Brasil, viaje literario al origen del horror de la Operación Cóndor

La novela ‘Los años robados', del brasileño Edgard Telles Ribeiro, reconstruye la gestación de las autocracias creadas en Sudamérica en los sesenta y setenta

Dos hombres con uno de los estudiantes muertos cerca de la embajada de EE UU, en Rio de Janeiro, en 1968.
Dos hombres con uno de los estudiantes muertos cerca de la embajada de EE UU, en Rio de Janeiro, en 1968. A.P.

Los recuerdos cargados de indignación y dolor le llegaron en tropel a Edgard Telles Ribeiro aquel día de 2008 cuando su hija Adriana, de 21 años, le preguntó: “¿Cómo es que jamás hablaste de esos años de represión en Brasil aquí en casa?”.

Silencio. Desconcierto.

Telles Ribeiro nunca había hablado de ese pasado trágico que conocía, más o menos bien, no solo en su país sino en América del Sur. Pues empezó su carrera como diplomático en 1966, dos años después del golpe militar brasileño derivado en dictadura hasta 1985, y que inauguraría uno de los episodios más dramáticos de la historia reciente latinoamericana: las seis dictaduras del cono sur que habrían de pasar a la historia como Operación Cóndor  (Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia y Argentina). Una maniobra orquestada por la CIA, para controlar la región, en alianza con la derecha y los militares de aquellos países que coordinaban acciones para reprimir a los opositores. El resultado: millares de muertos, desaparecidos, torturados, presos y represaliados de todo tipo, además de la desestabilización social y la implantación de un sistema de corrupción e impunidad que aún pervive.

Todo empezó ahí. En Brasil, la noche del 31 de marzo de 1964 con el derrocamiento del presidente Joao Goulart. Es el comienzo de Los años robados (Alfaguara) como Telles Ribeiro ha titulado su novela surgida tras la pregunta de su hija. Un asomo a ese terror que sirvió de laboratorio, porque “tras Brasil (1964) los demás países cayeron bajo control militar como un castillo de naipes: Argentina (1966 y de nuevo en 1976) y Uruguay y Chile (1973)".

El escritor Edgard Telles Ribeiro.
El escritor Edgard Telles Ribeiro.

Con los años, todos esos países han ido sacando a la luz lo sucedido. Faltaba Brasil. Esta semana lo ha hecho al divulgar el informe final de la Comisión de la verdad, encargado por la presidenta Dilma Rousseff (víctima ella misma de la represión), que revela un total de 434 víctimas mortales y desaparecidos y 377 responsables, 191 de los cuales siguen vivos. Una revelación que “muestra la victoria y la frustración a la vez”, asegura el escritor: “Victoria porque es de enorme importancia moral pero frustración porque difícilmente tendrá resultados prácticos y concretos. Los responsables, como las Fuerzas Armadas, lo negarán todo, y además, según la Ley de Amnistía, nadie irá a la cárcel”.

Prueba del sino que persigue a Latinoamérica como tierra fértil para los tiranos. Un testimonio que ha quedado plasmado en grandes obras que van desde El señor presidente, de Miguel Ángel Asturias, hasta La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, pasando por Yo, el supremo, de Augusto Roa Bastos, y El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez.

Los años robados continúa esa tradición de contar, denunciar y tratar de explicar lo sucedido. Esta vez no en un solo país, ni como arquetipo de nada, sino que, partiendo de un diplomático brasileño, relata los entresijos de cómo se creó un entramado de complicidades hasta crear un tejido de poder autocrático en la región.

Tras Brasil cayeron como un castillo de naipes Uruguay, Chile y Argentina

Edgard Telles Ribeiro

Cuando su hija le reclamó a Telles Ribeiro su testimonio hizo que él se diera cuenta de que tenía toda una historia bloqueada dentro sí. “Salvo algunas excepciones, eso sucedió con varios de mis contemporáneos. Tardamos mucho en trabajar nuestro pasado y transformarlo en literatura. A diferencia de los historiadores y periodistas, que felizmente sí produjeron una obra memorable en Brasil sobre el tema”, cuenta el escritor y cineasta brasileño nacido en 1944 en Valparaíso (Chile), cuando su padre estaba allí en el servico diplomático. Telles Ribeiro se ha jubilado después de 48 años de carrera, principalmente desde el área cultural, en países como Estados Unidos, Nueva Zelanda, Malasia y Tailandia; además de la ONU.

