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ALBERTO MANGUEL | DIRECTOR DE LA BIBLIOTECA NACIONAL ARGENTINA

Manguel: “Internet mata la práctica de la curiosidad”

El escritor y crítico presenta en Buenos Aires su último libro, 'Una historia natural de la curiosidad'

Alberto Manguel en Buenos Aires.
Alberto Manguel en Buenos Aires.

Manguel presenta en Buenos Aires su último libro, Una historia natural de la curiosidad (Siglo XXI). Planteado en 17 capítulos, que son a su vez 17 interrogantes -¿Qué es la curiosidad?, ¿quién soy?, ¿qué hacemos aquí?, ¿qué hay después?, entre otros- Manguel invita a ejercitar la memoria y el poder de reflexión en un mundo en el que "los medios electrónicos nos dan la ilusión de tener toda la información a nuestra disposición".

Pregunta. ¿Vamos perdiendo la curiosidad con los años?

Respuesta. Creo que no. Pero los adultos en el caso de la niñez ponen barreras a la curiosidad. No preguntes eso, no debes saber eso, esa puerta no se puede abrir. Como individuos debemos sobrevivir en el mundo y para sobrevivir debemos preguntar. Pero la sociedad necesita protegerse de esa curiosidad que cuestiona las leyes, las reglas, las disciplinas. Una sociedad existe en la tensión entre la curiosidad del ciudadano y la imposición de reglas de las autoridades y ha sido siempre así. Ha cambiado el tema: en la Edad Media no podía el ciudadano hacer preguntas sobre lo que la iglesia consideraba del dominio de Dios. Ahora el ciudadano no tiene que hacer preguntas sobre el funcionamiento del Gobierno o de ciertas medidas comerciales o sociales, pero las preguntas siguen haciéndose. No sabemos cuáles serán los límites que la sociedad del futuro impondrá sobre nuestra curiosidad.

P. En la era digital en la que toda la información está accesible...

R. ¿Toda la información?

P. Buena pregunta. Ahora que tenemos la sensación de que hay mucha información que está accesible, ¿somos menos curiosos?

R. Séneca dijo que la acumulación de conocimiento no es conocimiento. Es cierto que los medios electrónicos nos dan la ilusión de tener toda la información a nuestra disposición. La impresión hace que no nos preocupemos por hacer las preguntas debidas y por ejercitar nuestro poder de reflexión y nuestra memoria. Decimos: ¿para qué vamos a recordar una fecha, un nombre, una información si puedo buscarla después cuando la necesite?. Como todo músculo que no usamos, se atrofia y ahora tenemos problemas de memoria.

P. Entonces ¿ahora somos menos curiosos?

R. No somos menos curiosos, pero quizás nos falte la práctica de la curiosidad. Todo ser humano se hace preguntas. Todo ser humano se pregunta qué hago aquí, cuáles son mis responsabilidades, si el universo tiene sentido.

P. ¿Internet mata la curiosidad?

R. La práctica de la curiosidad, que no alentamos por un motivo muy práctico: nuestra sociedad es una sociedad de consumo. El consumidor ideal no tiene curiosidad activa, porque sino se pregunta ¿por qué voy a comprar un par de jeans rasgados por 500 dólares?. La curiosidad activa no se alienta en los sistemas de educación, que evitan el diálogo. Hacen en las pruebas preguntas en las que hay que marcar verdadero o falso, sí o no, y la mayoría de preguntas interesantes no tienen esas respuestas. Hay un sistema que se instala en los métodos educativos que es contraproducente a la curiosidad y al conocimiento. Y creamos espacios sociales en los que el diálogo se evita, las conversaciones se evitan... En Nueva York no puedo encontrar un restorán o un café que no tenga la música tan fuerte e imágenes de televisión que permita conversar. Tengo una gran nostalgia por los cafés de mi adolescencia donde nos reuníamos y cambiábamos el mundo y redescubríamos las ideas platónicas y éramos los genios intelectuales de esa época.

P. En el libro habla de una curiosidad buena, que nos lleva al conocimiento, y una curiosidad mala, que nos dirige a la perdición. ¿Cuál es ahora la mala?

R. Ya lo dije. En este caso toda curiosidad es mala porque no contribuye al consumo.