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Magris reivindica la escritura que da voz a la tragedia y las injusticias

El autor italiano, Premio FIL 2014, inaugura la cita literaria de Guadalajara que estuvo marcada por constantes referencias a la tragedia de Iguala. La feria concluye el 7 de diciembre

El escritor italiano Claudio Magris recibiendo el premio en Guadalajara
El escritor italiano Claudio Magris recibiendo el premio en Guadalajara

Llegó Claudio Magris a la 28ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara con ese aire de escritor melancólico que arrastra desde su natal Trieste y estableció un puente imaginario a lo que ha ocurrido durante siglos en aquella parte del mundo, encapsulado en lo que podemos llamar el Universo Magris, y lo que está pasando aquí y ahora en México. En la cita literaria hispanobablante más importante del mundo, el italiano triestino de Magris cayó como una verdad a la que no había nada que objetar: “Hay tantas escrituras: las que dan voz a la tragedia y al horror de la vida y aquellas que dan voz a su encanto; las que se obsesionan con la verdad y aquellas que pretenden reinventar el mundo”.

El autor italiano, de 75 años, y autor de libros como El Danubio, recibió el premio FIL de Literatura en Lenguas Romances y con sus palabras dio inicio a una feria que durante nueve días se convierte en el epicentro del idioma español.

Durante la inauguración de la cita literaria, dedicada este año por segunda vez a Argentina, hubo constantes referencias a la desaparición de los 43 estudiantes mexicanos en Iguala a manos de unos policías, un caso que ha provocado la indignación de la sociedad mexicana y una crisis sin precedentes en los dos años que lleva en el cargo el presidente Enrique Peña Nieto. “Estamos convencidos de que el Gobierno hallará a los culpables”, expresó el canciller argentino, Héctor Timerman. En la entrada al recinto había colgada una pancarta de solidaridad con los familiares de los desaparecidos que acababa con un recordatorio del poder de lo escrito: “Hoy más que nunca impulsemos la palabra como el mejor recurso que tiene el ser humano”.

Magris —con el pelo alborotado y los pantalones de un traje que le quedaba ligeramente largo— no hizo ninguna referencia directa a la tragedia de Ayotzinapa, la escuela de estudiantes de magisterio a la que pertenecían los desaparecidos, pero con su discurso, ante un abarrotado auditorio, puso de manifiesto la necesidad de escribir para contar la verdad, la importancia de buscar la justicia a través de las palabras. El quinto no hispanohablante que se hace con el premio dotado con 150.000 euros tras el poeta francés Yves Bonnefoy, ha escrito durante 47 años en el periódico Il Corriere della Sera sobre asuntos éticos y políticos. Ha tocado todos los palos. Más que una obligación, enfrentarse a los problemas, propios o ajenos, es para Magris una obsesión.

“La escritura es a la vez un agente de aduana y un contrabandista; establece fronteras y las trasgrede”

Tan cómodo como si estuviera en la mesa de su cuarto en el café San Marcos de Trieste, donde suele escribir, el literato italiano hizo referencia al escritor mexicano Fernando del Paso (México DF, 1935) y la influencia invisible que su obra Noticias del Imperio había tenido sobre A Ciegas, una novela suya en la que un hombre encerrado en un sanatorio mental rememora su azarosa vida a lo largo del aún más azaroso siglo XX europeo. La mención sobrevoló como un abrazo (italiano) hacia un Del Paso sentado en silla de ruedas. El mexicano, uno de los últimos escritores vivos de su generación, es uno de los personajes más aclamados año tras año en la FIL.

¿Por qué escribe Magris, el feroz europeísta, el lector empeñado en que lo más importante se aprende sin que se enseñe? “Por tantas razones: por amor, por odio, como protesta, para distraerse ante la imposibilidad de vivir, para exorcizar un vacío, para buscarle un sentido a la vida. Para luchar contra el olvido, con el deseo de proteger, de salvar las cosas, y sobre todo de los rostros amados, de la abrasión del tiempo: de la muerte”.

Si Magris, como ha defendido a lo largo de su trayectoria, ha hecho de su escritura una protesta, el europeísmo y la lucha contra las fronteras es una constante. “La escritura es a la vez un agente de aduana y un contrabandista; establece fronteras y las trasgrede”. Los mexicanos en la sala sonrieron. Algo de fronteras saben. México y Estados Unidos comparten una línea de 3.185 kilómetros y el corredor fronterizo más grande del mundo.

Escribir, reconoció el el escritor “ es también un intento de construir un Arca de Noé para salvar todo lo que amamos, para salvar —deseo vano e imposible, quijotesco pero inextirpable— cada vida”.

Claudio Magris había comenzado su discurso señalando que la escritura tiene colores, uno para cada uno de sus planos, como la paleta de un pintor. “No sé qué color tenga este grácil y maltrecho barquito de papel que podemos construir con nuestras palabras; sabemos que está destinado a hundirse pero no por eso dejamos de escribir. Y si se hunde, su escritura no será de color negro, que es ausencia de color, sino blanco, o sea la unión de todos los colores”. El italiano de Magris, en la gran cita literaria del español, mantuvo a flote ese barquito.

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