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Cuando Europa se hizo piedra

La investigadora del CSIC Ana Rodríguez recibe 2,5 millones de la UE para estudiar la explosión de construcciones a partir del año 1050

Una calle de Segovia con la catedral al fondo.
Una calle de Segovia con la catedral al fondo. UIG via Getty Images

El gran medievalista francés Georges Duby describe así el paisaje de la Edad Media en torno al año mil en su clásico La época de las catedrales: “Muy pocos hombres —las soledades se extienden hacia el oeste, hacia el norte, hacia el este, inmensas y terminan por invadir todo—”. Asegura que las pocas construcciones son “chozas de piedra, barro o ramas reunidas en pequeñas aldeas” y que “de tarde en tarde, aparece una ciudad, penetrada por la naturaleza rural, que no es nada más que el esqueleto rejuvenecido de una ciudad romana, barrios enteros en ruinas contorneados por los arados”.

A partir del año 1050 y hasta 1300, este panorama cambió por completo, se “petrificó” en palabras de la investigadora española Ana Rodríguez. Durante aquellos siglos Europa se transformó, de las inmensas soledades se pasó a las construcciones de piedra y se urbanizó. Esta medievalista del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) acaba de recibir la ayuda a la investigación científica más importante que concede la Unión Europea, un ERC (Advanced Grants del European Research Council) de 2,5 millones de euros, para tratar de responder a la pregunta de por qué estalló la construcción en piedra justo en ese momento.

Es poco habitual que una investigación histórica reciba este tipo de ayudas, que permiten financiar un trabajo durante cinco años. De hecho, este proyecto es el único de humanidades (hay otros cuatro de ciencias sociales) entre los 12 ERC concedidos a España este año, uno de ellos al bioquímico Mariano Barbacid.

“Si alguien hubiese atravesado Castilla, de León a Toledo, en torno al año mil apenas hubiese hallado construcciones de piedra, alguna ermita, murallas romanas. Sin embargo, ese mismo recorrido, en 1300, estaría jalonado de todo tipo de edificios”, explica Ana Rodríguez (Madrid, 1964) en la sede de humanidades del CSIC en Madrid. “El hecho de que este fenómeno se produjese durante una época de amplio crecimiento económico aporta contexto, pero no una explicación”, asegura.

Ana Rodríguez, investigadora del CSIC.
Ana Rodríguez, investigadora del CSIC. EL PAÍS

“Nosotros partimos de la base de que, como estos edificios siguen estando allí, nos parece normal, pero no lo es”, prosigue Rodríguez, que estudió en París con uno de los grandes medievalistas europeos, Jacques LeGoff, cuya sombra está presente en este proyecto, marcado por la visión social de la historia. Se centrará no sólo en la arquitectura religiosa —iglesias, monasterios y catedrales—, sino en las construcciones civiles, en las torres medievales símbolos de poder que todavía marcan ciudades como Boloña o San Gimignano, en edificios de viviendas de la época, que pueden encontrarse aún ahora en numerosas ciudades europeas, o en edificaciones en el campo.

Ordenación del territorio

Rodríguez ha recibido la ayuda como investigadora principal —los ERC se conceden a una persona, no a una institución— y Sandro Carocci, de la Universidad degli Studi di Roma Tor Vergata, es el cobeneficiario. El título completo del proyecto es Petrifying wealth. The southern european shift to collective investment in masonry as identity. 1050-1300 (La petrificación de la riqueza. El tránsito en el sur de Europa a la edificación duradera como inversión colectiva en identidad).

El trabajo se centrará en los territorios que ocupaban los reinos cristianos de España, el sur de Francia e Italia y todavía no tiene claro cuántos expertos contratarán —entre 10 y 15—. La idea de la Riqueza petrificada surgió durante un viaje a Segovia con su compañero de proyecto. Vieron que la ciudad castellana tiene más de 20 iglesias románicas y que todas fueron construidas en un plazo de apenas 70 años, entre 1180 y 1250. “Es el momento en que se empieza a construir para perdurar en Europa por primera vez desde el Imperio romano. ¿De dónde sale esa enorme riqueza, porque construir es muy caro? ¿Por qué se invertía en piedra y no en otras cosas? Entonces nace la ordenación del territorio en el que vivimos ahora”, señala.

Justo durante esos siglos es cuando empiezan a instituirse formas estatales que forjarían la Europa moderna, el territorio cobra otra dimensión, las ciudades despiertan después de siglos relegadas, se multiplica el comercio —hacia 1160 se promulga el reglamento que rige las ferias agrícolas de Champaña—, comienzan a ser conocidos globalmente algunos productos —Giovanni Boccaccio habla por primera vez en 1350 del queso parmesano como algo ya reconocible—, se abren vías de comunicaciones a través de las peregrinaciones —la construcción de la catedral de Santiago de Compostela comienza en 1098—, se componen los cantares del mío Cid y de Rolland, que significan las primeras expresiones literarias en las lenguas nacionales, nacen las órdenes mendicantes de los dominicos y los franciscanos…

Todos estos acontecimientos cruciales tuvieron su traducción en piedra. Y Ana Rodríguez y su equipo van a tratar de explicar por qué. “El proyecto busca reescribir la historia social de la Edad Media haciendo hincapié en la necesidad de reevaluar desde una nueva perspectiva, un elemento que siempre había estado presente en nuestro imaginario del medievo, pero al que apenas se había otorgado la posibilidad de ofrecer explicaciones profundas de dinámicas sociales complejas”.

De las joyas a los muros y las tierras

En los siglos XI y XII se produjo un gran crecimiento económico y un aumento del comercio con las tierras dominadas por el Islam (paradójicamente, fue la época de las Cruzadas). Pero el hecho de que esta nueva riqueza se invirtiese en tierras y construcciones de piedra sigue representando un interrogante.

“En la alta Edad Media los monasterios invierten sus riquezas sobre todo en tesoros. Son sociedades en guerra y las joyas son muy facilmente transportables”, explica Rodríguez. Sin embargo, en el mismo periodo en que despegan las construcciones en piedra, las dotaciones de los monasterios comienzan a ser tierras. Este proceso coincide con la reforma gregoriana, que significa una expansión de la Iglesia como institución, y también de la ordenación del territorio.