ENTREVISTA

“Los tratamientos contra el cáncer eran como intentar arreglar un televisor con un martillo”

El oncólogo William Kaelin, ganador del Nobel de Medicina, confía en que descubrimientos inminentes cambiarán por completo la lucha contra los tumores

El médico estadounidense William Kaelin, fotografiado en Estocolmo en diciembre de 2019.
El médico estadounidense William Kaelin, fotografiado en Estocolmo en diciembre de 2019.Alexander Mahmoud

El médico William Kaelin no quería ganar el Nobel de Medicina. Su esposa, la reputada oncóloga Carolyn Scerbo, había vaticinado que él acabaría siendo galardonado. Juntos se divertían pensando en cómo transformaría sus vidas el premio sueco, que convierte a sus ganadores en semidioses en el imaginario colectivo. En 2015, ella murió por un cáncer cerebral letal a los 54 años. Kaelin, sin su “mejor amiga, alma gemela y compañera de vida”, deseó un año tras otro no recibir la llamada de Estocolmo. Ya no quería ganarlo, pero estaba en todas las quinielas. El médico, un neoyorquino de 63 años, había ayudado a descubrir el mecanismo por el que las células detectan el oxígeno disponible y se adaptan a él, un hallazgo que ha abierto la puerta a nuevos tratamientos contra su gran enemigo, el cáncer, y también contra la anemia. El 7 de octubre de 2019, sonó su teléfono en plena noche. Acababa de ganar el Nobel de Medicina.

Kaelin, de la Escuela de Medicina de Harvard, responde a las preguntas de EL PAÍS desde su casa de Boston, antes de participar por videoconferencia en una reunión con jóvenes científicos en el Instituto de Salud Global de Barcelona, dentro de la Iniciativa Inspiración Premio Nobel, apoyada por la Fundación AstraZeneca. “Espero que descubramos algo en los próximos 10 años que cambie por completo la lucha contra el cáncer”, afirma Kaelin. Él está en primera línea para lograrlo.

Pregunta. Uno de sus profesores en la universidad le dijo que usted no tenía futuro en la ciencia.

Respuesta. Sí, ya falleció. Estuve en el laboratorio equivocado, con el profesor equivocado y con el proyecto equivocado. Pero yo era un chico de casi 20 años y me creí la crítica. Solo tras hablar más tarde con otros científicos me di cuenta de que quizá el problema no era yo.

P. Cuando era joven, usted pensaba que la biología era “terriblemente aburrida”.

R. Sí, no soy el único. He leído las biografías de muchos biólogos de mi generación y muchos de ellos, como yo, pensaron que la biología era muy aburrida, porque era muy descriptiva, como coleccionar sellos. En las décadas de 1960 y 1970 había que memorizar un montón de nombres de plantas y animales, pero nos faltaban herramientas para llevar a cabo experimentos explicativos. Cuando estás en el instituto, lo más importante que puedes aprender es a pensar con claridad, de manera lógica y rigurosa. Si lo aprendes estudiando biología, maravilloso, pero también lo puedes lograr en otras disciplinas. Puedes reinventarte varias veces por el camino, pero tienes que aprender a pensar.

Puedes reinventarte varias veces por el camino, pero tienes que aprender a pensar

P. Usted nació en 1957, el año del lanzamiento del satélite soviético Sputnik, y llegó a ir a los desfiles de bienvenida a los astronautas estadounidenses que llegaron a la Luna en 1969. ¿Cree que los niños de hoy tienen suficientes héroes científicos?

R. Cuando Barack Obama era presidente, dijo que necesitábamos otro momento Sputnik. Y supe perfectamente lo que quería decir: ese momento en el que la imaginación de las personas se expande y aparecen nuevas posibilidades. Yo me beneficié del interés en la ciencia y en la ingeniería en los años sesenta, impulsado por la carrera espacial y la Guerra Fría. Creo que, al menos en EE UU, y me temo que en otras partes del mundo, los políticos a veces perturban el funcionamiento de la ciencia y cuestionan las motivaciones de los científicos si no les gustan sus conclusiones. Ahí está por ejemplo el cambio climático. Hay gente que, por intereses políticos o económicos, pone en duda las motivaciones de los científicos. A mí esto me preocupa, porque confunde a los jóvenes.

P. Cuando su esposa murió por un cáncer cerebral, usted pidió a los asistentes al funeral que no llevasen flores, sino que hicieran donaciones para la investigación del cáncer. ¿Hace falta más dinero?

R. Disponer de más dinero y recursos solo puede ayudar. Cuanto más inviertas en ciencia, más conocimiento generarás y más progresarás en el tratamiento de las enfermedades. Pero no es solo una cuestión de dinero, importa todo el ecosistema: hay que celebrar la ciencia y tener un sistema educativo potente. Una vez que cumples estas condiciones, cuanto más recursos tengas, mejor. A veces no financiamos suficientemente la ciencia.

