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El cine español ríe y llora con ETA

La coincidencia de varios proyectos en clave de humor y de tragedia vuelve a traer al primer plano uno de los temas más incómodos de la historia reciente

Jon Anza, que encarna a Joxean Lasa en 'Lasa y Zabala', en un momento del rodaje la película. Ampliar foto
Jon Anza, que encarna a Joxean Lasa en 'Lasa y Zabala', en un momento del rodaje la película.

En Four lions cuatro terroristas yihadistas se entrenan para cometer un atentado brutal en el maratón de Londres. Por suerte, son unos ineptos; por desgracia, la policía es aún más incompetente; para sorpresa del público, Four lions es una comedia. Salvaje, pegada a la actualidad, pero comedia. En Reino Unido se estrenó en 2010, en España al año siguiente. “Four lions era otra muestra de la madurez de un país como Reino Unido y de su cine, del que aún estamos muy alejados; es algo frustrante”, cuenta Borja Cobeaga, guionista y director. De su imaginación y de la de Diego San José nacieron los mejores sketches del programa Vaya semanita y el libreto de Ocho apellidos vascos, la película de Emilio Martínez-Lázaro que se estrenó el pasado viernes. Esta comedia habla sobre el choque de tópicos, en su caso entre andaluces y vascos, y por ello tiene gags sobre secuestros, sobre cómo se ven las treguas de ETA desde Sevilla o sobre —el mejor— la kale borroka. Cobeaga y San José fueron más lejos en Vaya semanita y en un guion que se ha quedado en el limbo, Fe de etarras, cuyo punto de partida es: ¿qué pasaría si a los miembros de un comando terrorista, escondido en un piso franco, les toca ser presidentes de la comunidad de vecinos, y les coincide además con el Mundial de Fútbol de 2010? ¿O si en ese comando hay una pareja que rompe? San José opina que siempre se puede ir más allá: “Vaya semanita nos demostró que la gente está mucho más preparada lo que pensamos. Pensamos, pudorosos —en especial desde los despachos televisivos—, que se puede molestar y el público nos sorprendió”. ETA sigue asustando al cine español.

Álvaro Augustín (Tele 5): “Es un asunto espinoso y debes estar seguro”

Telecinco Cinema, la productora propiedad del grupo televisivo Mediaset, está detrás de Ocho apellidos vascos y en sus despachos estuvo el guion de Fe de etarras. Álvaro Augustín, su director general, explica: “Siendo conscientes de que el concepto de esa película es muy divertido, aún es un tema muy espinoso, y debes de estar seguro al 200% para meterte en la aventura”. Pero es cierto que cualquier producto audiovisual es medido con un rasero muy distinto al del resto de la cultura y el ocio: ahí está el éxito de la obra de teatro Burundanga, de Jordi Galcerán, en la que unos amigos descubren que uno de ellos es etarra. “Tarde o temprano habrá que hacer una película como Fe de erratas”, dice Augustín.

Antes Cobeaga rodará en verano El negociador o El problema número uno (aún no está cerrado el título): una comedia basada en las negociaciones entre el presidente del PSE vasco, Jesús Eguiguren y ETA en 2005 y 2006. “Ramón Barea encarnará a Eguiguren, Carlos Areces a Thierry y Josean Bengoetxea a Josu Ternera. Básicamente va de lo que ocurre fuera de la mesa de negociación. Por ejemplo, Eguiguren no podía llevar tarjetas de crédito para que no se supiera dónde estaba, y se alimentaba de kebabs y bocadillos, o cómo los del Centro de Mediación le confundieron con un etarra por su vestuario”.

Diego San José y Borja Cobeaga (derecha), el miércoles pasado en Madrid. ampliar foto
Diego San José y Borja Cobeaga (derecha), el miércoles pasado en Madrid.

