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CRÍTICA | Un viaje de diez metros

Cena recalentada

'Un viaje de diez metros' se inscribe dentro de la fastidiosa moda que juega al maridaje de gastronomía y romance para servir menús de sentimentalismo banal

Fotograma de 'Un viaje de 10 metros' de Lasse Hallström. Ampliar foto
Fotograma de 'Un viaje de 10 metros' de Lasse Hallström.

Adaptación de un best-seller de Richard C. Morais con guión del prestigioso Steven Knight -que ha estrenado recientemente su más que notable Locke-, Un viaje de diez metros se inscribe dentro de la fastidiosa moda –toquemos madera para que sea efímera- que juega al maridaje de gastronomía y romance para servir en la platea insistentes menús de sentimentalismo banal y lugares comunes. La película parte de una imagen que quiere ser atinada metáfora de la ridícula y arbitraria cortedad de todo prejuicio cultural: los diez metros que, en una pequeña localidad francesa, separan el nuevo restaurante de una familia india del atildado establecimiento de alto copete comandado por una severa dama de los fogones. En suma, el breve camino a recorrer para superar choques de raza, clase y cultura. Sobre todo si uno quiere.

Helen Mirren parece disfrutar mucho más de su papel de arpía que un Om Puri que parece condenado a reiterar una y otra vez su arquetipo de patriarca indio entrañable, torpe y con un corazón de oro. La película sirve a una fórmula y repudia toda experimentación tanto en forma como en fondo, ampliando ese espíritu conservador a su opinión sobre el propio futuro de la gastronomía: aquí, el héroe romántico renunciará a la gloria en el ámbito de la deconstrucción culinaria para alcanzar la dicha sentimental en el territorio de lo que el visionario e irreverente gastrónomo Arturo Pardos llamaba la Cocina de la Madre. Que aquí, más bien, es la del Padre.

UN VIAJE DE DIEZ METROS

Dirección: Lasse Hallström.

Intérpretes: Helen Mirren, Om Puri, Manish Dayal, Charlotte Le Bon, Amit Shah, Farzaba Dua Elahe, Dillon Mitra, Michel Blanc, Aria Pandya.

Género: comedia. Estados Unidos-India-Emiratos Árabes Unidos, 2014.

Duración: 122 minutos.

La aparición del nombre de Oprah Winfrey en los créditos de producción de la película permite comprobar que todo está orden: el producto cuenta con el padrinazgo y garantía de una ferviente adalid de la cultura feel good. Lo que no está en orden es, sin duda, la carrera del sueco Lasse Hallström, cuyo desembarco en Hollywood hace ya dos décadas, con películas tan excéntricas como Querido intruso (1991) y ¿A quién ama Gilbert Grape? (1993), no permitían pronosticar su reconversión en rutinario suministrador de cenas recalentadas como la presente.