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PATRIMONIO

El Ayuntamiento de Madrid estudia proteger las Torres Colón a petición del Consejo Regional de Patrimonio

El dueño del inmueble, Mutua Madrileña, prevé hacer una importante reforma este mismo año

Dos personas pasan junto a las Torres Colón.
Dos personas pasan junto a las Torres Colón.

Las Torres Colón, levantadas hace cuatro décadas en el centro de Madrid por Antonio Lamela, son, según los expertos, una muestra única de arquitectura suspendida. Por eso, el Ayuntamiento de Madrid está estudiando incluirlas en el catálogo de edificios protegidos de la ciudad tras la petición hecha por el Consejo Regional de Patrimonio Histórico. Aunque la decisión no está tomada, este proceso se deberá tener en cuenta en la reforma prevista para este mismo año por el dueño del inmueble (Mutua Madrileña), ya que los cambios podrían requerir el dictamen de la comisión de patrimonio del Consistorio. En todo caso, la compañía asegura que los trabajos no afectarán a los elementos estructurales más emblemáticos del edificio.  

Con toda probabilidad, el atributo más comúnmente conocido de las Torres Colón —ubicadas en la plaza del mismo nombre— es esa especie de enchufe que las corona desde la reforma que se acometió en los años noventa; una cubierta art déco que sirvió para tapar la estructura de una nueva escalera de incendios colocada entre los dos edificios. Pero lo cierto es que, desde su polémica y accidentada construcción —con pleitos incluidos, que se prolongó nueve años, de 1967 a 1976— es uno de los más asombrosos ejemplos de arquitectura suspendida de todo el mundo.

Dos momentos de la construcción de las Torres Colón. ampliar foto
Dos momentos de la construcción de las Torres Colón.

Este tipo de construcciones son también auténticas obras de ingeniería —Antonio Lamela contó con la ayuda de la oficina del ingeniero Carlos Fernández Casado— en las que se empieza, literalmente, la casa por el tejado. Primero se levanta un estrecho pilar en el centro (el núcleo) y sobre él se coloca una gran plataforma de hormigón; a partir de esa cabeza se van construyendo las plantas hacia abajo, sujetadas en parte a ese pequeño pilar central, pero, sobre todo, por unos tirantes laterales de hormigón rellenos cables de acero tensados (hormigón pretensado) que transmiten la mayor parte del peso hacia arriba, de manera que cada piso queda comprimido contra la cabeza.

“Su valor arquitectónico, del que su sistema estructural es parte indiscutible y esencial, además de su proyección nacional e internacional, merece ser reconocido como parte del patrimonio arquitectónico madrileño”, dice la página web de la Asociación para la Protección de las Torres Colón, cuya iniciativa respaldan numerosas entidades profesionales y académicas, entre otras, el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, además de la asociación de protección de patrimonio Hispania Nostra.

Todo eso —así como el hecho de que es una obra de Lamela, uno de los arquitectos más importantes de su generación, fallecido el año pasado— lo ha tenido en cuenta el Consejo Regional de Patrimonio Histórico, órgano colegiado dependiente de la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, a la hora de tomar la decisión de “instar al Ayuntamiento de Madrid a que las denominadas Torres Colón se incluyan en el catálogo de bienes y espacios protegidos de Madrid”. El grado de amparo que proponen es parcial, es decir, que se blindaría “la estructura interna del inmueble”.

En todo caso, una portavoz del área de Desarrollo Urbano Sostenible del Ayuntamiento de Madrid explica que el nivel de protección todavía no está decidido, como ni siquiera lo está aún la inclusión de las torres en el catálogo. “Se va a estudiar si procede o no catalogarlo en función de los valores relevantes que tenga. A la vista de ese estudio se decidirá el grado de catalogación, si procede”, señala.

Obras contemporáneas

El Ayuntamiento ha incluido la obra de Lamela en el proceso de revisión del catálogo que está en marcha en estos momentos y uno de cuyos objetivos declarados es ampliarlo en “materia de arquitectura contemporánea”. Aunque la decisión final pueda tardar algún tiempo, la mera posibilidad de que de acabe protegida se deberá tener en cuenta a la hora de dar vía libre al proyecto de reforma que está preparando el dueño de las torres, la compañía de seguros Mutua Madrileña. “En este procedimiento no concurren las circunstancias administrativas necesarias para la paralización de los expedientes. Aunque cualquier expediente relativo a una actuación que pudiera afectar a las condiciones de protección señaladas por el Consejo Regional del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid serían objeto de dictamen de la Comisión para la Protección del Patrimonio Histórico Artístico y Natural del Ayuntamiento”, señala la portavoz.

Por su parte, Mutua Madrileña asegura por escrito: “El estudio de la posible protección de la estructura interna del edificio de oficina no afecta a la reforma que estudia desarrollar Mutua, ya que esta contempla mantener intacta su estructura interna y el concepto de edificio suspendido. El proyecto siempre ha mantenido sin alterar los elementos característicos de la estructura suspendida del edificio, como son sus núcleos centrales, las cabezas de hormigón y los tirantes de los que cuelgan los forjados de las plantas”.

Las dos torres de oficinas —que hasta hace unos pocos meses ocupaban empresas y entidades como CaixaBank, Natixis, Legg Masonde, la Oficina Comercial de Noruega en España o la Organización de Comercio Exterior de Japón— están actualmente vacías, a la espera de dicha reforma.

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