ETA no ha dado mucho material en el cine para comedias y sí para thrillers. Este fin de semana coinciden en Euskadi dos rodajes con temática terrorista: el viernes acabó Lasa y Zabala de Pablo Malo, thriller político sobre un caso real, el primer asesinato de los GAL, y el lunes comenzará Fuego, de Luis Marías, en la que José Coronado encarna a un policía que quiere vengarse 11 años después de que una bomba matara a su esposa y dejara sin piernas a su hija. “Yo me he encontrado lugares donde no poder rodar o instituciones que tuercen el morro. Incluso actores preocupados. Costará tiempo que llegue la normalidad. Hay aún mucho dolor en lo que ha sido una tragedia para un país”, asegura Pablo Malo, que avisa que su filme no hará “pornografía de la violencia” y que el guion se basa en la sentencia que condenó, entre otros, al general Rodríguez Galindo. “Para levantar una financiación es más complicado Madrid que Euskadi, donde entienden la película que quiero hacer. Las televisiones se lo piensan mucho. Seguimos siendo una democracia algo infantil: en España tendemos a sacar punta a todo, a escandalizarnos sin haber visto la obra”. En el recuerdo, los ataques sufridos por Julio Medem por gente que nunca llegó a ver su documental La pelota vasca. Malo apunta: “Hay una gran diferencia entre lo avanzado de la gente de la calle, y los frenos de los políticos y la autoridad”.

“Ahora se abre un momento con más libertad”, opina Ángel Amigo

“Como actor nunca he tenido problemas”, cuenta José Coronado, el actor de fuera del País Vasco que probablemente haya participado en más películas sobre el terrorismo: Todos estamos invitados, GAL, El lobo, No habrá paz para los malvados (en este caso, el islamista) y, desde mañana, Fuego. “Recuerdo la tensión cuando rodamos en la Universidad Todos estamos invitados, en la que yo encarnaba a un profesor amenazado. Ya es momento de hacer películas sobre el tema sin riesgos de fractura. La gente de la calle ya está preparada”. El cine español tiene más de 40 títulos sobre ETA y su mundo, como Yoyes, de Helena Taberna; Operación ogro, de Gillo Pontecorvo; El viaje de Arián, de Eduard Bosch; Todos estamos invitados, de Manuel Gutiérrez Aragón; La voz de su amo, de Emilio Martínez-Lázaro; 27 horas, de Montxo Armendáriz; Sombras en la batalla, de Mario Camus; El pico, de Eloy de la Iglesia; Días de humo, de Antxon Eceiza, La casa de mi padre, de Gorka Merchán; Clandestinos, de Antonio Hens; Tiro en la cabeza, de Jaime Rosales… Imanol Uribe ha sido quien más veces ha mostrado ETA en el cine con La fuga de Segovia, el documental El proceso de Burgos, La muerte de Mikel o Días contados. Y eso solo en ficción.

“Ha habido muchas películas sobre ETA, y aún más documentales, pero seguimos con el freno puesto.  Se abre un momento con más libertad tras el abandono de la lucha armada: antes, en un sitio tan pequeño como Euskadi, podías tener problemas con su entorno. Hoy, los problemas llegan desde la autoridad. También es cierto que en cada época la situación política y social, muy cambiante, afectaba de manera muy distinta al cine en los temas que tocabas y en cómo los tocabas”, asegura el productor, director y exmilitante de ETA político-militar Ángel Amigo, una de las figuras claves del cine vasco, que ha estado detrás de estos temas desde La fuga de Segovia (1981) y Ander eta Yul (1988) hasta El cazador de dragones (2011). “Es muy importante que entendamos que pasan las generaciones y cambia la percepción que cada uno tiene de ETA. Yo no me siento preparado para hacer comedia sobre ETA, que Cobeaga y San José sí puedan es sencillamente un cambio generacional, y me pica la curiosidad”. Lo dice porque Amigo dirigió Memorias de un conspirador (2012), documental sobre aquellas negociaciones de Eguiguren con ETA. El productor prepara ahora un telefilme también sobre terrorismo, Cuatro días de abril, acerca de los acontecimientos que rodearon ese mes de 1976.

Si para San José el público está “más preparado” de lo que pensamos, para Amigo la normalización de ETA en el cine español llegará el día en que “ni sorprenda que, como en Chacal, la novia de Richard Gere sea etarra y no aparezca una bruja”.

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