Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Muere Guy Hamilton, director de cuatro ‘bonds’

El cineasta inglés, fallecido a los 93 años, fue uno de los más taquilleros en los setenta y ochenta

El director Guy Hamilton, el 14 de mayo de 2005, en el festival de Cannes.
El director Guy Hamilton, el 14 de mayo de 2005, en el festival de Cannes. AFP

Hoy, sería uno de los grandes en los estudios de Hollywood, dirigiendo blockbusters de los que arrasan la taquilla. Porque la carrera del director inglés Guy Hamilton resulta profética para los tiempos actuales: sabía poner la cámara, calmar a las estrellas y filmar la acción. El cineasta, que falleció el jueves 21 a los 93 años en Palma de Mallorca, donde residía desde hacía cuatro décadas, logró así ser el responsable de títulos como Funeral en Berlín, Fuerza 10 de Navarone, La batalla de Inglaterra y sus cuatro bonds: James Bond contra Goldfinger, Diamantes para la eternidad, Vive y deja morir y El hombre de la pistola de oro.

Hamilton nació en París en 1922: su padre era el responsable de prensa de la embajada británica. Después de trabajar con 17 años en la oficina de contabilidad de unos estudios en Niza, se enroló en la Armada durante la Segunda Guerra Mundial. Al acabar la contienda (con una hoja de servicios brillante), volvió al cine y fue asistente de dirección de Carol Reed en El ídolo caído Desterrado de las islas y El tercer hombre (donde también suplió en algunos planos a Orson Welles), y de John Huston en La reina de África. “Para mí Carol fue como mi padre”, contaba en entrevistas. “Me enseñó todo lo que sé”.

Con su cuarto largometraje como director, el claustrofóbico The Colditz Story (1955), un taquillazo, llamó la atención de la industria británica en general, lo suficiente como para que cuando despidieron a Alexander Mackendrick del rodaje de El discípulo del diablo, con Laurence Olivier, Kirk Douglas y Burt Lancaster, le llamaran a él para acabarla. Ese mismo año, 1959, fue candidato al Bafta al mejor guion con Operación Robinson, protagonizada por James Mason, y entró en la órbita 007: los productores de la saga Bond, Albert Broccoli y Harry Saltzman, le ofrecieron dirigir Doctor No, pero compromisos artísticos previos – como Su mejor enemigo, con David Niven y Alberto Sordi, y Entre dos fuegos, con Robert Mitchum- le impidieron aceptar la propuesta.

Entró en el mundo Bond con James Bond contra Goldfinger (1964), y convenció a Broccoli y Saltzman con su apuesta por incentivar los diálogos del personaje de Pussy Galore (aunque en rodajes de posteriores filmes de la saga remarcó que las chicas bond son parte del decorado, sin carga interpretativa) y la innovadora vertiente dramática que acompañaba al tema Goldfinger, interpretado por Shirley Bassey. Saltzman le contrató para dos películas más en esos años sesenta: Funeral en Berlín (1966), con Michael Caine encarnado al espía Harry Palmer, y la épica La batalla de Inglaterra (1969).

Sus otros tres bonds sirvieron como puente de Sean Connery a Roger Moore: Diamantes para la eternidad, Vive y deja morir y El hombre de la pistola de oro, y tuvo mucho cuidado en instruir a Moore para que no imitara al escocés. Si Vive y deja morir es un extraño bond, con la primera canción rock de la serie, con vudú y muy pocos martinis, El hombre de la pistola de oro enseña a un Moore en plenitud de sus facultades cómicas y con todo tipo de artilugios perfectos e innovadores para disfrute del agente secreto.

Hamilton llegó a trabajar en la preproducción de La espía que me amó, pero prefirió dirigir Fuerza 10 del Navarone (1978), adaptación de otra novela del autor de Los cañones del Navarone, y que supuso el primer papel protagonista para Harrison Ford. El cineasta fue el elegido para dirigir Superman: la película (1978). Debido a problemas fiscales (solo podía permanecer en Inglaterra 30 días y el filme se rodó en los estudios Pinewood), declinó la oferta –también rechazó dirigir otra de superhéroes, Batman, en 1989- y Richard Donner llevó finalmente el cómic a la pantalla. Así que la carrera de Hamilton languideció con dos adaptaciones de novelas de Agatha Christie: El espejo roto, con Angela Lansbury como Miss Marple, y Muerte bajo el sol, en la que Peter Ustinov daba vida a Hércules Poirot. Sus dos últimos trabajos no fueron mejores: si en Remo, desarmado y peligroso (1985), su protagonista (Fred Ward) imitaba a un bond pobre, en Con perdón de usted (1989) no había chispa en la investigación de un detective de una compañía de seguros del robo de un icono medieval ruso.

Decidió retirarse a su casa balear con su segunda esposa, la actriz Kerima, a la que había conocido en 1951 en Desterrado de las islas, y en esa mansión, que aún hoy mantiene el aroma bond en su construcción y decoración, Hamilton falleció ayer jueves. Entre los más sentidos homenajes, en Twitter podía leerse el cariñoso recuerdo de Roger Moore, el Bond más en contacto con el universo de la saga, que hablaba de su “increíble tristeza”.