Cuanto más dinero inviertas en ciencia, más progresarás en el tratamiento de las enfermedades

P. Ahora que comprendemos mejor los sensores de oxígeno en las células, ¿qué? ¿Qué fármacos podemos tener a corto plazo?

R. Ya tenemos unos nuevos fármacos que, al tomarlos, engañan al cuerpo para que piense que no está recibiendo suficiente oxígeno y responda, por ejemplo, formando más glóbulos rojos. Uno de estos fármacos, el roxadustat, en el que yo he estado implicado, ha sido autorizado recientemente en Europa como tratamiento contra la anemia. Ahora sabemos que el cáncer a menudo secuestra el sistema, cogiendo las riendas de los sensores de oxígeno, para engañar al cuerpo y que abastezca al tumor de sangre. Hay nuevos fármacos, como los llamados inhibidores de HIF-2, que son muy prometedores en ciertos tipos de cáncer. El primero de estos fármacos fue aprobado en agosto para el tratamiento de la enfermedad de Von Hippel-Lindau, una afección rara que causa cáncer, pero me sorprendería mucho si no se aprueban también para otros tumores, incluido el de riñón.

P. En su discurso del Nobel afirmó que, en realidad, sus descubrimientos arrancan con un estudio del médico británico Edward Treacher Collins de 1894 [sobre el extraño crecimiento de vasos sanguíneos en los ojos de dos hermanos]. La ciencia a veces es muy lenta. ¿Cómo se puede ir más rápido?

R. Hubo un punto de inflexión en el año 2000, con la publicación del primer borrador del genoma humano. Algún día echaremos la vista atrás y diremos que aquello fue el Big Bang, porque está acelerando radicalmente el progreso en las ciencias biomédicas. Estamos en una época dorada. No es casualidad que hiciera falta tanto tiempo para descifrar lo que Treacher Collins había descrito. Es que, sencillamente, no teníamos las herramientas. Ahora todo va mucho más rápido.

P. ¿Cómo era el tratamiento del cáncer en los años ochenta?

R. Se basaba sobre todo en fármacos que se habían descubierto al ver su capacidad para matar o inhibir las células cancerosas en placas de laboratorio. Pero no había un conocimiento real de los entresijos moleculares de estos tumores. No sabíamos qué genes estaban alterados. Era como intentar arreglar un televisor con un martillo. Ahora podemos desarrollar fármacos realmente dirigidos a estos mecanismos moleculares, en vez de depender de fármacos que matan indiscriminadamente células cancerosas y células normales.

En 10 o 20 años podemos ver nuevos enfoques que ahora ni imaginamos

P. Quizá en un futuro cercano, en 10 o 20 años, analizaremos la etapa actual y pensaremos que también estábamos arreglando la televisión con un martillo.

R. Creo que las cosas cambiaron en el año 2000. A riesgo de usar otra analogía, creo que estamos intentando arreglar un coche y en el año 2000 al menos fuimos capaces por primera vez de abrir el capó y ver el motor. Ese fue el punto de inflexión.

P. ¿Cómo imagina la lucha contra el cáncer en 10 o 20 años?

R. Hay una gran diferencia entre la ciencia y la ingeniería. Cuando [el presidente estadounidense John Fitzgerald] Kennedy dijo que íbamos a poner un hombre en la Luna en una década, fue porque poner un hombre en la Luna era sobre todo un problema de ingeniería. Los principios científicos necesarios ya se conocían en 1960, así que se podía calcular razonadamente que en 10 años sería posible. En ciencia hay una impredecibilidad mucho mayor. De repente, aprendes algo que cambia por completo tu forma de pensar y aparecen oportunidades que no podías ni imaginar. Yo siempre soy un poco reacio a predecir cómo será el tratamiento del cáncer en una década o dos, porque me decepcionaría si todas mis predicciones son correctas. Espero que descubramos algo en los próximos 10 años que cambie por completo la lucha contra el cáncer. Dicho esto, necesitamos avanzar hacia esta medicina de precisión, en vez de las viejas quimioterapias que eran bastante rudimentarias. Muchos fármacos de precisión se utilizan actualmente como único tratamiento, pero tenemos que combinarlos, porque sabemos que ese es el camino para curar el cáncer y para evitar que aparezcan resistencias. Un fármaco puede matar las células cancerosas, mientras que otro activa el sistema inmune para que sea más efectivo contra el cáncer. También me puedo imaginar nuevas maneras de corregir genes defectuosos implicados en el cáncer. En 10 o 20 años podemos ver nuevos enfoques que ahora ni imaginamos.

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Sobre la firma

Manuel Ansede

Manuel Ansede es periodista científico y antes fue médico de animales. Es cofundador de Materia, la sección de Ciencia de EL PAÍS. Licenciado en Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid, hizo el Máster en Periodismo y Comunicación de la Ciencia, Tecnología, Medioambiente y Salud en la Universidad Carlos III

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