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Entrevista:

Eduardo Mendoza: "Me interesaba la trastienda, cómo se generó la guerra civil"

"Me gusta mucho el género del espionaje, lo de los agentes y las intrigas y las corrientes subterráneas de las cosas y, sin duda, los meses previos a la guerra civil propiamente dicha son un buen escenario para ello". Ahí justifica Eduardo Mendoza la ubicación y la temática de su última novela, Riñas de gatos. Madrid, 1936, con la que hace apenas 12 horas obtuvo el 59º premio Planeta .

Feliz y mucho más tranquilo -"parece mentira, pero estaba nervioso, el Planeta tiene su ritual, con esa cantidad de gente notable y notoria"-, articula un discurso sobre su primera visita, ni que sea tangencial, al conflicto bélico de 1936. "Me interesaba la trastienda, el inicio, cómo se genera un hecho así", apunta (ver vídeo). El título ya da pistas de cómo analiza el autor de La verdad sobre el caso Savolta el conflicto civil. "Me gustan los títulos incómodos, dobles, como éste; lo de la riña me sugiere una imagen fuerte: los gatos sacan unas uñas que dan miedo, gritan, generalmente en un callejón oscuro por la noche y su lucha es breve y violenta".

El joven experto en arte inglés que tendrá la desdicha de venir a tasar un supuesto Velázquez en la primavera de 1936 ("es un personaje típico mío: gente que está fuera y, de repente, se encuentra metida en un mundo del que desconoce muchas cosas, pero no todas, y con las pocas que conoce, se adapta y tira adelante", dice el autor), se cruzará en la novela (que aparecerá en las librerías el próximo 5 de noviembre) con la figura de José Antonio Primo de Rivera, "interesantísimo, aunque un perfecto memo", con "una bibliografía escasa fuera de la hagiografía del momento". Las peripecias de ambos acabarán creando una trama de suspense pero, a la vez, conformando las grandes líneas de una guerra civil a la que, según el escritor, "hay que empezarle a buscar un sitio entre el olvido y la presencia constante que se empeñan algunos en mantener".

La valenciana Carmen Amoraga se toma su posición de finalista tras Mendoza como una recompensa más del premio. Su El tiempo, mientras tanto es, afirma, "una novela sobre las segundas oportunidades en la vida, sobre lo fácil que es dejarse llevar por los errores y lo fácil que es rectificar". ¿Está segura de lo segundo? "No soy socióloga y por lo tanto mis verdades no son universales sino literarias, pero creo que lo importante en la vida es la voluntad de cambiar y de dar el primer paso en esa dirección; la tragedia de una de las protagonistas de la obra [una madre repasa las tormentosas relaciones con su hija, en coma tras un accidente] no es que se esté muriendo sino que no ha vivido bien la vida hasta entonces". Sí, quizá es más grave.