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Actriz, directora y guionista aprende a aceptarse

Leticia Dolera da un salto en su carrera con ‘Requisitos para ser una persona normal’

La actriz Leticia Dolera, retratada en EL PAÍS.
La actriz Leticia Dolera, retratada en EL PAÍS.

Cuando era adolescente, Leticia Dolera (Barcelona, 1981) sufrió bullying en el instituto. “Eso marca. Nunca he sido una más, o la normal”. Ni cuando empezó como actriz —en la serie Al salir de clase—, ni cuando ha ido avanzando en su carrera (que ha pasado por el drama, el terror, el mejor gore y la comedia), ni en su salto a directora de cortometrajes. Este periodista vio a una trabajadora Dolera como un técnico más en la filmación, que dirigía su pareja, Paco Plaza, en 3D de un concierto de Enrique Bunbury para Canal +. “Yo es que me siento rara hasta en la ceremonia a los Goya”, dice antes de defender su pasión por Bunbury... y su teñido de rubio. “Estaba harta de verme en todos los sitios. Me he cansado de mí misma en la mesa de montaje”. El hartazgo surge porque Dolera ha escrito, dirigido y protagonizado Requisitos para ser una persona normal,un salto inédito en el cine español y que ya puede verse en las salas comerciales tras su paso por el festival de Málaga.

Radiografía

Leticia Dolera empezó en televisión con Al salir de clase. En el cine, su primer papel de peso fue en Besos de gato (2003).

Encarnó a la hija de Antonio Banderas en Imagining Argentina (2003). “En 2010, tenía dudas, no sabía si seguir como actriz, pero llegó De tu ventana a la mía”. Su carrera se relanzó y el gran público la reconoce hoy como la novia vengadora en REC [3] (2012) o la chica de la webserie Bloguera en construcción.

Como directora de cortometrajes ha sido la realizadora de Lo siento te quiero (2009), A o B (2010) y Habitantes (2013).

María de las Montañas ha fracasado en el amor. En el trabajo. En la amistad. Y por ello regresa a la casa materna, mientras encuentra un nuevo cómplice, Borja, amante de la comida basura (lo que le lleva al sobrepeso) y trabajador de Ikea. Así es el corazón de Requisitos para ser una persona normal. “Quería contar que en la vida todos llevamos nuestras mochilas emocionales. Y sí, mi idea inicial era rodar una comedia romántica. Pero en el día a día no te enamoras y ya está: el pasado marca. Y la sociedad actual marca. Y el trabajo marca... Son aristas que hacen que sientas que no encajas y creo que a todos nos ha pasado alguna vez. Hay que cumplir ciertos requisitos para encajar”. Dolera ha comprendido que todos somos distintos, pero que todos “estamos hechos de lo mismo: emociones”. Se ha aceptado. “Hoy me siento muy afortunada”.

 

Gondry y July

La omipresencia dolerística no estaba al inicio. “Como la escribí sin reflexionar en quién iba a protagonizarla —en realidad, pensando en que yo no era la adecuada, porque bastante locura era debutar como directora de un largo—, ni me planteé que el público mezclara personaje y persona. Fueron los productores quienes me empujaron a ello. Y es cierto: lo coherente, lo honesto con esta historia es que yo la protagonizara. Porque desde el guion, lo que suena es mi voz”. En ese momento, confiesa entre risas: “Va, tampoco soy tan importante. Pocos se van a plantear si es mi vida o no”.

Entonces, ¿para qué ha hecho la película? ¿Para rematar la terapia? “Yo la he hecho para que la vean. Miento, la he hecho para expresarme y para comunicar. En el camino he aprendido un montón. Y la experiencia de vivir el cine desde tres campos —guionista, actriz y dirección— ha sido muy intensa. Pero la película solo cobra sentido cuando el público la vea. En el fondo, es mi manera de comunicarme con la gente. Sí, ha servido como terapia”.

Lo que no quería Dolera es que se convirtiera en el “eco de una generación”, aunque segundos después se contradice. “Ojalá las señoras —por acotar un público— que vayan al cine descubran que hay gente así, que por muchos barrios viven peterpanes atascados, cuyo síndrome no puede sostenerse por tanto tiempo”.

Es difícil encontrar referentes previos en el cine español a Requisitos para ser una persona normal. “Bueno, sí en el francés y en el estadounidense. Como Miranda July con Tú, yo y todos los demás o Michel Gondry en ¡Olvídate de mí!. En todas ellas hay un mensaje: tú no vales por lo que ganas o por dónde trabajas; vales lo que vales como ser humano”, remata.

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