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Madrid, llena de bares encubiertos

Muchos establecimientos del distrito de Centro presentan una licencia que no es acorde a la actividad que desarrollan

Calle Corredera Alta de San Pablo este lunes Ampliar foto
Calle Corredera Alta de San Pablo este lunes EL PAÍS

Al menos 94 locales de comida del distrito Centro de Madrid operan ilegalmente. Según el Ayuntamiento, las licencias que figuran en el registro no reflejan la actividad que realizan. Se trata de una irregularidad con la que esquivan la normativa que declara el centro de la ciudad Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE), que desde 2012 prohíbe la apertura de nuevos bares y restaurantes en la zona.

Los locales con ese tipo de licencia actúan, en realidad, como bares encubiertos. Son supuestos obradores de platos preparados, comida para llevar, pero tienen sillas y mesas donde los comensales toman asiento, algo expresamente prohibido en la ley. Este tipo de subterfugio se ha convertido una constante en el distrito Centro, la zona comercial más codiciada de la ciudad. Asociaciones de vecinos y hosteleros han alertado de lo que consideran un incumplimiento sistematizado de la norma, que fomenta la competencia desleal.

Ríos de gente recorren el barrio de Malasaña. En el primer tramo de la calle de Corredera Alta de San Pablo, en los escasos 100 metros que separan la Plaza de San Ildefonso y el cruce con la calle de Espíritu Santo, hay 20 establecimientos de comida. De ellos, 16 incumplen la normativa, tal y como ha podido comprobar presencialmente estos reporteros. En el número 9 de la calle se ubica el Greek and Shop, un local de comida griega que en su licencia define la actividad que lleva a cabo como “Pastelería, repostería y confitería con barra de degustación”. El local, de 148 metros cuadrados, cuenta con algo más que una barra: cinco mesas con cuatro sillas cada una, donde varios comensales toman botellines de una marca de cerveza griega.

Tras deambular un rato por la tienda, Jordi Gordon, portavoz de la Asamblea Ciudadana del Barrio de Universidad (ACIBU) se acerca al mostrador a pedir la licencia. El responsable de este establecimiento justifica su situación: “Es imposible cumplir con la normativa. Todos los locales del barrio generan trabajo. Nosotros tenemos en nómina a unos 14 empleados. Deberían darnos más facilidades”.

La licencia de pastelería que presenta no permite el consumo del alcohol dentro del local. Es la línea normativa que separa los comercios de los bares. Abierto en 2016, si el Greek and Shop hubiese solicitado la licencia para llevar a cabo esta actividad, esta hubiese sido denegada conforme a la ZPAE de 2012.

El portavoz de ACIBU camina por Corredera Alta y toma fotografías de las licencias de locales: “En este barrio no queremos más bares”. Según consta en un censo elaborado por la propia asociación en 2017, ya hay 600 bares que se reparten entre los 33.000 habitantes de Malasaña. “Tocamos a uno por cada 55”, explica Gordon, quien afirma que entre las denuncian que ha interpuesto la asociación y las que han recogido de vecinos molestos por el ruido y la suciedad de las calles, suman ya más de 50 en Centro.

No obstante, Jorge García Castaño, concejal del distrito Centro, comenta que desde el Consistorio se están poniendo soluciones al problema. Según su explicación, desde el 2017 ha llevando a cabo una campaña especial de inspección de locales en zona ZPAE para comprobar las licencias, así como mediciones de ruido que permitan conocer el perjuicio para los vecinos. Según Gordons, en el momento en el que la asociación planteó la queja sobre los bares se les informó que habían cerrado 10 locales, aunque no les detallaron el motivo del cierre*.

Los estudios de ruidos, según fuentes consistoriales, revelan sin embargo una mejora del 80% en la contaminación acústica de la zona, que aún así, reconocen, permanece por encima de los niveles recomendables. Los datos que maneja el Ayuntamiento están siendo tenidos en cuenta para la redacción de una nueva ZPAE que ayude a resolver el conflicto.

La asociación vecinal afirma que este es un problema que afecta a todos los barrios del centro de Madrid, incluidos los turísticos Malasaña, La Latina y Chueca. No obstante, el problema se deja notar especialmente en la calle Corredera Baja de San Pablo, que Gordon recorre mientras reflexiona: “Este tipo de problemas son los últimos suspiros de un barrio barroco que ya no interesa a nadie”.


*FE DE ERRATAS. En un primer momento se atribuyó la cifra del cierre de los mencionados diez locales a  Carmen Redondo Hidalgo, identificada en una primera versión del artículo como comisionada del ocio del Ayuntamiento -cargo que, sin embargo, ocupa Concepción García Herrera-. Respecto a la cifra, se trata de una información proporcionada para el artículo por Jordi Gordon, portavoz de la Asamblea Ciudadana del Barrio de Universidad.

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