Los universitarios miden tres centímetros más que los que solo tienen estudios de primaria

Una investigación sobre la estatura de los nacidos en España revela el brutal impacto de la clase social en la salud y sugiere que el crecimiento de los españoles se ha estancado

Un grupo de estudiantes, a punto de iniciar los exámenes de acceso a la universidad, en Valencia, el pasado 7 de junio.
Un grupo de estudiantes, a punto de iniciar los exámenes de acceso a la universidad, en Valencia, el pasado 7 de junio.Rober Solsona (Europa Press)

La estatura media es un indicador palmario de la calidad de vida de una población. Para comprobarlo, solo hace falta ponerse en la puerta de un colegio privado en una urbanización rica y después en la entrada de un colegio público en un barrio pobre. La altura es “el espejo de la condición de la sociedad”, según la definición clásica del pediatra británico James Tanner. La talla de los jóvenes llamados a filas sirvió históricamente para hacer un seguimiento exhaustivo de la estatura de los ciudadanos, pero el fin del servicio militar obligatorio en España en 2001 dejó a la comunidad científica sin este valioso registro. Un equipo de investigadores ha exprimido ahora los datos individuales de las encuestas nacionales de salud del Ministerio de Sanidad y ha obtenido un resultado demoledor: entre los hombres nacidos en la década de 1990, los universitarios miden tres centímetros más que los que solo tienen estudios de primaria. En las mujeres, esa diferencia alcanza los dos centímetros.

El sociólogo Antonio David Cámara, de la Universidad de Jaén, pone en contexto sus resultados. “Tres centímetros de media es brutal”, advierte. Cámara invita a mirar la estatura media de los hombres treintañeros actuales: 176 centímetros. Si a esa cifra se le restan tres centímetros, el resultado es lo que miden los nacidos en los años 60. Tres centímetros equivalen a décadas de desarrollo socioeconómico. “Un pobre de ahora tendría la estatura media de la población masculina de los años 60″, resume el sociólogo.

El equipo de Cámara ha escarbado en nueve encuestas nacionales y dos similares europeas —todas ellas investigaciones periódicas basadas en entrevistas personales en los hogares— realizadas desde 1987 por unas 74.000 personas, que tenían entre 23 y 47 años en el momento de responder. Sus resultados, pese a todo, son relativamente positivos, porque muestran que la desigualdad se ha reducido. Entre los hombres nacidos en los años 40, los universitarios son 4,5 centímetros más altos que los que solo tienen estudios primarios. En mujeres ni siquiera hay datos, porque apenas tenían acceso a la universidad.

Los investigadores han agregado minuciosamente los datos dispersos de las encuestas y han agrupado a las personas por su quinquenio de nacimiento, teniendo en cuenta además su nivel de estudios y la ocupación del “cabeza de familia” (la persona con mayores ingresos), tradicionales indicadores indirectos del estatus socioeconómico. La sociedad, en general, ha mejorado. Los hombres nacidos en los años 80 son cinco centímetros más altos que los nacidos en los años 40. En las mujeres, ese crecimiento solo alcanza los dos centímetros.

Tendencias de la talla promedio según su nivel educativo

La hipótesis de Cámara es que “las mujeres son criaturas mejor equipadas biológicamente, más resilientes”, por lo que las condiciones adversas de la primera mitad del siglo XX afectaron más a la estatura de los hombres. “Lo que ha ocurrido en estos cuarenta y pico años es que se han alcanzado valores normales de dimorfismo sexual”, subraya el sociólogo. “Jamás en la historia de España ha habido tanta igualdad entre sexos como ahora. Y jamás ha habido tanta diferencia de estatura entre hombres y mujeres”, sentencia. “Una mujer española del presente es bastante más alta que un hombre español de mediados del siglo XIX”, añade.

Crecer a lo ancho y no a lo alto

El estudio, publicado en la revista especializada SSM - Population Health, destaca que la estatura, tras un crecimiento sostenido, “se estancó e incluso descendió” en los nacidos en los años 90. Los españoles, aparentemente, están dejando de crecer. Al biólogo holandés Gert Stulp, de la Universidad de Groninga, no le sorprenden los resultados del nuevo trabajo, en el que no ha participado. “Vemos este aplanamiento en la evolución de la estatura en toda Europa. También hay informes recientes de que los holandeses están menguando en Países Bajos, que es el país más alto del planeta”, explica Stulp. “Puede que nuestro entorno, en realidad, no esté mejorando. Nuestras dietas, por ejemplo, no son necesariamente mejores, y nuestros estilos de vida no son más saludables: estamos creciendo a lo ancho en vez de a lo alto”, reflexiona el investigador.

