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Noche mágica en el río Ene

El peruano Musuk Nolte resume en una fotografía la lucha de la etnia amazónica asháninka por sobrevivir

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Iba anocheciendo. Apenas quedaba luz. “De pronto pasó como algo mágico”, recuerda el fotógrafo peruano Musuk Nolte. Y entonces disparó. Ante su cámara, una niña de la etnia asháninka se bañaba, con los ojos cerrados, en el río Ene, en el sur de Perú. El resultado, que se ve en esta página, para Nolte trasciende su valor gráfico: “Es sumamente potente, una metáfora”.

El artista se refiere a la historia detrás de la fotografía, que él mismo resume. Nolte (Mexico D.F., 1988) pasó cierto tiempo en el área, en compañía de los asháninkas. “Me siento afín a ellos”, defiende. La etnia amazónica siempre ha sido, en su opinión, “una de las más vulneradas”. Se halla en la llamada zona VRAE, en emergencia debido al narcotráfico; “fue la más afectada por el terrorismo en los ochenta y noventa”, añade Nolte. Y, además, su territorio y su legado estuvieron a punto de quedar inundados porque allí mismo se pretendía construir la presa de Pakitzapango. Precisamente en ese contexto, Nolte sacó su foto. Y finalmente el proyecto acabó paralizado por las fuertes oposiciones que recibió.

“La fotografía es un vínculo con la realidad para mí”, asegura. Nolte vive de su oficio, mezclando fotoperiodismo e imágenes “más de autor”, que ha enseñado en varias muestras individuales en Perú y en exposiciones colectivas por todo el planeta, de Nueva York a Berlín, pasando por Barcelona y Madrid. A ello en realidad se dedica desde hace muchos años, pese a su juventud. A la semana de terminar sus estudios, empezó a colaborar con el diario peruano El Comercio y desde entonces no ha parado.

Entre sus proyectos, muchos están plasmados en blanco y negro, ya que Nolte considera que ayuda a “ir hasta la médula de una historia”. También ha retratado a menudo con su cámara historias de muerte y dramas de sus tierras. Como Chunghi, dedicado al lugar “con el mayor número de sitios de entierro y víctimas del país”. O Expreso de la muerte, sobre una serie de asesinatos llevados a cabo por el grupo terrorista Sendero Luminoso el 16 de julio de 1984 y cuyas víctimas recibieron, 27 años después, un segundo y por fin respetuoso entierro. "Como autor, me he venido interesando progresivamente más respecto a la violencia en Perú. A veces uno se insensibiliza, se tiende a querer obviar ciertas cosas". Pero su cámara no va a permitirlo.

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