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De YouTube a la Filarmónica de Berlín

A Arturo Cardelús le encargó obra un solista de la orquesta tras ver su vídeo en la Red

El compositor Arturo Cardelús.

Puede alterarse una vida desde lejos, desde, digamos, 9.000 kilómetros, la distancia que separa Berlín de Los Ángeles. Por un gesto, algo cotidiano, vacuo casi siempre y que, esa vez, deja de serlo. Alguien, digamos que ese alguien se llama Laurentius Dinca y es primer violín de la Filarmónica de Berlín, teclea en el buscador de YouTube las palabras “tango” y “violín” y se topa con una melodía con aroma a Piazzola y apellido español. La intérprete Maureen Choi había convencido a Arturo Cardelús (Madrid, 1981) de subir lo que acababa de componer a la Red y, varios mails cruzados con Dinca después, vencida la incredulidad de lo que, por fortuito, creyó una broma, Aire de tango creció hasta convertirse en una pieza de cuatro movimientos para piano y cuerda donde, las cuerdas —chelo, contrabajo, viola y violines—, están en manos de los solistas de una de las orquestas sinfónicas más emblemáticas del mundo.

Había pasado por la academia Franz Liszt de Budapest y la Royal Academy de Londres —allá decidió que necesitaba algo más que tocar el piano para expresarse, que sería compositor— y, tras eso, le habían becado para estudiar y graduarse (suma cum laude) en Berklee, Boston. Sin embargo, la carrera de Cardelús se decantó con ese gesto. “Las redes sociales son la mejor manera de que a los que acabamos de llegar nos escuche mucha gente. Antes tenías que ser una estrella para que te oyera alguien en Japón. Julio Iglesias. Mi último vídeo en tres horas tenía más de 50 reproducciones desde Japón”, reflexiona Cardelús, que todavía responde personalmente a todos los comentarios que le dejan.

Se sienta ante el piano para presentar lo que resultó del nuevo encargo que Dinca le hizo, recién estrenado, una pieza de cámara que llamó Grace, como su primera hija. Corre aire frío y el instrumento, un Steinway de cola lacado en negro, suena demasiado “cantarín”, dice y se disculpa, mientras va probando con la banda sonora de Up o el himno del Real Madrid. El cine es su otra vía: “Me gustaría avanzar en las cosas que hago ahora: componer para conciertos pero también para películas”. Suya es la orquestación de El chico del periódico (2012), protagonizada por Nicole Kidman y John Cusack o, más recientemente, la banda sonora de la miniserie de Netflix Llamadme Francisco, sobre la vida de Jorge Bergoglio hasta la imposición de la mitra y la fumata blanca. De nuevo, otra plataforma de contenidos en Internet es la que ofrece máxima divulgación a su trabajo. ¿Ha cambiado el paradigma para los compositores aspirantes? “El mundo es más global que nunca, dónde vives ya no es importante”, explica Cardelús que, por experiencia, parece convencido de que las oportunidades pueden acometerse desde lejos. “Si tienes claro lo que quieres y trabajas duro cualquier cosa es posible”.

Él comparte ciudad de residencia, Los Ángeles, con otras figuras españolas de su disciplina como Lucas Vidal o Roque Baños, aunque su mudanza fue por amor: allí quería establecerse con su esposa, de nacionalidad estadounidense. Querría haber sido el autor de la música de Una historia verdadera, de David Lynch pero, ante la imposibilidad ontológica, fantasea con componer para Haneke y Plácido Domingo, otro español-angelino más. Con el hombre que alteró su vida sigue activo: “Laurentius” —Cardelús llama al violinista por su nombre de pila—quiere incluir a una soprano y mezclar con música electrónica”. Pronto lo oiremos también en una comedia de Sundance, Pecado original, se llama traducida, y en dos películas españolas. ¿Cuáles? ¿Con quién? Eso no quiere desvelarlo. También es disciplinado para guardar secretos.

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