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Eduardo Lalo recibe el Rómulo Gallegos con un gesto a la independencia

El novelista recibió el galardón con un mensaje reivindicativo y varios guiños al Presidente de Venezuela

El puertoriqueño Eduardo Lalo y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Ampliar foto
El puertoriqueño Eduardo Lalo y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, entregó el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2013 al escritor puertorriqueño Eduardo Lalo, por su novela Simoné, elegida de manera unánime por el jurado entre 200 obras de 17 países. El evento, organizado por el Ministerio de Cultura de Venezuela y la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), se caracterizó por la química presente entre el premiado y el líder venezolano, quién destacó las virtudes del novelista: "Hoy hemos tenido la inmensa fortuna de conocer físicamente a quien empezamos a conocer desde hace apenas unos días cuando se anunció este premio para Simone, a Eduardo Lalo y haber entregado el premio (...) de manera justa y digna a este extraordinario hombre de las letras".

Por su parte, un reivindicativo Lalo, que también es profesor de Humanidades y Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico, lanzó un claro guiño a la política del sucesor de Chávez y dedicó parte de su discurso a la lucha independentista de su país: "Agradezco profundamente que sea aquí en Venezuela donde quizá por primera vez en mi vida haya sacado del bolsillo mi verdadero pasaporte, aquel que en ninguna de sus palabras me niega o me condena".

Independentista declarado, Lalo aspira a que este premio le ayude a “mover asuntos” y colocar en el mapa a su país.

Simone está protagonizada por Li Chao, una obrera china afectada por la revolución cultural que emigra a Puerto Rico, donde encuentra en el placer de la lectura un escape a su trabajo semiesclavo en un restaurante chino. El autor, nacido en Cuba en 1960, siempre ha huido de la imagen típica de su país caribeño, aquella que identifica la isla con playa, sol y “relajo”. Defiende una literatura crítica y “sin concesiones” tal y como demostró en su anterior obra Los países invisibles (2008), en la que denunció la inexistencia cultural que padecen algunos países latinoamericanos en el primer mundo. "Agradezco la valentía del jurado", afirmó en su discurso refiriéndose a su condición de escritor no comercial, no publicado por las grandes editoriales y procedente de “un país invisible”.

Independentista declarado, Lalo aspira a que este premio le ayude a “mover asuntos” y colocar en el mapa a su país. Sin embargo, no se define como un narrador completamente politizado: "La literatura tiene todo para decir y no tiene que ser un proyecto político, la literatura tiene que tratar de expresar la complejidad del dolor de la gente, sea de un pueblo o sea de un personaje".

Un certamen prestigioso

El Premio Rómulo Gallegos fue creado en 1964 en honor al político y novelista venezolano homónimo, presidente de su país durante nueve meses en 1948 y autor de Doña Bárbara (1929), un clásico de la literatura hispanoamericana. Tres de los grandes novelistas hispanoamericanos, Mario Vargas Llosa (La casa verde, ganador en 1967), Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, en 1972) Y Carlos Fuentes (Terra nostra, en 1977) fueron los primeros en obtener el premio. Difícilmente se podía dejar el listón más alto. Considerado uno de los más importantes y prestigiosos en la literatura en castellano, el certamen cayó en manos de autores españoles como Javier Marías y Enrique Vila-Matas ganadores en 1995 y 2001 respectivamente con sus obras Mañana en la batalla piensa en mí y El viaje Vertical. En 1999, el chileno Roberto Bolaño ganó con Los detectives salvajes (1996), novela que causaría un gran impacto en la literatura en castellano. En 2001, cuando ejercía de jurado, el polémico autor mantuvo una disputa con los organizadores del premio los que llamó “neoestalinistas”, porque según dijo: “Sus métodos, que una pseudo poeta chavista me transmitió por teléfono, se parecían demasiado a los argumentos disuasorios de la Casa de las Américas cubana”.