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ANÁLISIS

Buenos Aires: capital cultural

La feria arteBa ha convertido la ciudad en un lugar ideal para ver sus creaciones artísticas

Feria arteBa Ampliar foto
Una de las obras expuestas en arteBA.

Que Buenos Aires es una de las grandes capitales culturales es algo que nadie pondría en tela de juicio y no sólo por su siempre admirada tradición teatral, cinematográfica y literaria, sino por cierta capacidad creativa chispeante que incluso en los momentos pasados más oscuros de su historia ha sido capaz de crear productos atractivos, inesperados. Ahora la capital argentina vuelve a sorprender al visitante con el Centro Cultural Kirchner, un edificio que acaba de abrir sus puertas tras una restauración minuciosa y esmerada de la antigua oficina central de correos, en pleno barrio financiero, justo enfrente de la bolsa. Allí se ha instalado el maxicentro cultural -de unos 118.000 metros cuadrados- que acogerá todo tipo de actividades gratuitas –desde tango a performance, música sinfónica, exposciones o espectáculos para niños. Tiene, entre otras cosas, dos salas de música de gran capacidad y literalmente decenas de espacios expositivos, todo ello construido dentro de la propia estructura en un alarde arquitectónico apabullante. Los porteños hacen cola a sus puertas para visitarlo - lo hacen propio, esa es la idea también de los numerosos futuros espacios interiores pensados para la lectura o el descanso - y para ver una muestra de Sophie Calle, cuyas fotos se han instalado en un espacio que conserva las esencia de finales del XIX, momento en que se construye el edificio.

No es el único espacio excepcional de la ciudad. El Hotel de Inmigrantes, lugar en el cual recalaban los recién llegados a la ciudad, justo al lado del puerto, es ahora un museo y centro de exposiciones de la Universidad Tres de Febrero, donde Vik Muniz dialoga con un espacio de una belleza imposible de deescribir, única, plagada de historias del pasado que el artista brasileño remeda en su habitación de Weimar. Desde luego la “ciudad cultural” lleva años expandiéndose -lo prueba el Mamba, donde se muestra Catalina de Caro- o el Centro Proa – de gran tradición y que ahora expone a Mona Hatoum y comparte en la Boca espacio con nuevas galerías-, sino en barrios industriales como Villa Crespo, donde van surgiendo restaurantes y tiendas de diseño alternativos y donde se ha instalado la nueva sede de la galería mítica Ruth Benzacar –otro espacio bellísimo, por cierto- con una programación siempre estimulante.

En medio de esta efervescencia cultural ha vuelto a inaugurarse la feria de Buenos Aires, arteBa, un evento eminentemente local que, sin embargo, convierte la ciudad en un lugar ideal para ver arte y, sobre todo, en el lugar obligado para los coleccionistas argentinos que se pasean por la feria en busca de tesoros y hasta abren las puertas de su casa para mostrar las colecciones. Es el caso de Animal Jozami, parte de cuya colección tuvimos ocasión de ver hace un par de años en el Museo Lázaro Galdiano a Madrid, conviviendo con las piezas clásicas gracias a la pericia de la comisaria, Diana Wechsler, responsable del citado espacio de la Universidad Tres de Febrero.

Parece que este año la participación extranjera ha sido más abundante, aunque las obras más valiosas -y más caras, si bien parece que ninguna en la feria supera el millón de dólares- son desde luego argentinas, como prueban los trabajos de Petorutti, entre ellos un primer collage maravilloso, de la galería Palatina. Otros argentinos como Xul Solar, Lidy Prati, Stupía, Macchi, unos maravillosos Kuitka y Humberto Rivas -en la joven galería dedicada a foto Rolf Art- son algunas de las obras que uno se llevaría a cas sin dudarlo un momento.

Este año, entre los más de 80 participantes, hay galerías extranjeras como la brasileña Vermrlho; las colombianas como Casa Reigner o Instituto de visión; Nomínimo de Guayaquil; y algunas españolas como Elba Benitez, Maisterrabalbuena o Casa sin Fin, y secciones especiales comisariadas por españoles. Manuel Segade se ha encargado de Solo Show y Octavio Zayas de Photobooth, una de la secciones más especiales de la feria con trabajos de Sterne y Coppola de la Galería Jorge Mara o fotos de Anna Marie Heinrich en Vasari, una fotógrafa excepcional que se puede ver también en el Muntref y el Malba, cuyo director, el también español Agustín Pérex Rubio, ha traído un exquisito soplo de aire fresco a un museo con una de las colecciones más notables de la ciudad.

Hablando con los galeristas parece que las ventas han ido bien –aunque en las ferias siempre todos dicen que ha ido bien. Lo único indiscutible debería ser un ejemplo a seguir: la iniciativa de algunos coleccionistas que han creado un fondo para compras de artistas argentinos desde instituciones extranjeras. Desde luego, un modo extraordinario para promover el arte local más allá de las viejas estrategias.

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