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CRÍTICA | BIENVENIDOS A GRECIA

La humillación helena

Comedia de trazo grueso, la película ahonda en el estereotipo heleno de la mentira, lo vociferante y lo zarrapastroso

Christoph Maria Herbst, en 'Bienvenidos a Grecia'.
Christoph Maria Herbst, en 'Bienvenidos a Grecia'.

En su edición del 22 de febrero de 2010, la revista alemana de corte liberal Focus publicó un extenso reportaje en el que se ofrecían parte de las claves de la quiebra de las finanzas griegas y de los probables peligros para el euro y, sobre todo, para Alemania. El estudio se completaba en portada con una fotografía manipulada de la Venus de Milo, en la que esta hacía una peineta con el dedo de su brazo impostado por photoshop, coronada por un titular sin lugar a las dudas: "Los mentirosos de la familia del euro".

BIENVENIDOS A GRECIA

Dirección: Aron Lehmann.

Intérpretes: Christoph Maria Herbst, Adam Bousdoukos, Panagos Ioakeim, Akilas Karazisis.

Género: comedia. Alemania, 2015.

Duración: 88 minutos.

Han pasado seis años desde entonces, muchos otros reportajes, análisis, manifestaciones, desavenencias entre gobernantes y ciudadanos, recortes, investigaciones, préstamos, devoluciones y elecciones, y Alemania, no como país, sino como individuos o pequeños colectivos, sigue poniendo el dedo en la llaga griega. Ahora con una película, Bienvenidos a Grecia: producción germana del año 2015, aunque parta de una idea del año 2012, justo en medio de los peores momentos de la polémica, rodada en la islas de las Cícladas griegas. Una obra que, como recalca su título español, nace un tanto a la sombra de los recientes éxitos en varios países de la serie originada en la francesa Bienvenidos al Norte, y que se articula a través del contraste entre las actitudes, la educación y los modos de vida, desde lo más cotidiano al evidente terreno de la economía, de los alemanes y los griegos. Y una historia que trasciende su anécdota para instalarse en el terreno de lo global: el viaje de un empleado de un banco alemán, que ha concedido un préstamo a un ayuntamiento griego, para "un examen suplementario extraordinario del aval especificado", en una retórica que, claro, suena a ministro de economía.

Comedia de trazo grueso basada en el estereotipo, como toda esta serie de películas, Bienvenidos a Grecia tiene en realidad un mayor atractivo sociológico que cinematográfico. Ni la película es buena ni las situaciones son graciosas, pero su sola existencia, evidentemente sin la participación de ninguna productora griega, sí que supone un gran interés. Porque, aunque se supone que el director Aron Lehmann y sus guionistas, todos alemanes, pretenden rebajar la polémica y otorgar una pátina de cariño al pueblo griego y a sus costumbres, aderezándolo además de una cierta dosis de autocrítica respecto de la idiosincrasia alemana, lo cierto es que la película ahonda en el estereotipo heleno de la mentira, lo vociferante y lo zarrapastroso.