A los 19 años, los hombres de Países Bajos rozan los 184 centímetros de media, mientras que las mujeres superan los 170 centímetros, según un estudio publicado hace dos años por la biotecnóloga española Andrea Rodríguez, del Imperial College de Londres. En España, los hombres de esa edad llegan a un promedio de 176 centímetros, frente a los 162 centímetros de las mujeres. “En Países Bajos, uno puede especular que hay límites biológicos que impiden que el cuerpo humano crezca mucho más, de la misma manera que las personas nunca podrán correr los 100 metros en cinco segundos”, argumenta el biólogo holandés. “Si Países Bajos ha alcanzado ese límite, entonces también está claro que España aún no ha llegado”, zanja Stulp.

Se intuye que no solo hay un estancamiento, sino que incluso empezamos a perder altura
José Miguel Martínez Carrión, historiador

La nueva investigación también lleva la firma del historiador José Miguel Martínez Carrión, pionero en el estudio de la estatura en España. “Sabíamos que la altura de los españoles había registrado un crecimiento muy intenso a partir de los años 50, como consecuencia de los brutales cambios socioeconómicos, pero lo que no esperábamos es ver que las últimas cohortes [los nacidos en los años 90] no están creciendo. Se intuye que no solo hay un estancamiento, sino que incluso empezamos a perder altura”, explica Martínez Carrión, de la Universidad de Murcia.

El Ministerio de Sanidad realiza las encuestas nacionales desde 1987, pero Martínez Carrión afirma que, hasta ahora, no se habían exprimido los datos de la estatura de sus participantes. “La desigualdad ha disminuido desde los años 40, que es lo esperable por las prestaciones sociales en el Estado del bienestar, pero persiste. Esperábamos que hubiera una mayor convergencia [en la estatura media de las diferentes clases sociales]”, lamenta. Martínez Carrión y sus colegas recuerdan que en Francia las diferencias en la estatura, entre personas con distintos niveles de estudios, son incluso mayores. Se mantuvieron constantes en algo menos de cinco centímetros en los hombres y en torno a tres centímetros en las mujeres entre 1970 y 2003, según un estudio del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica francés.

Las diferencias en la estatura por niveles educativos en España no se habían estudiado hasta ahora, según destaca Martínez Carrión, pero sí se habían hecho otras investigaciones que también destapan la enorme desigualdad entre clases sociales. El equipo del antropólogo Carlos Varea ha buceado en archivos militares y ha descubierto que los jóvenes llamados a filas en Madrid en 1936, antes de la Guerra Civil, eran tres centímetros más altos en el burgués barrio de Salamanca que en la obrera Vallecas.

Varea, de la Universidad Autónoma de Madrid, recuerda que el periodo crítico para la estatura es la infancia, cuando la velocidad de crecimiento es máxima, incluso mayor que en la adolescencia. Esos primeros años son los más sensibles a los déficits nutricionales y a las enfermedades, pero también a factores menos tangibles, como la inestabilidad social, según recalca Varea. “Las poblaciones blancas del apartheid eran siempre más bajas que sus pares holandeses, pese a ser la élite socioeconómica y política de Sudáfrica”, expone el antropólogo. Su colega estadounidense Barry Bogin ha hablado de “la ecología del miedo”, tras publicar que la violencia en Guatemala afecta también a la estatura de las clases privilegiadas. Varea incide en esta idea: “El nuevo estudio muestra que en España se mantienen desigualdades que, a lo mejor, parece que se han atenuado desde el punto de vista socioeconómico. La estatura es muy sensible a un conjunto de condiciones que van más allá de la mera nutrición”.

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Sobre la firma

Manuel Ansede

Manuel Ansede es periodista científico y antes fue médico de animales. Es cofundador de Materia, la sección de Ciencia de EL PAÍS. Licenciado en Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid, hizo el Máster en Periodismo y Comunicación de la Ciencia, Tecnología, Medioambiente y Salud en la Universidad Carlos III

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