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El paraíso para los seguidores de Prince... está en la Red

De forma sigilosa, YouTube se ha llenado de discos del cantante fallecido. Antes de su muerte, apenas había material

Prince, durante un concierto en Budapest (Hungría), en 2011.

El 21 de abril, el mundo recibió una doble conmoción. La brusca muerte de Prince empujó a millones de personas en busca de su inmensa obra. Pasmo general: descubrieron que prácticamente no había nada de Prince en YouTube, Spotify, Deezer o Apple Music. Ninguna sorpresa para los fieles. Desde 2007, Prince decidió borrar todo lo suyo en los sitios más populares. Tenía un argumento incontestable: “en YouTube eliminan el porno pero han elegido no quitar los contenidos ilegales de música y cine, esenciales para el éxito de su negocio”. De fondo, las miserables liquidaciones que YouTube o Spotify paga a artistas con millones de usuarios.

Contaba Prince con “un equipo de hermosas abogadas” y, sobre todo, con la empresa británica Web Sheriff, especializada en localizar material no autorizado y, mediante amenazas legales, conseguía que desapareciese en cuestión de horas. Claro, hubo excesos: se intentó intimidar a alguien que habían subido unos segundos de su niño bailando con el tema Let’s go crazy.

Esta madre podía alegar ignorancia de las obsesiones de Prince pero no era el caso de los 22 fans que fueron demandados, un millón de dólares por persona: compartían filmaciones de Prince en directo a través de Facebook o sus propias páginas web. La publicidad resultante fue tan negativa que Prince retiró las demandas. El mensaje, sin embargo, era nítido: tolerancia cero.

Y lo reforzó en 2015, cuando anunció que rompía con los servicios de streaming. Cargaba contra Spotify, ya que entre sus accionistas están las grandes discográficas que detesta. Por el contrario, sí pactó con Tidal, que funciona por suscripción. Razonó que era una iniciativa de artistas (su cara visible es Jay-Z) y se calló que, necesitado de contenido exclusivo, Tidal ofrece adelantos suculentos. Forma parte del modelo de negocio de Prince, que anteriormente ha vendido estrenos a tiendas como Target o Best Buy, sin olvidar los títulos que “regalaba” con periódicos.

Una avalancha de Prince

Conscientes de tales antecedentes, el mismo 21 de abril, los admiradores empezaron a subir sus joyas discretamente. Gran alivio: no recibieron la habitual takedown notice, el aviso para retirar ese material de YouTube. Igual ocurrió con medios que almacenaban entrevistas cuya redifusión estaba prohibida por Prince: por ejemplo, los 38 minutos con Larry King, emitidos por CNN en 1999 o las diversas apariciones en MTV.

El levantamiento del veto es implícito. No se sabe quién cambió las reglas: cabe imaginar que los posibles herederos —encabezados por su hermana menor, Tyka Nelson— decidieron que las dramáticas circunstancias exigían que las masas tuvieran acceso a discos y directos de Prince a través del principal canal por el que ahora se consume la música.

Hemos pasado del cero al infinito. Centenares de vídeos de calidad variable; ahora podemos disfrutar de The undertaker, largometraje de 1994 que combinaba un mensaje antidrogas con rock duro. Del mismo modo, reaparecen grabaciones de sus legendarias jam sessions tras el concierto principal, donde se puede tomar medida de la auténtica talla del músico, libre de la obligación de tocar sus grandes éxitos, como Small club, registrado en Holanda en 1988.

La riada de YouTube crece cada día y el aficionado haría bien en sumergirse antes de que, ay, alguien mande parar. Si el mundo de Prince fuera medianamente normal, ya deberían estar preparando la reedición de los títulos desaparecidos del mercado, por no hablar del Santo Grial: los centenares de horas de música y vídeo que duermen en los archivos de Paisley Park; muchas cintas están desordenadas —algunas, incluso deterioradas por una inundación— pero existen listados del contenido de abundantes álbumes que se anunciaron y nunca se materializaron.

Un primer paso sería llamar a Alan Leeds, veterano de la industria que puso orden en el caos discográfico de James Brown, con magistrales recopilatorios como la caja Star time y los volúmenes de James Brown: the singles. Leeds trabajó con Prince entre 1983 y 1993 y gozaba de su confianza en asuntos musicales: colocó a su hermano Eric como saxofonista de The Revolution. En Alan Leeds depositamos nuestras esperanzas.

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