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CRÍTICA | DHEEPAN

Refugiados, aquí y ahora

No hay mejores películas que las que te ayudan a entender el mundo en que vivimos, el que nos acaricia y el que nos abrasa

Claudine Vinasithamby y Jesuthasan Antonythasan, en 'Dheepan'.
Claudine Vinasithamby y Jesuthasan Antonythasan, en 'Dheepan'.

No hay mejores películas que las que te ayudan a entender el mundo en que vivimos, el que nos acaricia y el que nos abrasa. A unos más que a otros. Quizá por eso, y porque igual se la debían desde años y trabajos anteriores, el jurado del último Festival de Cannes decidió otorgar la Palma de Oro a Jacques Audiard por Dheepan. En un año globalizado por el exilio y por las mareas, de refugiados, de balsas, de sueños, de cadáveres, Dheepan te muestra sin juzgar; para que comprendas, para que saques conclusiones propias, para que te emociones.

DHEEPAN

Dirección: Jacques Audiard.

Intérpretes: Jesuthasan Antonythasan, Kalieaswari Srinivasan, Claudine Visanithamby, Vicent Rottiers.

Género: drama. Francia, 2015.

Duración: 109 minutos.

Audiard relata el periplo desde la guerra civil de Sri Lanka hasta los suburbios de París de una familia muy especial, comandada por un exguerrillero de los separatistas tigres tamiles. Y nunca es maniqueo: porque no presenta a un grupo arrasado por la guerra absolutamente inocente y esquemático; porque están lejos de llegar al paraíso. El hombre, la mujer y la cría huyen de una contienda bélica brutal y se meten en la de los estercoleros de la droga, en una de las esquinas pútridas de la sociedad del progreso, las libertades y el bienestar, allí donde rigen no las leyes de la democracia sino las leyes del silencio, la corrupción y las pistolas. Como siempre en Audiard, narrador superdotado, lo mejor de la película es su rigor, su cronología, desde el momento inmediatamente anterior al pago a las mafias de la inmigración y el embarque hacia el supuesto Edén, hasta su desconcertante desenlace. Con unas poderosísimas elipsis (las orejas fluorescentes como mecanismo de vida, quizá la mejor imagen de toda la película), y una banda sonora de música envolvente, que te introduce más que acompañarte, obra de Nicolas Jaar, heredera de los habituales sonidos de Alexandre Desplat para las obras anteriores de director francés, Dheepan, eso sí, repite esquemas formales cuando el relato gira hacia la violencia, hacia el cine de género: desprendimiento del sonido ambiente, irrupción del silencio como modo de irrealidad, sensación de estar tan fuera como dentro. Extraordinario en Un profeta y De óxido y hueso, y por tanto menos extraordinario aquí.

Puede que no sea la mejor película de Audiard, pero desde luego es la gran película sobre el tema de hoy, del aquí el ahora, ese que nadie sabe cómo abordar.

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