAE no supo, ni pudo -¿ni quiso?- parar la rueda. Más bien, acabó arrollada. La trama entre algunos socios de la entidad y directivos de televisiones para embolsarse ingresos disparados gracias a la música emitida de madrugada generó un fraude de al menos 100 millones de euros entre 2006 y 2011, controló el Gobierno del organismo, además de perjudicar a los 120.000 creadores inscritos en la SGAE, según el juez Ismael Moreno, de la Audiencia Nacional, que investiga el caso. Ante la condescendencia interna, dos asociaciones de editores musicales, AEDEM y OPEM, buscaron un deus ex machina: llevaron a la SGAE ante un arbitraje de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Y el laudo, emitido hoy y al que ha tenido acceso EL PAÍS, pone palos relevantes en la rueda. El documento, “una sentencia en firme”, según una fuente de la entidad, será aplicado ya a partir del próximo reparto de los ingresos entre los socios, en diciembre.

De las televisiones procede la mayoría de los más de 200 millones que recauda anualmente la SGAE. Y las canciones de madrugada han llegado a suponer entre el 50% y el 70% de esos ingresos, pese a representar el 1% de la audiencia. Es decir, ríos de dinero para los cabecillas de la trama. Pues bien, el laudo establece que ese porcentaje oscile entre el 10 y el 20%, aunque recomienda que se quede en un 15%. El texto aborda además otra cuestión clave: muchas de las canciones con las que la rueda ganaba ingresos consistían en música inaudible, emitida de fondo y difícil de percibir para el espectador. Los tres árbitros sentencian: “Los fondos no audibles o inaudibles no pueden generar derecho alguno de reparto. Y para los escasamente audibles parece razonable reducir un 50% la asignación de derechos".

El laudo llega al fin, tras varias semanas a lo Godot: siempre estaba a punto de anunciarse y otras tantas veces se retrasaba. Pero su aterrizaje complica, y mucho, el fraude de la rueda, una trama de varios niveles. En el centro, unos socios de la SGAE que actuaban como intermediarios. Por un lado, contrataban a decenas de músicos para grabar miles de canciones, o ellos mismos las tocaban. En algunos casos era “música mala”, según la policía; en otros, obras de dominio público con unos pocos arreglos o incluso ninguno. Luego, las depositaban como propias -o con el nombre de algún testaferro- en el registro de la SGAE. Las televisiones, gracias a directivos implicados en la trama, adquirían esos temas a precio de rebaja para sus editoriales y llenaban con ellos los programas nocturnos. Resultado: cuanto más se emitieran estas canciones, más derechos generaban y más ingresos para todos. Así, de paso, las emisoras recuperaban parte del dinero que pagaban anualmente a la SGAE por el uso de su repertorio.

El fin del conflicto

"Con este laudo se pone fin a un largo conflicto que ha afectado a la SGAE en relación con el reparto de derechos de autor en las denominadas franjas horarias nocturnas en las televisiones", ha afirmado la entidad en un comunicado, emitido hoy jueves. 

"El laudo es de aplicación directa, por lo que los distintos departamentos de la SGAE ya trabajan en la puesta en marcha de los cambios necesarios para que el próximo reparto de los derechos de televisión se rijan por estos criterios y se introduzcan en la normativa interna de la organización", agrega el documento .

El fenómeno era conocido dentro de la SGAE: la entidad lo investigó en 2013 sin llegar a ninguna sanción. De ahí que el escándalo solo volviera a saltar hace un mes, cuando una operación policial contra la rueda produjo 18 detenciones. Tuvo que ser, cómo no, otra intervención externa.