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crítica | solo los amantes sobreviven

El extraño amor vampírico

Es una película que afirman la profunda coherencia en la filmografía de Jim Jarmusch, uno de los últimos poetas del cine

Tilda Swinton, en 'Solo los amantes sobreviven'
Tilda Swinton, en 'Solo los amantes sobreviven'

Un firmamento estrellado gira como los surcos de un vinilo bajo la aguja del tocadiscos. Como giran las imágenes cenitales del vampiro Adán, encerrado en su burbuja decadentista en Detroit, y las de la vampira Eva, tendida en su refugio de Tánger con la elegancia de una diosa pagana pintada por Klimt. El arranque de Solo los amantes sobreviven propone, a través de ese preciso juego de imágenes, la abolición del tiempo y el espacio en una suerte de continuo circular, evocador del éxtasis opiáceo, para fijar la esencia del extraño amor de los vampiros —de modo cercano a como lo hizo Jesús Franco en su hipnótica Las vampiras (1971)— y, al mismo tiempo, para establecer el tono de la película: aquí no sirven las tradicionales mecánicas narrativas del cine de género (el terror), porque lo importante es transmitir el tedio pero también la fascinación de la inmortalidad, explorar la riqueza de un universo que la refinadísima sensibilidad de Jarmusch carga de matices pese a jugar con elementos mínimos.

En una de las paredes del domicilio de Adán, Jarmusch construye un panteón que funciona como cámara de ecos de su cine: ahí están Poe, Kafka, Screaming Jay Hawkins, Samuel Beckett y Aki Kaurismäki, entre otros. La película no lo hace explícito, pero es tentador considerar ese muro como un árbol genealógico-vampírico, porque lo que el cineasta sí que deja claro es que en los vampiros es donde podemos encontrar lo mejor de la humanidad: la sabiduría, el sentido de la historia, la fuerza de la imaginación, toda idea capaz de poner el mundo en movimiento… frente a una humanidad que se ha zombificado sin necesidad de que concurra ninguna infección, simplemente abandonándose a la apatía y a la indiferencia.

SOLO LOS AMANTES SOBREVIVEN

Dirección: Jim Jarmusch.

Intérpretes: Tilda Swinton, Tom Hiddleston, John Hurt.

Género: terror. Alemania, 2013.

Duración: 123 minutos.

Como logró en su día Ghost dog (1999), Sólo los amantes sobreviven es una de esa películas que afirman, a través de referentes ajenos, la unidad y profunda coherencia en la filmografía de uno de los últimos poetas del cine. Una obra mayor y desengañada que no renuncia ni al humor, ni al amor.

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