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Los héroes anónimos de David Trueba

El cineasta concursa en Zinemaldia con la historia de un profesor que busca a Lennon

David Trueba, a la izquierda, junto a Natalia de Molina, Francesc Colomer, Jorge Sanz y Javier Cámara.
David Trueba, a la izquierda, junto a Natalia de Molina, Francesc Colomer, Jorge Sanz y Javier Cámara. AFP

Desde siempre le han atraído las historias sencillas de gente irrelevante. Héroes anónimos frente a esos personajes supuestamente importantes, grandiosos, que supuestamente cambian el mundo. Y eso es lo que ha hecho de nuevo David Trueba con Vivir es fácil con los ojos cerrados, delicioso viaje que realiza a Almería un profesor de inglés en los años sesenta en busca de John Lennon. Inspirada en hechos reales —ese maestro que enseñaba inglés a sus alumnos con las canciones de los Beatles lo es y también la visita de Lennon a Almería, donde rodaba una película y compuso la canción de Strawberry Fields Forever—, en esta película Trueba se aleja de la lupa histórica para buscar a esa gente sin nombre, verdaderos artífices de los cambios en el mundo.

“Una de las grandes virtudes de la ficción es rescatarles y concederles la importancia que tienen en la vida real”, aseguraba ayer el director que por primera vez concursa en la sección oficial del Festival de Cine de San Sebastián. Protagonizada por Javier Cámara, Natalia de Molina y Francesc Colomer, Vivir es fácil con los ojos cerrados, cuya música firman dos leyendas del jazz como Pat Metheny y Charlie Haden, recogió ayer estruendosos aplausos en todas las sesiones en las que se proyectó.

David Trueba ha salido de la clandestinidad en la que se sumergió con su anterior filme, Madrid 1987, que realizó sin ayudas, con un presupuesto mínimo y sin distribuidora y ha regresado al redil de la industria. “Necesitamos a la industria. Es muy frustrante encontrarte con todo el trabajo hecho y que no pueda verse. Es como una carta metida en un sobre para la que no encuentras buzón. Aprendí con Madrid 1987 que fuera de la industria no eres nada. Fue una lección que aprendí en mis propias carnes. Para hacer una película necesitas sumar apoyos. El camino no es dar gritos en una isla”.

A Trueba se le cruzó la historia de Vivir es fácil con los ojos cerrados con los recuerdos de la generación de sus padres que admiraban a aquellos que tenían una formación que ellos no tenían. “Recuerdo la mirada desde su incultura, o su falta de preparación, hacia ese tipo de profesores que sabían latín y griego y cómo nos empujaron nuestros padres hacia esas esferas. Aquí puede estar el origen de la película”, admitía el director ayer mientras desayunaba.

“Admiro el impulso de mis padres por colocarnos en el mundo, por apartar los miedos, por ser uno mismo sin preocupaciones ¿Cómo consiguieron todo eso? Me lo he preguntado muchas veces porque su caso tiene mucho más mérito que el mío. Mi madre no había pasado siquiera por la escuela y recuerdo el esfuerzo heroico por firmar con su nombre mis notas escolares. No se sentía avergonzada y lo que te transmitía era que tú eras un privilegiado”.

Y en ese cruce aparece también el papel del maestro. “Es curioso que, a estas alturas, haya que reivindicar el papel del maestro. Me parece asombroso hasta qué punto la estafa generalizada ha irrumpido no solo con valores económicos o políticos sino en la vida cotidiana desprestigiando a los maestros, a la gente más preparada o más valiosa. No es tanto un homenaje al maestro sino un acto de justicia hacia esos personajes que, normalmente, no aparecen en una película porque estamos demasiado ocupados en cantar las glorias de los héroes y nos olvidamos que la vida se compone de aquellos que hacen bien su trabajo en silencio. Aquellos que llamaba Borges los justos”.

Y no solo recuerdos y sentimientos familiares aparecen en el filme. También hechos biográficos. Como la escapada de uno de sus hermanos mayores —él es el pequeño de ocho— que se fugó de su casa tres días en rebeldía contra su padre, que le obligaba a cortarse el pelo. “Mi madre siempre me contaba que yo era un niño de pecho entonces y que ella lloraba pensando dónde estaba su hijo. Lloraba y lloraba y me empapaba con sus lágrimas. Las lágrimas de mi madre fueron un bautizo contra esa rigidez que había entonces y que ella rechazaba. Gracias a su sensibilidad nosotros nos dimos cuenta de que había otra manera de vivir “.

Hay algo en el filme de rebelión contra lo útil. “Lo inútil es lo más valioso, cuando viene la ola y se lleva todo lo demás es lo único que queda. Aquello que es tu pasatiempo, tu pasión, tu placer y que nunca has valorado frente a lo que uno tiene en el banco o en su casa. De pronto todo eso no vale nada, como se ha demostrado, y lo único que te queda es lo que llevas dentro”.

No quiso conocer Trueba al verdadero profesor que salió en busca de Lennon porque su intención estaba más en la evocación que el biopic de la vida de un hombre. Solo cuando acabó fue en su busca y se llevó la grata sorpresa de que estaba delante de alguien muy parecido al personaje que él había escrito. “Es una persona luminosa, entregado, sacrificado en la tarea de enseñar que sigue dando clases de inglés con más de 80 años”.

David Trueba nació cuando los Beatles se separaron y John Lennon vivía en Nueva York con Yoko Ono, pero su música la tiene muy dentro. Ahora su deseo está en conseguir que, al igual que los Beatles o el fútbol han unido generaciones y a padres e hijos, Vivir es fácil con los ojos cerrados sea también esa cita de conexión. “Eso pienso en mi cabeza enloquecida”.