Año Cervantes: mucha cantidad, menos calidad

El rey clausurará el próximo lunes en el Palacio de Oriente el cuarto centenario del autor con poco entusiasmo por parte de los expertos sobre su resultado

Retrato de Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1615), realizado por Juan de Jáuregui.
Retrato de Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1615), realizado por Juan de Jáuregui.

Empezó tarde, disperso, con grandes carencias de estrategia y organización. Y acaba estos días con aire agridulce. En torno al cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, enterrado el 23 de abril de 1616 en Madrid, la comisión encargada de la conmemoración ha organizado cerca de 500 actos en todo el mundo, según el balance del Ministerio de Educación y Cultura hecho público a finales de 2016. El último correrá a cargo del rey Felipe, que clausurará las actividades el próximo lunes en el Palacio Real con actuaciones, lecturas y discursos. La pregunta parece obligada: ¿ha tenido el año Cervantes el calado deseado para una ocasión de tal envergadura? La conclusión de algunos implicados y expertos resulta clara: la efemérides arroja un saldo de "mucha cantidad, pero menos calidad".

En el programa de la clausura están previstos una lectura del actor, director de La Abadía y académico de la RAE José Luis Gómez y otra del poeta Antonio Colinas. También la actuación de grupos de música antigua como Zarabanda y teatrales como Ron Lalá, en un acto que estará presentado por las intérpretes Concha Velasco y Aitana Sánchez Gijón. Será escenificado bajo la supervisión de Helena Pimenta, directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y retransmitido por televisión.

La iniciativa ha partido de la Casa del Rey. La preocupación del monarca por la celebración ha sido constante. Más desde que, a raíz de la preparación de su viaje a Reino Unido, se diera cuenta de que los británicos sacaban mucha ventaja en las conmemoraciones en torno a William Shakespeare, de cuya muerte también se ha celebrado en 2016 el cuarto centenario.

Allí, la primera semana de enero, el entonces primer ministro David Cameron escribió un artículo que dio la señal de salida a los actos; en España, en febrero, aún no se tenían noticias sobre Cervantes desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que dirige Íñigo Méndez de Vigo. Ahora, preguntados por EL PAÍS, ningún cargo del mismo ha querido ofrecer un balance más allá del recuento enviado en una nota a los medios de comunicación en la que declaran unas "cifras muy satisfactorias en cuanto a programación y asistencia de público a las actividades programadas, cerca de 500". En el comunicado, enviado a finales de diciembre, se aseguraba que más de dos millones de personas habían asistido a algunos de los actos celebrados.

Algunos hitos de la conmemoración

Salvados los escollos de improvisación del principio del año Cervantes o el hecho de que el ministerio de Hacienda no previera justo en 2016 la dotación para el premio que lleva su nombre (y que ganó Eduardo Mendoza), entre el océano de actividades  destacan dos exposiciones relevantes: la presentada en la Biblioteca Nacional (BNE) bajo el título Miguel de Cervantes, de la vida al mito (1616-2016), comisariada por el profesor José Manuel Lucía Megías, con cerca de 80.000 visitas o Quijotes por el mundo, organizada por el Instituto Cervantes, ambas con participación de Acción Cultural Española (AC/E).

La catalogación y digitalización del fondo cervantino de la Biblioteca Nacional, poseedora de la mayor colección del mundo sobre el escritor, servirá de provecho para la investigación de su figura en todo el mundo. Ha supuesto la catalogación de 25.700 ejemplares relacionados con el autor, entre los que se incluyen monografías, manuscritos, mapas, grabados, dibujos, fotografías, exlibris, partituras, grabaciones sonoras, vídeos y revistas de todas procedencias para un catálogo accesible en la web de la BNE.

Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, tiene su propio punto de vista sobre este año Cervantes: “Hemos pecado de cierta dispersión. Al verse envueltas diferentes autonomías con entusiasmo, lo que es bueno, no creo que hayamos logrado un diseño eficaz desde el punto de vista organizativo. Por tanto, me temo que, al final, hemos cubierto los objetivos. Pero poco más”. Según Villanueva, el acontecimiento merecía tratamiento de asunto de Estado. La interinidad del Gobierno en funciones afectó en un principio, aunque la fecha estaba prevista hace mucho tiempo. Cuando, avanzado 2016, nada se sabía de los trabajos de coordinación, el Rey transmitió a diversas instituciones su preocupación. El espejo, al mismo tiempo, del año Shakespeare, retrataba la dejadez política respecto a Cervantes en España. La Historia, en cierto sentido, se repetía. Mal tratado en vida, meramente tolerado en la posteridad.

Cierto es, según Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, lo siguiente: el autor del Quijote cuenta con menos bazas espectaculares que su colega inglés a la hora de ser reivindicado. Si bien coincide con el análisis de mucha cantidad pero escasa calidad en las propuestas, trata de justificar el resultado: “Shakespeare siempre relucirá más gracias al teatro. Cervantes fue dramaturgo, aunque en ese género, quedó ensombrecido en vida por aquel monstruo, tal y como lo calificaba él, de Lope de Vega. Su poesía fue discreta, aunque mejor de lo que muchos sostienen. Su fuerte es la invención de la novela moderna con El Quijote”, afirma García de la Concha.

Sí se ha producido en este tiempo, añade, un viraje espectacular en torno a su figura y tratamiento biográfico. “No vistoso en cuanto a difusión, pero de gran calado e importancia. Algo que, sin duda, quedará. Se produce en el ámbito de la universidad, sobre todo con las apariciones de dos biografías, a mi juicio, fundamentales, que han transformado la concepción que tenemos del escritor: la de Jordi Gracia, Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía (Taurus) y La figura en el tapiz (Pasado&Presente), de Jorge García López”.

García de la Concha reivindica también la publicación de esa edición del Quijote supervisada por Francisco Rico que ha vuelto a impulsar la RAE y los, a su vez, 500 actos que ha llevado a cabo el Instituto Cervantes en todo el mundo bajo su mandato. José Luis Gómez teme también que el centenario haya pecado de dispersión y que “apenas haya tenido impulsos originales”. Pero este hombre encomendado al teatro no ve mejor manera de cerrarlo que leyendo uno de los fragmentos más grandiosos escritos por él: “Esa lección suprema de buen morir que es el testamento de Alonso Quijano”, añade.

Justo antes de dictar últimas voluntades, el propio Quijote, transformado cuerdo en Alonso Quijano, El bueno, ve como el bachiller Sansón Carrasco, ante el anuncio de su propia muerte, le dice que se deje de cuentos. El caballero responde: “Los de hasta aquí –por los cuentos- que han sido de mi daño, los ha de volver mi muerte, con ayuda del cielo, en mi provecho”.

El tiempo dirá, si el relato de este poco satisfactorio cuarto centenario habrá servido para algo.

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Sobre la firma

Jesús Ruiz Mantilla

Entró en EL PAÍS en 1992. Ha pasado por la Edición Internacional, El Espectador, Cultura y El País Semanal. Publica periódicamente entrevistas, reportajes, perfiles y análisis en las dos últimas secciones y en otras como Babelia, Televisión, Gente y Madrid. En su carrera literaria ha publicado ocho novelas, aparte de ensayos, teatro y poesía.

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