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El narcotráfico toma las calles de Puente de Vallecas

El aumento de los puntos de venta de droga y el incremento de la delincuencia provocan

temor en el vecindario del distrito madrileño

Incendio de un solar en la calle del Convenio, 47 en Puente de Vallecas.

La droga ha vuelto con fuerza al distrito de Puente de Vallecas. El asentamiento de infraviviendas de la Cañada Real está siendo derribado por las administraciones, por lo que los narcotraficantes que tenían su base en él se han trasladado a viviendas del casco urbano del barrio, según fuentes policiales. La plataforma vecinal La Cacerolada advirtió hace semanas de que, debido al aumento de los narcopisos, el barrio está siendo “invadido” por toxicómanos y camellos. Algunos vecinos están siendo amenazados. Hay protestas ciudadanas. La Delegación del Gobierno ya ha reventado, de momento, nueve viviendas.

Una vecina lo relata así: “El otro día vi a uno pinchándose en el cuello. Estaba en un solar por donde pasan los niños cuando vuelven del colegio”. Desde que el Ayuntamiento y Comunidad de Madrid comenzasen a derribar parte de las viviendas ilegales del asentamiento de la Cañada Real Galiana, en Puente de Vallecas, el foco de venta de droga se está desplazando hacia el casco urbano, y con él toda la violencia e inseguridad. Ayer mismo, un hombre de 50 años murió acuchillado en el asentamiento al enfrentarse a otro individuo, informa F. Javier Barroso.

Las protestas comenzaron hace unas semanas cuando miles de vecinos salieron a la calle para pedir a las autoridades que cerrasen medio centenar de narcopisos, aumentaran la presencia policial e instalasen cámaras de vigilancia. La mayor parte de los pisos ocupados por los narcotraficantes pertenecen a bancos o fondos de inversión, que los tienen vacíos. “Si los propietarios no denuncian no hay delito de usurpación, y demostrar que es un punto de droga es más difícil”, señala Jorge Nacorino, presidente de la Asociación Vecinal de Puente de Vallecas. El Ayuntamiento anunció en noviembre que va a poner en marcha un plan especial para mejorar la seguridad y para reducir la venta y el consumo de drogas.

Pero mientras tanto, los toxicómanos campan por las calles y solares del distrito. Un ejemplo es el de la calle de Convenio, donde se acumulan restos de plástico y madera carbonizados, se apilan juguetes, ropa usada y chatarra. La semana pasada la parcela ardió por una hoguera que habían prendido los toxicómanos. “Hay mucha hierba seca. Menos mal que han bajado las temperaturas, sino imagínate lo que podría haber pasado. ¡Hay una gasolinera al lado!”, explica una mujer mientras camina entre los escombros.

La facilidad de comprar droga usando el transporte público

Otro de los factores que provoca el incremento de la venta y el consumo de droga en Puente de Vallecas es la facilidad que ofrece el transporte público a los toxicómanos. Antes, para llegar a la Cañada Real debían coger un vehículo privado.

Debido a que los taxistas se niegan a trabajar en la Cañada, desde hace años existen las denominadas cundas, particulares que llevan a toxicómanos a comprar droga por poco dinero (unos 5 euros), principalmente desde la glorieta de Embajadores.

Para llegar al Puente de Vallecas solo hace falta tomar la línea 1 de Metro (las paradas más cercanas a los narcopisos son las de Nueva Numancia y Puente de Vallecas) o el Cercanías (líneas C-2 y C-7), en la parada de la Asamblea de Madrid-Entrevías.

Además, los vecinos apuntan que el incremento del consumo de droga en el barrio está provocando que la limpieza y la salubridad empeore notablemente. “Cada dos por tres te encuentras a los drogadictos haciendo sus necesidades en plena calle”, comenta una residente.

La plataforma La Cacerolada cuenta que ir a los parques con los niños se ha vuelto una tarea imposible. Los residentes se quejan de que la delincuencia está afectando a su calidad de vida. “Al lado de los columpios y toboganes te encuentras jeringuillas. A veces, incluso, a toxicómanos fumando o inyectándose”, explica una mujer que prefiere no dar su nombre.

Los servicios de limpieza del Consistorio no pueden acceder para limpiar, ya que la mayoría de estos espacios son de propiedad privada. “Se ha informado a los dueños de estos solares para que procedan a retirar la basura”, indican fuentes municipales.

Irene, Ángela, Marisa y Lucía (nombres ficticios) son cuatro vecinas de la plataforma vecinal que salen a la calle para vigilar que no reabran los narcopisos que la Delegación del Gobierno reventó hace una semana. Se sienten amenazadas y llevan consigo botes de gas pimienta y silbatos para defenderse en caso de ser atacadas. “A una vecina le hicieron el gesto de que le iban a cortar el cuello”, narra Ángela. Además, recorren con frecuencia las calles para quitar la propaganda de prostitución que los proxenetas colocan en los parabrisas de los coches para promocionar su negocio. “El otro día atracaron una madre y a su pequeña a plena luz del día”, comenta Lucía. La plataforma admite que, a pesar de sus esfuerzos, algunos de los nueve narcopisos que la policía cerró el pasado día 24 de noviembre han vuelto a ser okupados.

Las vecinas sostienen que todos los “narcoresidentes” visten con la misma indumentaria —cazadora de camuflaje— para confundir a la policía en caso de que haya una redada. “Cuando ven que nos acercamos, dan la señal de alarma. Nos tienen vigiladas para ver qué hacemos”, subraya Irene. Las peleas entre los vendedores y los toxicómanos son frecuentes y el temor en el vecindario sigue aumentando. “La otra noche vi por la ventana de mi casa como había dos hombres insultándose con un cuchillo cada uno”, relata Ángela.

Luces con temporizadores

Muchos propietarios tienen miedo de que le okupen su casa, por lo que cuando se van de vacaciones le piden a sus vecinos que entren en su domicilio y enciendan las luces y la televisión. “Hay algunos que ponen temporizadores para que se enciendan las lámparas y le piden a su familia que suban y bajen las persianas de vez en cuando”, cuenta Lucía.

Ella tiene una casa alquilada y explica que el incremento de la delincuencia ha provocado la caída de los precios. Según cuenta, las mafias de okupas hacen un censo de las casas que están libres: “Dejan pequeñas marcas en las persianas para ver si se suben o bajan, llaman a los portales para ver si alguien no contesta o ponen anuncios de compro piso para conocer qué casas están libres”, relata.

Además, la inseguridad ha provocado el cierre de buena parte del comercio. “Ahora solo te encuentras pubs, y por las noches las calles se llenan de prostitutas”, asegura un grupo de vecinos mientras pasean por la avenida del Monte Igueldo.

Las cuatro mujeres afirman que a pesar del miedo no se van a dar por vencidas: quieren que su barrio vuelva a ser el de antes, un lugar donde poder salir a la calle con seguridad y donde los niños crezcan seguros y alejados de las drogas.

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