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crítica | mejor otro día

Club de suicidas SL

El filme quiere seguir el camino de la redención, pero por el camino más lánguido y superficial: (casi) nunca se adentra con hondura en el dolor verdadero

El cuarteto protagonista de 'Mejor otro día'.
El cuarteto protagonista de 'Mejor otro día'.

Pocas cosas hay más íntimas que el suicidio y, sin embargo, tal y como escribió Robert Louis Stevenson: “No supongan que estamos solos, ni que somos excepcionales, en el muy razonable deseo que experimentamos”. La frase, de El club de los suicidas, publicada en 1878, bien podría haber servido a Nick Hornby como punto de partida para su novela En picado, adaptada ahora al cine por Pascal Chaumeil en Mejor otro día, comedia dramática alrededor del punto final con fecha, hora y decisión propia, de moderado buen rollo (eso en Hornby suele ser un seguro de vida), pero de una liviandad que, incluso, puede exasperar.

MEJOR OTRO DÍA

Dirección: Pascal Chaumeil.

Intérpretes: Pierce Brosnan, Imogen Poots, Aaron Paul, Toni Collette, Sam Neill.

Género: comedia. Reino Unido, 2014.

Duración: 96 minutos.

Tirarse de la terraza de un altísimo edificio de Londres como acto de suprema comunión con uno mismo y con su tristeza. Pero la fecha, Nochevieja, y el escenario, algo así como el Viaducto de Madrid, invitan a la comunión: cuatro seres a la deriva con exacta intención. Y así no hay quien se suicide. Un arranque de relato de comedia negra que, no obstante, parece como si se quisiera evitar a toda costa. Aquí no se trata de reírse de (o con) un tema que en principio no debería confluir en la carcajada. Mejor otro día quiere seguir el camino de la redención, pero por el camino más lánguido y superficial: (casi) nunca se adentra con hondura en el dolor verdadero que ha causado la depresión (salvo en el personaje de la madre interpretada por Toni Collette), se es particularmente cobarde con el pasado del personaje de Pierce Brosnan, y el camino hacia la liberación no viene provocado por un verdadero combate contra la culpa. En cambio, los habituales golpes de Hornby contra la prensa sensacionalista de su país y sobre sus métodos de trabajo sí están cerca de hacer sangre.

Filmada con profesionalidad, pero sin personalidad por Chaumeil (Los seductores y Llévame a la luna, éxitos en Francia antes de esta, su película británica, tampoco eran gran cosa), y con la típica colección de canciones para un viaje en coche como hilo conductor entre secuencias, Mejor otro día puede ser incluso agradable, con un poco de esfuerzo, si no se comete la osadía de hurgar en su ligereza. Pero, ¿cómo no hacerlo con un tema como este?