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Juli Soler, más que elBulli en la sombra

Ferran Adrià reivindica su figura: "Sin Juli, elBulli no hubiera existido"

Juli Soler, en un retrato de 2003.
Juli Soler, en un retrato de 2003.

El humor, el rockanroll en la cocina. El orden y el impulso. Los pies en la tierra en equilibrio con el atrevimiento y el riesgo. Así era Juli Soler (Terrassa, Barcelona, 1949), alma de elBulli, donde era el anfitrión perfecto y compartió 34 años de triunfos y avatares con Ferran Adrià, socio y amigo. Soler, presidente de honor de ElBulli Foundation, murió esta madrugada a los 66 años a causa de una enfermedad degenerativa que le tenía apartado de la actividad gastronómica desde 2012.

"Hoy es un día triste para la gastronomía. Sin Juli elBulli no hubiera existido. Hay que reivindicar su figura", afirmó un apenado Adrià en San Sebastián, donde asistía a la reunión del consejo asesor internacional del Basque Culinary Center, universidad de ciencia y gastronomía cuya primera promoción se gradúa hoy. Los asistentes a la cumbre de influyentes chefs guardaron un minuto de silencio por un hombre cuya acción en la vanguardia culinaria española e internacional a lo largo de tres décadas en la es altamente valorada por "la familia gastronómica". "Fue algo más que elBulli en la sombra", repetía Ferran Adrià, con ojos húmedos, "Juli inventó el concepto de sala moderna, un restaurante dinámico, acogedor, informal...Tenía un respeto absoluto a la gente y a sus ganas de disfrutar".

Ferran Adrià: "Juli inventó el concepto de sala moderna"

En efecto, Soler se convertía en un amigo de los comensales del mundo entero que llegaban a elBulli. Los idiomas de la clientela internacional del mejor restaurante del mundo no eran barrera para un hombre bromista que rompía el protocolo llevando al público a fisgar la cocina o sacaba fotos de recuerdo a quienes se sentaban a la mesa. ElBulli era un escenario de trabajo, una ópera de ejecución impecable y divertida asumida desde el prisma de un amante de la música, que dejó su banda de rock para embarcarse en una arriesgada aventura culinaria en una cala recoleta de Girona y que tuvo el instinto de fichar a un cocinero cuyas locuras sentarían las bases de una revolución global.

"Cuando yo decidí hacer la fundación tras el cierre de elBulli (en verano de 2011) era un proyecto más para Juli que para mí. Pero él no lo ha podido disfrutar. Una de las penas que tenemos todos es que no ha podido vivir la evolución de un proyecto que para él era un sueño", comentaba Adrià, a punto de salir al aeropuerto con rumbo a Barcelona, donde mañana asistirá al entierro de su amigo que prevé multitudinario.

Adrià, que recibió la noticia en San Sebastián, afirma que llevaba cinco años sufriendo y temiendo el fatal desenlace de su compañero de negocio. "Todo este tiempo asumiendo un luto, pero cuando te avisan no puedes dejar de vivir el shock". "Hemos pasado tantas horas juntos a diario que tengo miles de recuerdos. Una de las cosas que más me enorgullecen es que su legado permanece. Su hija Rita está con nosotros, es jefa de operaciones de la fundación. Y también está su hijo Pancho, y su esposa Marta. Ellos son el relevo".

"Juli nos enseñó a compartir, no a competir", asegura el chef catalán, quién se emociona con el talante de Soler, quien le captó para los fogones de elBulli "en una noche de borrachera memorable", rememora. "Era Groucho Marx, el sarcasmo, la imaginación... Con ese nivel de presión y de creatividad fue muy difícil el camino, pero fue maravilloso. Nos convertimos en una familia. Cuando tuvimos la oportunidad de ganar mucho dinero, nunca nos frenó a la hora de transitar caminos de riesgo. Era una persona intuitiva, un visionario, que apostaba por la gente. Jugamos a todas, decía. Él hacía de puente conmigo, yo era el duro, y el resto del equipo".

"Juli es uno de los personajes no cocineros más importantes e influyentes que ha habido en la gastronomía española y mundial. Fue un clarividente, él fue quien junto a Ferran inventó la magia de elBulli. Le debemos muchísimo, por su manera de ser, su optimismo, su manera de transmitir ilusión, buen humor, de darnos rockanroll. Era uno más de los Rolling en la cocina", aseguraba Joan Roca, también presente en la cita del Basque Culinary. Para Juan Mari Arzak, "Juli era como un hermano. Le debemos mucho. Le echaremos mucho de menos".

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