Así es que aquella pregunta de 2008 desencadenó en él una serie de recuerdos, mientras otra parte de su cerebro intentaba ver la manera de cómo narrar esa tragedia. Al día siguiente empezó escribir. Tenía claro que “no iba a hablar sobre la dictadura de Brasil y sus horrores, pero sí iba a contar la historia de Max, un hijo de la gran puta, inspirado en varias personas porque al seguir su vida y transformarlo podía crear una novela sobre las dictaduras de la región”.

Bibliografía

De Argentina: La voluntad, Martín Caparrós; Kamchatka, Marcelo Figueras; Una vez Argentina, Andrés Neuman; Cuentos, Haroldo Conti; El vuelo del tigre, Daniel Moyano; Operación masacre, Rodolfo Walsh; Respiración artificial, Ricardo Piglia; Enciclopedia B-S, José Emilio Burucúa; Una misma noche, Leopoldo Brizuela; Recuerdo de la muerte, Miguel Bonasso; La pasión de María,Carlos Chernov; El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron.

De Chile: La muerte y la doncella, Ariel Dorfman; Tengo miedo torero, Pedro Lemebel; Nocturno de Chile, Roberto Bolaño; La soberbia juventud, Pablo Simonetti; Yo, Augusto, Ernesto Ekáizer; El desierto, Carlos Franz; La desesperanza, José Donoso; Las armas de ayer, Max Marambio.

A partir de Max, una joven promesa de la diplomacia que cambió los ideales para adaptarse a la nueva situación, Telles Ribeiro muestra los entresijos. La participación de la CIA en los trágicos eventos descritos en la novela está hoy claramente comprobada, afirma el escritor. “En el caso norteamericano, felizmente existen archivos y una amplia documentación. En el nuestro, a falta de archivos, nos queda la ficción…”.

Es ahí donde mejor se cuenta o lidia con la atroz realidad. “Confrontados con esa realidad, toca a los artistas (y en particular a los escritores que tengan algo que contar sobre esa fase de nuestra historia), recrear los escenarios y los eventos del pasado basándose en sus propias experiencias, o en lo que escucharon sobre esa época de terceras personas, de tal forma que sus cuentos o novelas puedan estimular a otros a trabajar sus propios recuerdos y traerlos al lector. El escritor se transforma así en un punto de partida para estimular a los que saben (o imaginan saber), de tal forma que ese ‘inconsciente colectivo del terror’ no cese de alimentar la búsqueda de la verdad”.

La aportación de Los años robados, dice Telles Ribeiro, se encuentra muy próxima a la verdad: “No se trata de un documento, sino de una realidad reinventada. Estoy seguro que cosas iguales o peores a lo que yo describo en mi libro realmente sucedieron en mi país en aquella bochornosa época”.

Sistemas de vidas usurpadas que no se terminan de ir del todo. Instalaron un nuevo tejido con el ADN de la impunidad y la corrupción. Esas, afirma el escritor, “fueron las dos herencias malditas del golpe militar del 64. La gran ventaja de una dictadura es poder operar impunemente entre cuatro paredes, con la complicidad de muy pocos testigos, articulando negocios millonarios para determinadas empresas extranjeras o nacionales, y liberando las fuerzas represoras para actuar fuera de la ley contra los pocos que se les resisten. La corrupción (que desde entonces ha crecido muchísimo en mi país) tiene sus raíces en esa época melancólica y secreta. Igual que la impunidad, que mantiene presos a los pobres y libres a los que pueden pagarse buenos abogados”.

Seis años después de que la pregunta de su hija desbloqueara su pasado, Edgard Telles Ribeiro recuerda que aquellos 21 años fueron días de pesadilla. De miedo y silencio: “Algo helado que se cuela a tu piel sin que sepas de dónde viene, dónde empieza y dónde termina. Y, lo que es peor, sin que tengas alguna razón o culpa específica. El terror omnipresente y abstracto”.

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